Me pide un amigo extranjero que le explique qué está pasando en el Partido Popular, qué es lo que hay de fondo en el principal partido de la oposición al gobierno de España.

Inevitablemente me viene a la mente el artículo que, publiqué hace un par de semanas que llevaba por título “Los partidos políticos, en España, actúan como “cárteles mafiosos”, se han adueñado del poder legislativo, ejecutivo y judicial y cuentan con la colaboración entusiasta de los medios de “manipulación de masas”. En él yo afirmaba que, aunque a alguien le pudiera resultar exagerado, en España, los partidos con presencia en las diversas instituciones son organizaciones criminales que, establecen acuerdos de autoprotección, colaboración y reparto de territorios para llevar a cabo sus actividades delictivas.

Si tenemos en cuenta que, la corrupción es el abuso de poder, para beneficio privado (que acaba perjudicando a toda la Sociedad) y que llevan a cabo personas con autoridad, con capacidad de influencia, ya sean cargos electos o funcionarios de alto rango – los segundos en connivencia con los primeros- para lo cual es imprescindible haber “capturado” previamente el aparato del Estado, parcialmente o casi por completo; afirmar que los partidos políticos que, dicen ser los representantes de la voluntad popular, son “cárteles mafiosos”, no es nada exagerado, sino todo lo contrario.

Por supuesto, también son muchos los partidos políticos que nacieron con “buenas intenciones” (el camino del infierno está empedrado de ellas) y acabaron siendo secuestrados, capturados, por organizaciones criminales.

Pues bien, lo que subyace en la guerra civil que se está librando dentro del PP, es sencillamente una lucha por el poder, una lucha cuyo único objetivo es conservar -y acrecentar a ser posible- lo que algunos capos (oligarcas y caciques del partido) ya poseen, y evitar que otros “capos emergentes” les hagan sombra, su intención, obviamente es la de evitar ser desalojados de las instituciones en las que están presentes, y no permitir que su medio de vida, y el de sus allegados, familiares y correligionarios más próximos corran algún tipo de riesgos…

No se puede olvidar que, quienes hoy integran el Partido Popular son todos, salvo excepciones, personas que han vivido, desde su más tierna infancia-adolescencia, del dinero que se expropia a los españoles en forma de impuestos, hablamos de gente que, como se dice en España, nunca han dado un palo al agua (expresión que tiene origen en los trabajadores del mar y que hace referencia a quienes suelen hacer el vago y no rinden ni trabajan), gente que ha ido ascendiendo en la estructura organizativa del partido, amadrinados o apadrinados por gerifaltes de la anterior generación y que, si algún día se vieran en la obligación de buscar empleo en la empresa privada, nadie los contrataría, pues carecen de formación y de cualificación profesional. Se me dirá que, esa forma de actuación es también característica de los otros partidos con representación en las instituciones, pues sí, pero no es ningún consuelo. Como yo digo a menudo: “mal de muchos, epidemia”.

Evidentemente, esta gente que, en estos momentos se disputa el poder dentro del Partido Popular, aparte de tener un comportamiento estúpido, a la vez que suicida, son tan cortos de mira que, cegados por su único interés -conservar el poder- están dispuestos a destruir el partido, antes que permitir que los que, consideran sus rivales, se hagan con las riendas… Son gentes, sin principios (y por supuesto, sin ideología) que, igual que están donde están, podrían estar en otra agrupación política, si ésta les permitiera hacer carrera y acrecentar su patrimonio.

Por otro lado, quienes ahora hablan -hipócritamente- de permitir que sean los afiliados quienes hablen y decidan, en un congreso extraordinario, ocultan que el Partido Popular no es un partido democrático, en el que haya participación de sus afiliados en las tomas de decisiones, sea en casos como el presente, o en otras ocasiones, como cuando toca elegir a quienes forman parte de las candidaturas que, presenta el partido en cualquiera de los comicios que se convocan, municipales, regionales, nacionales. En el PP, como en el resto de los cárteles mafiosos, se aplica lo que los comunistas denominan “centralismo democrático”, o lo que Robert Michels llama “la ley de hierro de las oligarquías”.

Siempre recordaré que, cuando asistí al Congreso Nacional del PP (ellos lo llaman “convención”), que se realizó en la ciudad de Sevilla en 2011, asistí a un continuo mitin, enésimos mítines, y total ausencia de debates… pero, lo más sorprendente fue comprobar que quienes allí estaban congregados, todos salvo escasísimas excepciones, eran cargos electos o funcionarios del partido. Bueno, también estaban las novietas de los cargos más jóvenes, para hacer bulto.

Meses más tarde, asistí al congreso regional de Extremadura y allí se volvió a reproducir el mismo esquema, aunque de manera aún mas burda y chapucera. Recuerdo que, me dirigí a un gerifalte regional para manifestarle mi extrañeza de que no se debatiera ninguna ponencia y me dijo algo así como “en el PP no hay debates, aquí solamente hay obediencia y disciplina”. O sea, como decía el socialista Alfonso Guerra: “el que se mueve, no sale en la foto”.

Bien, volvamos a 2022. Como decía más arriba, algunos oligarcas y caciques del PP son tan necios y zafios que, aunque tenían muy cercana la posibilidad de desalojar a los comunistas y socialistas del Gobierno de España (no por méritos propios, sino por el mal hacer del gobierno social-comunista), van a acabar siendo los mejores amigos, el principal apoyo de Pedro Sánchez y sus secuaces.

Al paso que vamos (a riesgo de equivocarme) puedo afirmar que, el Partido Popular se está haciendo el haraquiri, inmolándose, y acabará desapareciendo como le ocurrió al partido que presidía Adolfo Suárez, UCD.

Es casi seguro que, el partido que preside Santiago Abascal acabe siendo la única oposición al gobierno social-comunistas y que, incluso, acabe aumentando enormemente su presencia en las instituciones, y si se convocan Elecciones Generales anticipadas, aumente su representación en el Congreso de los Diputados, en detrimento del PP, pero, es seguro que no conseguirán entre ambos partidos, suficientes diputados para formar gobierno… Lo previsible, también, es que el partido socialista consiga una mayor representación en el Congreso y en el Senado, y más con el enorme declive en el que está inmerso el partido estalinista “podemos”, pero, aunque no consiga mayoría absoluta, siempre contará con el apoyo de los separatistas, etarras y comunistas para volver a formar gobierno.

Así que, lo previsible es que, Pedro Sánchez acabe disolviendo el Parlamento y convocando elecciones anticipadas.

Los españoles decentes deben perder toda esperanza, pues tendremos, gracias al PP y a VOX, social-comunismo para rato, ideología de género para largo tiempo, despilfarro y corrupción por mucho tiempo.

En estos amargos momentos, la única manera de evitar que Pedro Sánchez y sus cómplices se perpetúen en el poder sería que, se creara un único bloque que agrupara a toda la Derecha Española. La única opción sería que se refundara la Derecha Española, que se entrara en un proceso de unificación y de refundación, para lo cual es imprescindible que, tanto los oligarcas y caciques del Partido Popular, como los de VOX, fueran lo suficientemente generosos, y le dieran prioridad a la honradez, a la decencia, al patriotismo, se echaran a un lado y abrieran la puerta a gente con capacidad de liderazgo, con sentido del deber, con probada experiencia y eficacia en la gestión de dineros ajenos, y que, sobre todo, no tengan como objetivo principal hacer carrera en la política y aumentar su patrimonio y el de sus familiares y amigos.

Me dirán que, ninguno de ellos, o casi ninguno está dispuesto a echarse a un lado. Pues, si no lo hacen, habrá que empujarlos y ponerlos en el umbral de la puerta. Está en juego el futuro de España, de nuestros compatriotas, de futuras generaciones.

Sí, en estos terribles momentos, es imprescindible que surja algún “Cincinato”, o como dice Joaquín Costa en “Oligarquía y caciquismo como forma de gobierno…” un cirujano de hierro, modelo de ciudadano virtuoso por su patriotismo y frugalidad, un hombre bueno y sabio que, no busque su interés ni su beneficio personal y que con certeza no tenga la tentación de abusar del poder, ni perpetuarse en él, y que se rodee de personas de demostrada experiencia de gestión. España necesita que, un “cirujano experimentado” emprenda una profunda regeneración, regeneración que debería ir más allá de pequeñas reformas que, se limiten a apuntalar el sistema, sin ir a la raíz de los problemas; e incluso, ya metidos en faena, España está urgentemente necesitada de iniciar un periodo “reconstituyente”…

Lucio Quincio Cincinato, fue un patricio romano que allá por el siglo V aC rescató de una crisis sin precedentes a la joven república romana. Los  ecuos, un pueblo vecino, amenazaban la capital del Tíber y el incompetente cónsul de turno llevó al desastre al ejército romano, de tal forma que la situación se hizo poco menos que insostenible.  En esas circunstancias, el pueblo romano eligió a Cincinato para tratar de enderezar el entuerto. La leyenda cuenta que Cincinato estaba arando su campo cuando solicitaron sus servicios, y cuando derrotó al enemigo (6 días después de su elección) renunció al mando, a los triunfos y las recompensas y regresó a su campo, a retomar el arado que estaba en el sitio dónde lo había abandonado.

 

Mitad realidad, mitad mito la figura de Cincinato ha sido recordada como ejemplo de servicio y honestidad por las democracias en los tiempos de crisis: Catón el Viejo en la república romana, los constituyentes de la Revolución Francesa o los padres de la patria americanos, que veían en George Washington la versión moderna de aquel patricio, defendieron siempre que la superación de las crisis a las que se enfrentaron radicaba en los valores de servicio, sacrificio y honestidad.   

¿Dónde hay líderes tan virtuosos como Cincinato? Dicen que las comparaciones son odiosas, y es cierto: sobre todo para una de las partes.

Y a los que piensen que soy un ingenuo, les diría que una sociedad en la que ser honesto es extraordinario va camino inexorablemente de la ruina (o el corralito o el “default” de la deuda, que es ahora como los financieros se refieren a la ruina).

Según cuenta la tradición, Cincinato fue investido por segunda vez dictador en 439, siendo ya un octogenario, por indicación de su hermano Capitolino Barbado, entonces en su sexto consulado. Los patricios, viendo que sus privilegios peligraban a causa de las conspiraciones de los tribunos de la plebe, y de las amenazas de golpe de Estado del tribuno Espurio Melio, acudieron de nuevo a él, a causa de su inteligencia práctica, dominio de la estrategia y arraigadas virtudes cívicas.

Para George Washington, Cincinato fue siempre un modelo al que imitar y le gustaba ser comparado con él. Bajo su ejemplo se cobijó cuando decidió retirarse de la política en 1796, renunciado a un tercer mandato como presidente de los Estados Unidos, en un momento en que su autoridad moral no conocía rival. Por eso, en América, Cincinato continúa siendo un referente de libertad, un símbolo de virtuosismo cívico, que ha dado incluso nombre a dos ciudades: Cincinnatus, en el Estado de Nueva York, y la más conocida, Cincinnati, en Ohio.

Los pueblos necesitan símbolos de estabilidad, personas virtuosas que transmitan confianza, especialmente en momentos de crisis, cuando las cosas van mal. Líderes que decidan con acierto y rapidez cuando aprietan las sombras. Las gentes claman por cincinatos, mujeres y hombres dispuestos a dejar el arado, su trabajo profesional, cualquiera que sea, en servicio de la res publica, en el más noble sentido del término. Estrategas fiables que den órdenes seguras, firmes, claras, exigentes para salvaguardar la comunidad política.

España está pidiendo a gritos un Cincinato que nos libere del gobierno de Pedro Sánchez, que nos conduce al caos, al desastre. España está asediada por el paro, la recesión, los elevados gastos sociales, el endeudamiento de nuestras empresas, la baja productividad y la falta de confianza en las instituciones. España necesita, hoy más que nunca, a un Cincinato que, con el máximo apoyo de los españoles decentes, sirva de guía durante esta maldita crisis, que destruye la convivencia.

Para ello, como afirmaba anteriormente, los oligarcas y caciques de VOX y el PP, deberían echarse a un lado y abrirle la puerta a algún Cincinato, algún hombre sabio y bueno, que en España haberlos haylos.