Al igual que el primer Viernes Santo, tras la crucifixión y muerte de Jesucristo, surgió las Sinagoga de Satanás para destruir a la Iglesia, así, en la España, tierra de María Santísima, tras el primero de abril, de 1939 esa misma Sinagoga se puso en marcha, moviendo sus hilos para llevar a cabo la destrucción de la catolicidad y la hispanidad de nuestra Patria.

       Inició su andadura por los rojos desde su huida cobarde, que denominaron exilio, pasando por el “maquis”, el apoyo de los conferenciantes en Potsdam, la condena de la ONU, la oposición monárquica, las comisiones obreras, el clero progresista, el resurgimiento de los nacionalismos catalán y vasco encabezado por ETA, el contubernio de Múnich, y un largo etc. de oportunistas  que no pudieron consumar su antipatria hasta el 20 de noviembre de 1975 el presidente del gobierno Carlos Arias  Navarro anunció el fallecimiento del Caudillo.

     Aconteció la postiza tra(ns)ición, que fue ruptura, para trasformar la lucha solapada y sin descanso de 47 años en la clandestinidad, para dar aurora en los llamados “Pactos de la Moncloa” y conjurar la negociación de unos acuerdos preparados previamente para crear el puente político a la implantación de un sistema político que tras un proceso transitorio de tiempo se pudiese cruzar el Rubicón y desmembrar a España. 

       Y, al igual que el humo de Satanás entró en la Iglesia por alguna grieta que alguien dejó intencionadamente abierta, aquí, apenas un año después, se abrió, no una grieta, sino la veda, y sin pérdida de tiempo se promulgó la Constitución atea del 78, que originó la pérdida de nuestra Unidad Católica, paso previo para desmantelar su catolicidad o ser de España, y acabar, en segundo lugar, con su Unidad Territorial.

      Y nos dijeron que la libertad había sido restablecida en España, pero no, o no verdaderamente, ya que fue y es una libertad del prohibido hacer el bien, por la habilidad de una elite política instalada en las instituciones, manejadas por la mano que mueve los hilos en el mundo, con un objetivo bien definidos desde el primer momento y con unos instrumentos claros para alcanzarlos.

      Y así se implantó la Democracia o doctrina religiosa de Satanás, que, sin pauta, año tras año, se inició explícitamente la denostación de la figura y obra de Francisco Franco, el hombre que durante su vida les había impedido llevar a cabo sus propósitos, primeramente, minimizando la imagen militar del “as de la legión”, del general más joven de Europa y del que, según el Mariscal Pétain fue la espada más limpia del continente. Seguidamente, se calificó de cruel asesino al hombre al que Pío XII concedió la medalla de la Suprema Orden de Cristo. Amén de falsear y ridiculizar su gran obra creativa de una clase media educada y mayoritaria, una Seguridad Social única, unos pantanos abundantes que hoy siguen siendo nuestra reserva hidráulica, unas viviendas sociales envidiables, una seguridad ciudadana (que ya la quisiéramos hoy), una explosión económica inigualable, una vecindad y una subsidiaridad desaparecidas hoy, etc.        

       Y, todo ello, con el silencio consentido de una mayoría de españoles anestesiados y adormecidos con la cacareada “libertad sin ira”, y comportados como meros espectadores de acontecimientos, que han permitido suprimir su nombre en calles y plazas, descabalgar sus estatuas, hasta que investido de la confianza de la Cámara como nuevo Presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, quien, tras se ser felicitado masónicamente por el censurado Mariano Rajoy, dirigiéndose a la “ciudadanía” posó su atención sobre el Valle de los Caídos y haciendo hincapié en una resolución parlamentaria del 2017 de exhumar los restos de Franco; y así se llegó al 24 de octubre 2019, perpetrando la más salvaje, bárbara y cruel de las profanaciones propia de los seres cobardes por antonomasia: luchar contra los muertos. Pero, ya sabemos por cierta tesis, que su promotor es tan ignorante y obtuso como su propio ego, que no se ha dado cuenta, de lo que verdaderamente han puesto en jaque, es su propia identidad, de este narcisista que quiere realizar la federación de naciones, porque su objetivo no es sino deslegitimizar la Jefatura de Estado de Franco para ilegalizar y subvertir la corona regresando sin progreso alguno a la II República para así volver a los hechos de 1936; y siguiendo esos ejemplos consumar sus salvajes objetivos: destruir la Catolicidad e Hispanidad en nuestra Patria.