Como ya todos sabemos, Rusia ha invadido Ucrania para -según el chequista Putin- desnazificarla. Muchos medios de comunicación se han extrañado de este propósito de Putin, aduciendo -desde sus cuatro tópicos mal aprendidos- que el presidente de Ucrania es judío.

A mi, lo que me extraña es que los medios de comunicación no se hayan enterado todavía de que para los comunistas todo el que no se arrodille ante el padrecito Stalin es un nazi, un fascista. ¿Que ya no estamos en esa etapa de la Historia, que Putin no es Stalin, que ya no existe la URSS? Todo ello es cierto. Pero igualmente lo es que las tácticas centenarias del comunismo soviético siguen vigentes, siguen en práctica y -gracias en gran medida a la ignorancia o al pesebrismo de los medios de comunicación- las autodenominadas democracias los han asimilado como la verdad revelada. Y también es cierto que Vladimir Putin fue miembro del KGB y no oculta los resabios del dictador comunista que lleva dentro. No hay mas que ver qué paises apoyan la invasión rusa para darse cuenta.

Pero únicamente los ignorantes pueden asombrarse de que Putin haya invadido Ucrania, confiados en que los Estados Unidos se equivocarían, una vez mas, en su análisis de la situación. Llevábamos semanas anunciando el futuro, y se ha cumplido con mucha más virulencia de la esperada. Semanas en las que la Unión Europea ha dado ánimos y promesas, muy buenas palabras animando a Ucrania a mantener su "democracia".

¿Y qué ha ocurrido? Pues que Rusia ha invadido Ucrania y la UE ha seguido dando ánimos y promesas, y buenas palabras.

¿Y qué otra cosa podía hacer? Pues lo cierto es que nada, porque la UE es una lengua sin manos; una lengua de verborrea incontenible, pero que no tiene con qué apoyarla. Una lengua que no para de hablar, porque en el fondo sabe que no tiene manos que mantengan su palabra.

Ucrania había creído en la UE, en USA, en la OTAN. Y Ucrania se encuentra sola, abandonada, ante la barbarie asiática de Putin -las reclamaciones a Don José Ortega y Gasset-, con buenas palabras de la UE, que no tiene manos, y la tibieza de USA, que no va a meterse en líos por ella.

Y lo cierto es que ni Europa ni Estados Unidos pueden hacer otra cosa. Europa porque no tiene con qué -¿no nos vende Pedro Sánchez como un alarde de solidaridad el envío de 800 soldados españoles, seis u ocho aviones de combate, tres barcos, a otros países cercanos?-; USA porque no le importa un pimiento, y una cosa es predicar la democracia y otra defenderla cuando la atacan. ¿Recuerdan Hungría, la Primavera de Praga, el Muro de Berlín por el que Kennedy no consideró necesario abandonar sus vacaciones...?

Y es cierto que no se puede hacer, razonablemente, otra cosa. Una guerra abierta, una III Guerra Mundial sería el mayor desatino posible, del que probablemente este planeta nuestro no saldría entero.

Pero, al menos, la UE, los USA deberían haber tenido la decencia de hablarlo claro a Ucrania: os vamos a apoyar de palabra, pero ni una bota de soldado, ni una cadena de blindado os ayudará en el campo.

Y, ya que se han desmelenado hablando de sanciones, podrían tomárselo en serio: algo que en verdad aislara del mundo civilizado a la Rusia putinesca.

Porque lo que han hecho hasta ahora no es sino castigar a Putin sin caramelos.