Conceptos doctrinales.

La doctrina miliar y de empleo táctico define la retirada como: “un movimiento retrógrado que se efectúa ordenadamente, para recuperar la libertad de acción, alejándose del enemigo”. Entonces si es desordenada no es una retirada militar, sería una desbandada. Aunque, la citada doctrina militar especifica que la retirada se ejecuta, generalmente, bajo la presión del enemigo, o sea, que puede ser sin esa presión, es decir, voluntaria. También determina que solo está justificada si se han agotado todas las posibilidades de cumplir la misión.

Consecuentemente, el concepto de retirada militar lo define la ejecución de un movimiento retrógrado ordenado, alejándose del enemigo. Por otro lado, podemos considerar que la retirada es siempre voluntaria, porque siempre existe la opción de la defensa a “toda costa” de la posición.

El repliegue, según el DRAE, “es un retroceso ordenado a posiciones defensivas de las tropas de un ejército”.  La ocupación de posiciones defensivas implica la voluntad de continuar la lucha, que no siempre ocurre en la retirada, como, por ejemplo, la retirada de Rusia por Napoleón. El repliegue no busca “alejarse” del enemigo, sino alcanzar posiciones más ventajosas o menos desfavorables.

En resumen, el REPLIEGUE y la RETIRADA (con mayúsculas) no se diferencian por la existencia o no de la presión enemiga. Porque la sola existencia de un enemigo ya supone siempre una amenaza más o menos manifiesta.

Consideraciones operativas sobre la retirada de Afganistán.

Desde las perspectivas de los anteriores conceptos doctrinales, nos podemos hacer las siguientes preguntas:

  • ¿Se cumplió la misión? Según la página digital del Ministerio de Defensa español, la misión de las fuerzas españolas era ayudar (ser fuerzas auxiliares) a la OTAN para luchar contra la insurgencia (lo que no es una misión, sino un medio para alcanzarla) para pacificar y reconstruir el país. Mucho me temo que lo hemos dejado mucho más estropeado y sin pacificar. Nadie duda que ha sido una victoria, sin condiciones, de los talibanes y, ergo, una derrota sin paliativos de los EEUU.
  • ¿Se han agotado todas las posibilidades de cumplir la misión? Suponemos que no se han agotado las posibilidades militares, pero sí la voluntad de vencer (si alguna vez la hubo).
  • ¿Ha sido una retirada voluntaria o forzada? Depende desde el cristal con que se mire. Voluntaria de Afganistán ante la incapacidad manifiesta de controlar la población y el territorio. La retirada del aeropuerto de Kabul ha sido solo ante la amenaza de posibles represalias (presión psicológica).
  • ¿Hay presión enemiga? Segurísimo. Si los talibanes no hubieran ocupado rápidamente casi todo Afganistán y, principalmente, la capital Kabul. La rapidez de su ofensiva ha hecho palidecer, no solo a la guerra relámpago de Guderian, sino a los más optimistas estrategas de la OTAN (y de los EEUU), con todas sus potenciales capacidades de inteligencia, movilidad y potencia de fuegos,
  • ¿Ha sido un movimiento retrógrado ordenado? Relativamente, ha sido parcialmente ordenado porque los talibanes así lo han negociado (¿a cambio de qué?). Las escasas fuerzas de seguridad occidentales han alcanzado el aeropuerto de Kabul de forma precipitada, por emplear un eufemismo, pero la población civil (verdadero objetivo de la operación por ambos bandos) ha sido de desbandada. El cambio estratégico y táctico de la situación ha sido más rápido que en Annual en 1921, y que los costosos servicios de inteligencia occidentales han sido mucho más torpes, así lo demuestran el fallido relevo del embajador (24 horas antes de la desbandada) y posteriormente la ridícula publicación de vacantes en la embajada española en Kabul.
  • ¿Se han ocupado posiciones defensivas a retaguardia? Evidentemente no, luego no es un repliegue. De no ser que las posiciones defensivas se hayan ocupado en el Pentágono o en la Castellana de Madrid.

Conclusiones.

Intentar enmascarar una retirada con un repliegue, es desconocimiento de los procedimientos militares o un burdo intento de engañar al público. Me recuerda el malintencionado dicho de que la “infantería nunca retrocede, da media vuelta y avanza”.

Ha sido una derrota política y militar sin paliativos, a nivel estratégico y geopolítico. Ahora toca arrostrar las consecuencias en esos mismos niveles.

Lo demás son elucubraciones oportunistas y extemporáneas. Mal puede poner orden en casa a casa ajena el que es incapaz de ponerlo en la propia o con sus vecinos inmediatos, o luchar por la integridad territorial de otras naciones cuando no lo hace por la suya.

Es difícil que con la evacuación masiva de afganos se resuelva el problema de Afganistán. Es más fácil que el problema nos lo hayamos metido en casa. Lo dicho, nos hemos distanciado del enemigo que, antes que después, ya cerrará distancias sobre nosotros, si es que no lo hemos hecho ya con la precipitada evacuación de Afganistán.