En ningún momento de la historia, parece quedar más clara, la razón que llevaba Bernardo en aquel cantar que escribió en la calle de la Parra, en el que decía que los locos son los de fuera, comparando a los enfermos de un manicomio con la población “normal”.
 
En estos días se cumplen varios aniversarios que nos recuerdan la capacidad del ser humano en cuanto a hacer daño se refiere. Veintidós  años del tiro en la nuca a Gregorio Ordoñez, diecisiete del atentado que se llevó la vida del Teniente Coronel Blanco o los cuarenta de los asesinatos de atocha, son ejemplo suficientes para poder comparar aquellos tiempos con los de ahora y ver que, las fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia de este país, son capaces de erradicar el terrorismo en cualquiera de sus vertientes. Hay cosas que ya no pasan.
 
Volviendo a estos días, es raro en el que no hay algún “detalle” que indica que hay un tipo de terrorismo que tiene como base el odio y que por mi parte, no veo la manera de terminar con él.
 
El domingo por la noche, una chica fue literalmente apaleada en Murcia por un grupo de encapuchados de extrema izquierda. Al parecer, todo vino porque la víctima de 20 años llevaba una pulsera con la banderita del país en el que había nacido.
 
Independientemente de los detalles de esa agresión, la que yo consideraría un delito de odio elevado por definición a terrorismo y equiparable al linchamiento sufrido por la guardia civil en Alsasua hace unas semanas, cada día estoy más convencido que tenemos un problema que viene dado por que vivimos en una sociedad llena de tontos.
 
Entender que hoy en día existen la izquierda o derecha como bandos enfrentados, mantener gobiernos independentistas en alguna de las comunidades españolas o levantarse cada día con un Ahora Madrid, dirigiendo los designios del ayuntamiento de la capital, siendo estos algunos de los cientos de ejemplos que podríamos poner, solo da a entender que en este país hemos perdido el rumbo del civismo, toda la educación y sobre todo lo que es más grave, no nos preocupamos ni lo más mínimo de las generaciones venideras.
 
Vivimos al lado de una chusma de asociaciones feministas que solo alzan su voz en función del color político de la víctima, que nada tiene que decir en relación a la brutal agresión sobre la chica de Murcia y sin ser la primera vez que esconden la cabeza, todo queda pequeño al lado de la idea que Pablo Iglesias ha puesto hoy sobre la mesa.
 
Este individuo, junto a Monedero y Echenique, proponen que los niños que hayan superado los 14 años de antigüedad sobre la tierra, puedan ser miembros de la asamblea ciudadana de Podemos. Es curioso el nombre del documento que recoge esa medida, y es que “Mandar Obedeciendo” es un título que me recuerda a esos países menos evolucionados en el que el secuestro de menores de entre diez y doce años está a la orden del día, con el único objetivo de conseguir niños soldado que pagados con alcohol y prostitutas, nutren los ejércitos de muchas dictaduras territoriales. No voy a entrar en los detalles de cuál es el modelo de prostitución local en esas zonas.
 
A buen entendedor con pocas palabras bastan, pero quizás solo una sea capaz de describir la enfermedad que vive actualmente la sociedad.
Adoctrinamiento.