Se aproxima el día 1 de octubre, que es la fecha en la que, teóricamente, va a producirse el primer impulso contundente a la independencia de Cataluña, querida por muchos que no parecen querer valorar las verdaderas consecuencias de sus actos.

 

Los que desean que Cataluña se convierta en un Estado hablan mucho de la independencia y de las conductas que deben realizar. Sin embargo, comentan pocos detalles sobre lo que podría ser un Estado catalán en el marco global actual, en el que la escisión territorial de una Comunidad Autónoma no puede llegar a encontrar cobertura en la normativa internacional.

 

Hay que estudiar dos posibles situaciones. Ambas son diferentes y tienen implicaciones totalmente distintas.

 

Si Cataluña no llegara a tener opciones reales de convertirse en un Estado, no merecería la pena preguntarse por lo que pasaría, hipotéticamente, en el caso de una declaración de independencia con efectos fácticos y jurídicos. La razón es sencilla y puede entenderse perfectamente si se atiende a la idea de que no merece la pena cuestionarse sobre aquello que no va a ocurrir.

 

Si Cataluña pudiera llegar a tener opciones reales de convertirse en un Estado, habrían que preguntarse sobre las posibilidades existentes en lo que se refiere a la instauración de un verdadero régimen social y democrático de Derecho en ese territorio. Observando esos tres caracteres, recogidos para España en el artículo 1.1 de la Constitución, se podrían hacer varias preguntas sobre ese mismo asunto:

 

  • a) Hay que preguntarse si Cataluña podría llegar a ser un Estado democrático. Mirando los acontecimientos más recientes, hay que indicar que muchos dirigentes independentistas han hablado de lo que es la democracia como si fueran expertos cuando, realmente, no tienen conocimientos sobre lo que la misma implica. De esa manera, aunque no hay una mayoría parlamentaria que sea claramente secesionista, se ha estado haciendo un contundente ejercicio de demagogia para justificar la satisfacción de intereses particulares por la voluntad popular, cuya abstracción es lo bastante grande como para legitimar cualquier acto.

 

  • b) También hay que preguntarse si Cataluña podría llegar a ser un Estado social. Teniendo presente los datos relativos a los costes económicos por la cantidad de personas que hay en cargos de confianza y las reducciones del gasto público de Cataluña en lo que a los servicios públicos se refiere, sin las aportaciones del Estado y sin ingresos fiscales sostenibles, no podrá haber prestaciones sociales que sean sostenibles en el largo plazo, por la falta de liquidez. Además, es cierto que no habrá acreedores que ayuden a Cataluña sin buscar grandes beneficios.

 

  • c) También hay que preguntarse si Cataluña podría llegar a ser un Estado de Derecho. Observando la conducta de numerosos dirigentes independentistas, puede decirse que han sido reiterados los actos de vulneración del ordenamiento jurídico español, en el que se incluyen la Constitución y el Estatuto de Autonomía catalán, que fueron aprobados con el apoyo de los catalanes. Además, ha sido fácil hallar comportamientos arbitrarios, que se mostraban cuando algunos dirigentes catalanes indicaban que no iban a obedecer al Tribunal Constitucional en lo que a la secesión respecta, pero que si iban a solicitar la ayuda de ese mismo órgano para reclamar el abono de los fondos de liquidez autonómicos.


Por las apreciaciones realizadas, puede decirse que parece difícil que Cataluña pueda llegar a ser un Estado social y democrático de Derecho. El problema es que habría que preguntarse si España, actualmente, lo es.

En cualquier caso, Cataluña sigue formando parte del territorio español. Esta situación no cambiará mientras no haya grandes novedades.

 

Muchos elementos deben cambiar para que la situación mejore. Es algo necesario, pues la actual situación de las relaciones entre los dirigentes catalanes y los españoles va camino de convertirse en permanente, sin que sea posible esperar la existencia de diálogo o de salida a un conflicto que lleva activo varios años.