Esta semana entre las noticias de la repoblación de la España vaciada con inmigrantes y la semana (o el mes) del orgullo… (Porque ya no es del orgullo gay) estamos apañados. El globalismo y su agenda 2030 siguen su camino qué duda cabe.

Pero algunos pensamos que de seguir todo esto así, el globalismo se destruirá así mismo, porque esos inmigrantes, si llegan a esos pueblos, a esas comarcas duras de vivir, el día que llegue la hora de cambiar las leyes se convertirán en un polvorín. Pero es que cuando las ayudas públicas no lleguen lo será aún más. Porque…, me pregunto yo, ¿Cuál es el programa económico de estado que hay paralelo a la recepción de todos estos inmigrantes? Programa económico productivo, se entiende. Porque no se trata de traer inmigrantes porque si, ya que si hay motivos más que de sobra para abandonar esa España vaciada, motivos de éxodo, ¿Alguien acaso cree que los inmigrantes si van a vivir en esas condiciones? Bueno, a no ser que todos sus gastos básicos se les paguemos desde las ciudades. Y es que, repoblar, no es sustituir señores. Es más, lo que se quiere hacer es una auténtica aberración. Es una aberración contra la identidad de los pueblos. Una sustitución étnica frente a un supuesto relevo generacional.

Y mientras….en las grandes ciudades…al ritmo de banderas, pancartas y pegatinas por doquier y todas toditas pagadas por el erario público, la semana Gay. ¿Alguien me puede explicar por qué hay que celebrar durante un mes o semanas una tendencia sexual?

Y es que lo que se vive en Madrid, la ciudad, la comunidad de la derecha y de los “patriotas “verdes y azules, es absolutamente cinematográfico. O sino, que me digan a mí que es eso de la ley trans. Las feministas contra los trans a porrazo limpio en nombre del globalismo. Que!, ¿Se destruye a sí mismo o no?

 

Lo peor es que se lleva a los colegios, y con ello se está prohibiendo a los niños lo más importante de su educación temprana que es la espontaneidad mientras todos los maestros (excepto algunos grupos decentes) están callados cumpliendo órdenes de la dictadura globalista. ¿Es lógico ahora imponer, ante lo que es mayoritariamente normal, una diferencia por la fuerza?

Con los años se han eliminado ciertas actividades en los niños que se pueden considerar alternativas (como por ejemplo el contacto habitual con la naturaleza de manera muy cercana y salvaje) pero se imponen otras como es la educación sexual hasta que no sea materia troncal u obligatoria. Todo esto arrebata la espontaneidad a los niños que es lo más importante en sus primeras fases del aprendizaje temprano.

No podrán arrebatarnos a los españoles nuestra identidad, una (sino la mas) de las más antiguas de Europa. Quizás el globalismo, cuando menos lo esperemos, se destruirá así mismo.