Muchos de nuestros lectores habrán tenido conocimiento del artículo de la revista Time donde, de manera triunfalista y sin pudor ninguno, se reconoce que hubo una conspiración para expulsar a Donald Trump del poder. Implícitamente dándole la razón a este último, si no en las acusaciones de fraude electoral, sí cuando denunciaba un complot contra él.

https://time.com/5936036/secret-2020-election-campaign/

Fueron cambiadas leyes y procedimientos electorales. Fueron reclutados millones de votantes por correo, que finalmente fueron una proporción excepcional y anormalmente alta del voto total. Muchos millones de dólares, concedidos por el Congreso o donados por empresas privadas, se destinaron a financiar la “administración de las elecciones” para que fueran correctas y se celebraran regularmente. Con escasos resultados esto último, por cierto, si recordamos el caos chapucero en el que se hizo todo y se contaron los votos.

El artículo de Time se revela una obra maestra de hipocresía y retorcimiento del lenguaje; más que por comentar el artículo, vale la pena detenernos en el lenguaje empleado, porque es un verdadero ejemplo de Neolengua del sistema y de las formas del poder globalista, además de un insulto a la inteligencia de cualquiera. Un lenguaje que vemos empleado también aquí y lo veremos cada vez más en el futuro.

La campaña contra Trump es llamada “esfuerzo para proteger las elecciones” e incluso “conspiración para salvar las elecciones”. A la censura en las redes sociales se la llama “luchar contra la desinformación”. A la conspiración para expulsar a Trump del poder se le llama “frustrar el complot de Trump para seguir en el poder”.

En resumen, una gigantesca manipulación social y mediática, incluyendo probablemente también fraude electoral a gran escala, es presentada como el esfuerzo de garantizar unas “elecciones limpias”, es decir unas elecciones en las que ganara Joe Biden.

Es decir que: por definición, el presidente no podía ser reelegido; por definición, las elecciones no serían limpias si continuaba en el poder y por definición, dijeran lo que dijesen los votos, Donald Trump intentaría mantenerse en el poder de forma ilegítima.

Esto es lo que habían decidido. ¿Quiénes?

Algunos componentes de esta alianza son mencionados explícitamente: la multinacional abortista y traficante de fetos despiezados Planned Parenthood, los ecologistas de “izquierda caviar” de Greenpeace, la gentuza alrededor del movimiento racista antiblanco Black Lives Matter, además de varias grandes empresas tecnológicas…

En breve, los benjamines de la izquierda cultural y del capitalismo globalista. Una especie de “alianza informal” entre activistas de izquierdas y grandes empresas. ¿Se trata de una alianza contra natura?  

De ninguna manera. La “izquierda” cultural y la “derecha” económica internacionalista son una y la misma cosa. Son las dos caras de una misma moneda, las dos patas de un globalismo que tiene su agenda bien clara: la destrucción de naciones, patrias e identidades, la degeneración social, el hundimiento de la natalidad de las razas blancas, la destrucción cultural de Europa y su invasión demográfica.

La izquierda cultural y el capitalismo global son como dos departamentos de la misma organización; tienen detrás los mismos poderes y simplemente se reparten el trabajo para engañar mejor. Son lo que, en pequeño y a la escala de nuestra política nacional, he siempre llamado la rama descamisada y la rama encorbatada del partido único.

En muchas cosas el globalismo se está quitando la careta y la realidad de las cosas es cada vez más patente para quien quiera verla. Pero quizá se la quite sólo porque ha entendido que da igual llevarla puesta o no: la mayor parte del público prefiere mirar la careta en vez del rostro verdadero, y esa careta sigue siendo para ellos la realidad que guía sus acciones y opiniones.