A quienes leemos este diario digital que es EL CORREO DE ESPAÑA no nos hace falta la literatura oportunista de los últimos tiempos para saber que ETA y su mundo sórdido de cómplices y encubridores siguen estando presente en la realidad de Vascongadas, porque ni a ETA como organización se la ha aniquilado ni a los terroristas se les ha ajusticiado. Por eso, la nueva novela “Tierra de furtivos” no nos descubre lo que de sobra sabemos desde hace mucho tiempo, las complicidades que existen entre ETA, el tráfico de droga y el mundo político vasco, que no solo en la Ertzaintza, policía a la que no se me ocurriría llamar en ningún percance. Que así estamos.   

    Ahora bien, como resulta que estoy pensando hacer un periplo por Vascongadas que incluiría algunos lugares de las Guerras Carlistas y Ezquioga por la aparición de la Santísima Virgen en el verano de 1931, supuesto que hoy se sabe todo por Internet, y mi nombre puede figurar como colaborador en El Correo de España, entiendo que sería una temeridad pernoctar en Mondragón, lugar desde donde continuaría viaje a Irún.

    Sé que lo que cuento es triste y trágico, pero así estamos, pese a lo que dijera, según nos tiene acostumbrados el Rey de los tuiteros en el discurso de Navidad, en las antípodas de la realidad de España: El cambio tan profundo de España en estás más de cuatro décadas de democracia y libertad ha sido extraordinario, y no ha sido fruto de la casualidad. Se ha basado en el esfuerzo y el sacrificio de muchas personas, de millones de españoles. Y se ha debido a muchas razones: sentido de la historia, grandes acuerdos, generosidad, responsabilidad y visión de futuro”.

    Pues nada, si así piensa o eso le hacen decir, que pernocte él en Mondragón que va con una compañía de la Guardia Civil, por mi parte sólo lo haría con la del nuevo corto debajo de la almohada.