En 1975, había un presidente pusilánime y pacifista en Washington. En la oposición, un senador por Delaware desde el 3 de enero de 1973, encabezaba la línea dura contra Gerald Ford. Y fue precisamente el desastre que constituía la Guerra de Vietnam y la indudable derrota recibida, lo que hizo que los senadores y representantes norteamericanos llevaran a Ford a decidir, la salida deprisa y corriendo de Saigon. Todo el mundo recuerda las imágenes de desesperación de los vietnamitas, que habían colaborado con Estados Unidos, tratando de subirse en el techo de la embajada norteamericana a los helicópteros que les llevaban a un portaaviones o, a un aeropuerto, para desde allí ir al exilio.

Ese mismo senador, es ahora presidente, han pasado muchos años, quizás demasiados, por lo que esa agresividad de Joe Biden ha desaparecido, salvo en destellos fulgurantes y sobretodo en esa actitud de momia teledirigida que presenta en momentos difíciles, como la primera rueda de prensa que dirigió tras la caída de Kabul en manos talibán.

El presidente daba la impresión que se servía de un "auricular o pinganillo" para recibir instrucciones de alguien, que le indicaba que decir. No era la figura rutilante de otros tiempos, ni se le podía comparar con su antecesor, que irradia personalidad propia. Además , cuando abandona la sala de conferencias, se mueve como un autómata, casi da la impresión de ser un autómata.

Y todo, porque como dijo el almirante Canaris: los intereses de un Servicio Secreto no tienen porqué coincidir con los de su País, de hecho sólo raramente coinciden. Y esa es la madre del cordero. Rebobinemos, en 1978 es cuando empezó todo, alguien había decidido que el Sah del Irán y el Rey Afgano sobraban, no servían a los intereses de las multinacionales y el incipiente Globalismo y ambos con poca diferencia salieron por la puerta de atrás de sus países, con la idea de que cayeran en manos mas complacientes para los intereses de unos pocos y además de fuera de ambos países. Pero la jugada aparentemente salió mal. Irán cayó en manos de los ayatolás, islamistas radicales, que no hicieron lo pactado en Francia y por otro lado en Afganistán, los comunistas se adelantaron a los enviados de la Agencia.

Después de años de desastre en Irán aireados continuamente por los aliados y a la vez enemigos económicos de Francia y Estados Unidos, la situación en Afganistán pasaba desapercibida. Pero con el paso del tiempo hemos descubierto que la caída en la órbita soviética de Afganistán no fue del todo casual, quizás fue interesada o incluso pactada. También, que los actores de esa caída no eran ni tan puros, ni tan castos. Curiosamente los afganos implicados en la desviación comunista del Gobierno que sustituyó al Rey, habían estudiado en Estados Unidos.

Los años sesenta son cruciales para comprender que un país de Asia, en el que una monarquía constitucional, la de Mohammed Zahir Shah, que era la de Afganistán, fuese desviada por luchas entre partidos y escisiones de los mismos. Acabaría en una incipiente Guerra Civil. En medio del caos aparece Nur Muhammad Taraki, agregado en la embajada en Estados Unidos, pero que instaura un régimen comunista que finge no ser comunista y destierra la palabra marxismo, que en formas lo es, pero en propaganda juega a la ambigüedad y entra en el movimiento de los "NO Alineados" con el mariscal Tito.

Le continua Hafizullah Amín, otro comunista formado en la Universidad de Columbia, Nueva York, que como se investigó después sustituye a Taraki de manera violenta y a este otro comunista más pro-soviético y menos dudoso Babrak Karmal, que se abre mas al pragmatismo marxista. Dos sucesores más, Una Invasión Soviética y varias contiendas contra los Señores de la Guerra, desembocan en la situación que ya llevó a los Talibán por primera vez al poder.

Este movimiento, que fue financiado por la CIA, perdió el control, si alguna vez lo tuvo de sus propios integrantes que se convirtieron en el problema. Nuevamente aparece Estados Unidos, cuando un atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, se convierte casualmente en "Casus Belli" y a continuación se ataca a Afganistán con la connivencia de los Señores de la Guerra.

Pero los Señores de la Guerra tampoco cumplen. El primer error de Occidente es pagarles por su ayuda, el segundo no juzgarlos por crímenes de guerra y el tercero permitir que secuestren a esa democracia de la que tanto se habla y que es la democracia de los Jefes Tribales y los Señores de la Guerra. El Mundo sigue dando vueltas y los otrora aliados se convierten en un estorbo para el Globalismo y los intereses de las multinacionales. Además, son un gigante con pies de barro a los que los afganos temen, pero solo respetan por la fuerza y eso pone sobre el papel la influencia China en los Talibán, que en el fondo son un estado dentro de otro estado, no son más que una dictadura religiosa, con intereses personales, es Afganistán.

Ante eso Donald Trump, manda a un embajador, un pastún nacido y criado en Mazar e Sharif, pero ciudadano norteamericano, que ha representado a Estados Unidos y a sus diversas administraciones republicanas o demócratas. Llegan a un acuerdo para irse, pero los talibán de base no esperan y se lanzan a la calle, solo tienen que salir de su casa, no necesitan viajar en este enorme País, tan grande como Francia y en seis días consiguen controlar aparentemente todo. Los yankees, no se dan ni cuenta y ahora, estamos en una huida, como la que ya en 1975 provocó el propio Biden. ¿Alguien esperaba otra cosa?

Y ahí lo dejo...