Según informaciones de prensa los gobiernos europeos, nuestros gobiernos, nos dicen que el problema de los refugiados, especialmente de los que llegan a Europa huyendo de las guerras de Oriente Medio, sobre todo de Siria, es muy grave. Y efectivamente lo es. Se trata de una crisis humanitaria que el pasado año se cobró, solo en aguas del Mediterráneo, miles de vidas humanas, en buena parte niños. En este mes de enero ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, lleva ya contabilizados 236 ahogados. Y no dan cifras de los que en la penosa marcha mueren agotados, por enfermedad, por hambre o por frío.

 

Ante esta realidad los gobiernos apuntan la necesidad de tomar medidas drásticas. Y ciertamente son necesarias dada la gravedad del problema humanitario. Pero ¿qué drásticas medidas se van a tomar? ¿Una reforma fiscal que combata la enorme desigualdad que existe en Europa y proporcione fondos para abordar el problema? ¿La creación de gran número de puestos de trabajo en actividades socialmente necesarias? ¿Control de las operaciones financieras para evitar la fuga de capitales?

 

Parece que no van por ahí los propósitos de nuestros gobiernos. ” Imposible tomar esas medidas en una economía neoliberal, con un libre mercado que es sagrado y totalmente inviolable”. ¿Entonces? ¿En qué otro tipo de medidas piensan? ¿Acaso piensan en el tipo de drásticas medidas que adoptó Hitler cuando se enfrentó al problema judío? ¡No, claro que no! Ellos son gobiernos democráticos, respetuosos de los derechos humanos. Ellos no van a matar a nadie (a no ser que sea totalmente necesario para hacer respetar la ley y el orden). Mejor dejarlos que se mueran solos al otro lado de la frontera. Es más económico y nosotros no nos manchamos las manos ¡Faltaría más! Ni se van a construir campos de concentración. Mejor dejar que las frías noches del invierno europeo hagan su trabajo.

¿Es preciso llegar a tanto? ¿Es tan grave el problema? Veamos, en la Unión Europea somos unos 507 millones de habitantes, y nuestra renta media per cápita ronda los 24.800 euros per cápita. Se calcula que han llegado aproximadamente un millón de refugiados. Aunque llegaran los cuatro millones de personas que han huido de Siria eso supondría menos de 1 por cada 100 habitantes de Europa. Si repartiéramos con ellos nuestra renta, seguiríamos teniendo más de 24.500 euros per cápita. Una disminución poco apreciable. Además, las personas que llegan, muchas de ellas bien preparadas, están en disposición de trabajar y necesitadas de muchas cosas. Podrían suponer un impulso muy positivo a la economía europea.

 

Entonces, ¿por qué tanto problema? Está claro; es que además de los refugiados sirios hay otros 55 millones de personas en el mundo que buscan refugio, que huyen del hormiguero de conflictos en que se ha convertido un mundo regido por el principio de la competencia implacable y por la ambición sin límites. Sin olvidar los cientos de millones que están abrumados por la miseria y también buscarían una vida mínimamente decente. Ante esto las élites del mundo sólo encuentran la solución de encerrarse en reductos blindados, sean urbanizaciones de lujo o países, volviéndole la espalda a los dramas que deja su afán depredador. Y los ciudadanos normales y corrientes ¿qué vamos a hacer?