El proceso contra los amigos que se autodenominan “la manada” se ha estado tramitando y ya está visto para sentencia. Atrás quedan la instrucción y las mediáticas sesiones del juicio oral, que han ido acompañadas de numerosas declaraciones y manifestaciones públicas en la prensa y en las redes sociales de muchas personas, principalmente mujeres, que han estado criticando la estrategia de defensa de los acusados y han pedido una dura condena para ellos.

 

Hay que destacar que los acusados tienen el derecho a un proceso con todas las garantías y el derecho a la presunción de inocencia. Por esa misma razón, deben respetarse unas reglas de defensa ante las partes acusadoras, que tienen el deber de acreditar que los acusados han cometido el delito por el que se les podría llegar a condenar.

 

El núcleo esencial del objeto del proceso contra “la manada” está relacionado con el consentimiento de la joven afectada. Era necesario probar que la chica no había prestado su consentimiento para poder acreditar la existencia de un delito de agresión sexual, cuya configuración legal requiere la existencia de violencia o intimidación para su comisión.

 

Los intentos de las partes por intentar demostrar la postura más conveniente para sus intereses en relación con la interpretación de los hechos. Las partes acusadoras han intentado extraer la falta de consentimiento de la joven de unas grabaciones de vídeo de 96 segundos, pero las partes acusadas han buscado la interpretación contraria con el mismo material audiovisual.

 

La clave puede llegar a estar, en el caso de “la manada”, en el principio “in dubio pro reo”. La Sentencia del Tribunal Supremo 1218/2004, de 2 de noviembre, recoge las fases de la valoración sobre la contundencia de las alegaciones de las partes acusadoras, destacando que primero deben practicarse las pruebas con todas las garantías para, posteriormente, razonar si se han acreditado los hechos o no de manera contundente, sin que pueda haber condena en caso de duda.