La existencia de grandes potencias que dominan el mundo e imponen su ley de forma indiscutible, ya sea por la vía claramente militar, económica o por una combinación de ambas con elementos también culturales de diversa índole, es algo que muchos aceptan casi con total naturalidad, incluso entre los llamados analistas políticos, de asuntos internacionales o geoestratégicos.

Otros, en cambio, se indignan con sus arbitrariedades e injerencias en la actividad política o económica de los países más pequeños y en el así llamado en la actualidad, por influencia de la masonería y de una manera bastante cursi " concierto de las naciones ''.

Pero lo que se hace muy raras veces es reflexionar teológicamente sobre el tema del imperialismo.

Sin embargo, dentro de las Sagradas Escrituras, la Biblia, el problema del imperialismo es clave en la Historia de la Humanidad y de la Salvación. 

Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma fueron axiales en la Historia, tanto en general como de la Salvación, y dominaron como Imperios. El fenómeno del imperialismo no pasó desapercibido para los Profetas de Dios, ni para los historiadores o cronistas. 

Todos ellos escucharon y relataron el proceder de " las botas que pisan con estrépito " y contemplaron con atención y pasmo " los mantos manchados de sangre ", usando las expresiones del Profeta Isaías. 

Fueron los Testigos de primera mano (como debemos tratar de ser los periodistas y escritores) de las invasiones que el Profeta Joel compara con plagas de langostas: 

" En la vanguardia el fuego devora y en la retaguardia las llamas abrasan; delante la tierra es un vergel, pero detrás una estepa desolada... el sol y la luna se oscurecen ".

Tanto en las descripciones y oráculos de los Profetas, como en las crónicas de los historiadores, e incluso en algunos de los análisis políticos actuales, realizados de forma integral, el fenómeno del imperialismo no es comparable con la toma total y absoluta del poder, sino con el garantizar la seguridad y el espacio vital en un sentido integral y trascendente, es decir, no es comparable con un hecho histórico previo:

La construcción de un centro de poder humano total que ocupe el lugar de Dios y de los Cielos para suplantarlos en todo.

Esto es el llamado Nuevo Orden Mundial, y con este artículo, desde el Correo de España, he pretendido asentar las bases no sólo para entenderlo sino para liderar, en la medida de nuestras posibilidades y en lo que no podamos con la Ayuda de Dios, la Acción Contrarrevolucionaria de oposición y denuncia a este satánico proyecto, como hicieron los Profetas de Dios y con la Perspectiva del Reino de Jesucristo, Verdadero Gobierno de Justicia y Paz Esperado.