Las guerras no las eliges. Te las declaran. Europa lleva años padeciendo en su solar cadenas de atentados de reivindicación islamista. Tras muchos tiempo de haber intervenido en la creación, destrucción u organización en territorios de Oriente Medio, armando y financiando todo tipo de movimientos, se encuentra con los estallidos de bombas, la destrucción y la desolación en sus propias calles.

 

Nadie guardaba minutos de silencio por aquellas mujeres o niños que perdían su vida en Palestina, Iraq, Libia o Siria. Nadie coloreaba sus redes sociales por aquellos muertos, hasta que…aquellos muertos fueron europeos en territorio europeo.

 

Más allá de de todo comentario a los distintos niveles de alerta policial o militar que, ahora mismo, están establecidos en diversas naciones europeas es evidente que sólo sirven para restringir derechos de movimientos o libertades formales de los propios europeos. Pues justo tras un nuevo acto de barbarie es cuando nada volverá a suceder.

 

Las mezquitas son nuestros cuarteles, los minaretes nuestras bayonetas, las cúpulas nuestros cascos y los fieles nuestros soldados

 

Esa designación del “enemigo” que, en política clásica, se ha venido haciendo, en esta instancia del siglo XXI se torna compleja por su imposibilidad de identificación como colectivos o individualidades concretas. Ese enemigo está en todas partes y…está dentro de la misma Europa. Los futuros terroristas son ciudadanos franceses, españoles, ingleses, alemanes o italianos.

 

Durante décadas la relajación en las políticas de concesión de la nacionalidad, basadas única y exclusivamente en criterios de residencia ha venido proporcionando carta de legalidad a flujos migratorios donde el Islam era y es la seña de identidad. Hemos visto edificarse Mezquitas con sus minaretes, centros de enseñanza del Islam, o cómo éste va tomando posiciones en nuestros sistemas educativos marcando normas e imponiendo su camino.

 

La pluralidad y el relativismo europeo han abierto todas las puertas sin marcar flitro de ninguna clase.

 

Quizá ahora es el momento, cuando ya se está al borde del abismo civilizacional, plantearse el error de todas aquellas políticas y volver la vista a las raíces de lo que fuimos y nos determina como europeos para salvar a los europeos del futuro.

 

Y en esa disyuntiva solo se yerguen dos alternativas: O expulsión de todas las poblaciones venidas de Africa y Oriente Medio practicantes del Islam, o la asimilación de estos declarando fuera de la Ley en todos sus aspectos y prácticas el Islam en tanto que religión monoteísta de corte totalitario que busca la destrucción de todo lo que no sea esa interpretación religiosa del mundo.

 

Mientras tanto, un Estado Faro se yergue en las puertas del Bosforo como antaño. Turquía , protegida de Estados Unidos y la OTAN, se configura como la cuña que amenaza con todo su potencial demográfico la identidad de un continente.

 

Nuevas Politicas emergen en Europa de la mano de fuerzas populistas e identitarias que con su marcado carácter social son ya las primeras y favoritas de las clases trabajadoras. Ninguna de ellas ha alcanzado todavía el Poder, aunque esos apoyos son crecientes.

 

Europa , de nuevo, en el quicio de su supervivencia.