Esta misma mañana he escuchado en una emisora de radio ¡de las pocas buenas que aún quedan! durante una tertulia de sabios de las habituales, que en España no hay división de poderes y que así no hay libertad. Y para remachar el clavo va y se mete de nuevo con Franco diciendo que no puede haber unidad de poder y división de funciones con en las Leyes Fundamentales.

Lo primero que habría que decirle a este sabio es que debería haber citado más bien a Alfonso Guerra, del PSOE de ayer y de hoy, que dijo claramente que Montesquieu estaba enterrado ya hacía tiempo. Basta ya de aprovechar cualquier ocasión para meterse con Franco y hacerles así el caldo gordo a los socialistas que fueron los primeros en negar la división de poderes. Para los socialistas el poder es uno, no hay división de poderes y lo han dicho claramente desde 1888. Si pese a todo les admitimos en el juego democrático y la gente les vota, la culpa no es de ellos sino de los que se dejan engañar.

Pero en cualquier caso sería bueno que ese sabio tertuliano se enterara de que, como enseñó Sánchez Agesta, catedrático de derecho político ya fallecido –por fortuna para él que no está sufriendo a esta España convertida en un manicomio en régimen de autogestión como dijo Blas Piñar- el poder, en cuanto se dirige a un fin cumple una función y en cuanto se atribuye a un órgano se manifiesta en una competencia. Por tanto el poder es uno y debe ser uno, porque el pueblo soberano es uno. De lo contrario, cada poder en lugar de tener su función y quedar así limitado por los otros poderes que cumplen funciones distintas, se dedica a utilizar sus competencias para imponerse a los otros poderes. Así es ahora el caso cuando vemos que el poder ejecutivo, que ya absorbió al legislativo cuando se redactó nuestra ambigua Constitución, está absorbiendo al judicial, algo que estamos viendo cada día con más obscenidad.

La unidad del poder significa que cada función tiene sus límites y que tiene que respetar a las demás funciones en su ámbito. Así es como la función judicial se debe hace respetar, lo mismo que la legislativa, en lugar de que el poder ejecutivo legisle y juzgue con criterios políticos. Esto es algo tan diáfano que hasta los tertulianos deberían saberlo: no hay tres poderes sino tres funciones.

España se va arruinando, los socialistas van cumpliendo su programa máximo tal y como lo acordaron en 1888 y cuando por los medios habituales en ellos atrapen todo el poder, lo impondrán sin escrúpulos y demostrarán con ello que el poder es uno.