De nuevo el partido demócrata, el movimiento “Black lives matter” y el pervertidor Joe Biden –candidato demócrata a la presidencia de EEUU- han aprovechado la muerte de un negro –Jacob Blake- a manos de la policía de EEUU, para extender la oleada de canallismo contra Donald Trump y la identidad de Occidente.

“Black lives matter” no ha tardado en sacar sus huestes del saqueo, el terror y la violencia a las calles, continuando con la estela de otro suceso que, manchado por la mentira, contaminó a Occidente: el falso asesinato de George Floyd a manos de la policía de EEUU hace unos meses. Falso porque se ha demostrado en la autopsia que Floyd –delincuente con largo historial criminal que encañonó a una embarazada- no murió por estrangulamiento sino por la enorme cantidad de droga ingerida previamente; que antes de ser inmovilizado por la policía en el suelo –cumpliendo con el protocolo policial- ya gritaba “que no podía respirar” dado el “subidón” de droga en sangre que experimentaba; y que esta circunstancia unida a sus problemas cardiovasculares previos, generaron su muerte. La pierna del policía que inmovilizó a Floyd nada tuvo que ver en el deceso, pero fue la imagen cortada del episodio la utilizada por los medios desinformadores para implantar el relato falaz.

No obstante la trola fue convenientemente urdida y extendida por los medios de comunicación, y el mundo occidental se la tragó, dando pie a la impunidad de los “antifa” y demás ralea renegada de Occidente para desatar la furia iconoclasta contra el patrimonio cultural e histórico y muy especialmente contra el español. El racismo anti blanco se había abierto como una metástasis imparable.

Ya nada importan la verdad que arroja la autopsia sobre George Floyd ni las responsabilidades de Black lives matter y los “Antifa” en la difusión de la destrucción y la mentira.

Black lives matter obtuvo 220 millones de dólares de George Soros, y sus maestros de ceremonias y donaciones no iban a dejar que la fiesta se les aguara cuando se supo que la popularidad de Donald Trump estaba en máximos pese a la pandemia, habiendo creado cuatro millones de empleos en junio y habiendo salvado su nación de la debacle económica absoluta que los socialistas del “Green New Deal” en torno a Joe Biden, pretendían.

Inmersa en su tarea protagonista de seguir quemando a Occidente, la izquierda demócrata de EEUU virada en socialista unió su destino a Joe Biden, que será candidato a la presidencia de la nación norteamericana en las elecciones del próximo 3 de noviembre. Siendo vicepresidente de EEUU con el infame Barack Obama, Biden aprovechó la muerte de su hijo por cáncer para crear, en 2017, una Fundación falsamente filantrópica que nutrida de donaciones de empresas farmacéuticas y sanitarias gastó tres de los cuatro millones de dólares recaudados en pagar los sinuosos sueldos para los altos cargos de la misma.

Decidido partidario de incendiar Oriente medio con lo siete fuegos bélicos que Barack Obama prendió en la zona, entre ellos los de Libia y Siria, Biden regaló a su hermano un privilegiado contrato dentro del inmenso y continuado “chanchullo” llamado “reconstrucción de Irak”; más de 1000 millones de dólares. El hijo de Biden tampoco escapó a los privilegios por ser “vos quien sois”; el papá vicepresidente consiguió defenestrar al fiscal ucraniano que investigaba a la empresa de su hijo por un delicado asunto de corrupción mediante la extorsión al gobierno de Ucrania.
Joe Biden es un corrupto moral y político sin escrúpulos.

Ligado estrechamente a Nancy Pelosi, presidenta demócrata de la Cámara de representantes de EEUU, y a Hillary Clinton, Biden pertenece al sector más fariseo y cínico de la élite demócrata norteamericana. Por ello ha nombrado como candidata a la vicepresidencia de EEUU en su lista, a Kamala Harris, mujer de piel oscura, fiscal general de California, y abortista de ultra izquierda. En 2014 Harris comenzó su campaña para ser senadora recibiendo 15.000 dólares de entidades de la patronal abortista “Planned Parenthood” y 254.000 dólares de lobbies de la industria del aborto. Desde 2017, como senadora en el Congreso, se esforzó en recortar la “Religious Freedom Restoration Act” de 1993, una ley que protege la libertad religiosa de las personas frente al poder público. Harris, además, fue especialmente maligna en el episodio de los vídeos que mostraban a jefes de la multinacional abortista Planned Parenthood negociando la venta de partes de bebés abortados. Y es que como fiscal de California, en vez de ordenar a las autoridades investigar este sucio y criminal asunto, ordenó investigar al periodista católico David Daleiden que sacó a la luz tan espeluznante negocio. Aunque Harris era “la fiscal de Planned Parenthood”, no se recusó en el caso contra el Daleiden e interfirió contra él tanto como pudo. Marjorie Dannenfelser, que valora la actividad provida de los candidatos a la presidencia de EEUU, alerta sobre el peligro que supone Kamala Harris, diciendo que la candidata a vicepresidenta “es una extremista que apoya el aborto a petición, pagado por los contribuyentes e incluso el infanticidio (casos de niños nacidos vivos en abortos chapuceros y que son destinados a la muerte).

El candidato Joe Biden posee un largo historial de acusaciones pasadas por violencia sexual y acoso. Se lo ha podido ver, en innumerables ocasiones, aprovechando cualquier contexto público con niños o adolescentes para acariciarlos, besarlos y manosearlos. Su movilidad reducida, su nula coordinación mental y su memoria lagunosa, lo convierten en un ser monstruoso, terriblemente considerado por todo aquel que quiera vivir en una nación con mujeres y niños libres de pedófilos y perturbados. Naturalmente, las asociaciones izquierdistas de la monserga del “género”, la “infancia” o los “derechos civiles”, ni están, ni se las espera para acusar a Biden; el tipo es socialista y, como tal, tiene patente de corso.

La alianza evidente entre los illuminati, los satanistas y los pedófilos en EEUU está muy presente en torno a Biden. Los e- mails del que fuera jefe de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, reflejan las amistades y altos cargos del partido demócrata con vinculaciones satánicas y pedófilas.
El ex agente especial del FBI y candidato a la dirección de la oficina federal, Ted Gunderson, denunció la presencia de pedofilia, satanismo y masonería illuminati en cierta élite de EEUU. Gunderson fue jefe de las oficinas del FBI de Memphis, Dallas y Los Angeles. Cuando se retiró como agente especial en 1979, creó una oficina de investigación privada desde donde denunció las lacras pedófilas y satanistas, así como en numerosas conferencias hasta su fallecimiento en 2011. Advirtió del serio peligro de EEUU y del mundo de caer en el “Nuevo orden mundial”, como gobierno en la sombra.

La masonería anticristiana tras el N.O.M bendijo a Hillary Clinton para suceder en el poder a Obama en las elecciones de noviembre de 2016; el plan se vio abortado cuando Donald Trump fue elegido por un pueblo harto de una élite gubernamental matonista, progre, depravada y corrupta. En esas élites siniestras, depravadas y oscuras estaría encuadrado Biden. Abortista y defensor del matrimonio homosexual, la Conferencia de Obispos católicos de EEUU requirió excomulgarle por celebrar matrimonios homosexuales y ser un apologeta del movimiento LGTB.

El gobierno Trump ha escocido a los enemigos de Occidente. Tras cuatro años de crecimiento económico ininterrumpido, y de cifras récord en reducción de impuestos y creación de empleo (las mejores en 60 años), los socialistas, los satanistas y los pedófilos no podían dejar la cuenta con Trump pendiente, y “Black lives matter” -bien hinchado con las subvenciones de George Soros- les iba a servir para impulsar al poder al satanista Joe Biden y lanzar a Occidente a la destrucción definitiva.

La alianza del decrépito ex vicepresidente de Obama con los terroristas callejeros de Black lives matter (BLM) no es nada nueva; el movimiento BLM ha acuñado recientemente un hastagh llamado “WhatMatters2020” que pretende llevar a Biden a la Casa Blanca erigiéndose en un verdadero lobby de poder. Un lobby de poder creado en 2013, auspiciado por Barack Obama, financiado por  George Soros con más de 200 millones de dólares, y que recoge la herencia ideológica del partido político racista anti blanco “panteras negras”.  Aboga por derribar la “supremacía blanca”, defiende el socialismo, anhela suprimir la fuerza policial y su financiación, y contempla el empoderamiento absoluto del programa ideológico del movimiento LGTBi y transgénero blanqueador de la pedofilia. A raíz de la intoxicación/manipulación extendida sobre la muerte de George Floyd, en menos de 24 horas, BLM recaudó, en donaciones, más de un millón de dólares.

Su defensa de que en EEUU existe un racismo sistémico policial y del hombre blanco es tan falsa como mendaz. La población de raza negra de EEUU -13 por cien de la población- comete el 50 por cien de homicidios y el 70 por cien de delitos relacionados con drogas. La probabilidad de que un delincuente blanco sea abatido por un policía es un 24 por cien superior a que lo sea uno negro. Del mismo modo, la probabilidad de que un policía sea abatido por un delincuente negro es 17 veces superior a que un delincuente negro lo sea por un policía. La población negra es más delictuosa y criminógena pese a constituir un ligero porcentaje sobre el total. Pese a ello, más del doble de delincuentes blancos que negros caen abatidos todos los años a manos de la policía de EEUU.
BLM se construye sobre una inmensa mentira.

No obstante a la objetividad de los plenos derechos sociales, políticos y laborales de que gozan los negros de EEUU desde los años 60 del siglo XX en que se derogaron las últimas leyes segregacionistas, el partido demócrata, los satanistas y su tentáculo Black lives matter ya han iniciado la cacería contra la cultura occidental, la historia y la verdad para, de paso, arrasar a Donald Trump y desde la presidencia de Biden regalar a la Fundacion Rockefeller, a Bill Gates y a George Soros, el poder omnímodo sobre la vida intima, tecnológica y sanitaria de las naciones.

Joe Biden fue vicepresidente de Obama cuando ambos promovieron el mayor avance del islamismo internacional en la historia; Europa se convirtió en pasto de “lobos solitarios” terroristas islamistas, y Oriente medio prendió en un belicismo sin parangón en Libia, Siria, Yemen, Irak, Afganistán etc. Belicismo inspirado por Hillary Clinton que parió, financió y estimuló a Daesh y a Estado islámico, organizaciones beneficiadas y propulsadas por la Secretaria de Estado de EEUU, la cual, en más de una ocasión, clamó por la imposición a la Unión Europea de la obligación de aceptar a los “refugiados” que teóricamente huían de esas guerras, pero que eran, en realidad, la carne de cañón de George Soros y Open Arms para contaminar las costas y depredar las sociedades occidentales. Sólo un mandatario occidental se enfrentó al poder del Nuevo orden mundial y a sus flujos inmigracionistas: Viktor Orban.

Joe Biden es un peligro público, un escarnio al votante norteamericano que no quiere socialismo confiscador . El tipo es un ariete del racismo anti blanco deseoso de deconstruir occidente e implantar las tesis masónicas más demoníacas de ingeniería social. Está maridado con un ideario político y económico que instaura la dictadura ecologista, los impuestos ambientales y la apuesta por los lobbies anti-armas de EEUU. Su alineamiento con movimientos como BLM, transgénero y LGTBi, determinan su furibundo espíritu  anti conservador.  

La posición anti occidental y marxista cultural de Biden contrasta con la actitud de Donald Trump, que reconoció la loable herencia del pasado español en América, que obligó a la policía a impedir los derribos del patrimonio histórico y que clasificó a “Antifa” en la categoría de grupo terrorista.

En las próximas elecciones norteamericanas del 3 de noviembre se ventila no sólo el gobierno de una nación; se dirime, en buena medida, el destino de Occidente.