En mis tiempos finales de estudiante universitario, cuando ya el régimen de Franco declinaba, el único sindicato de los luego autodenominados "de clase" era el ilegal Comisiones Obreras, adminículo del Partido Comunista de España en el mundo del trabajo y caballo de Troya del sindicato vertical en el que se infiltraron, en cuadros y militancia hasta dejarlos como un queso de gruyere, por lo que se movían con absoluta libertad y abundancia de financiación estatal.

De la La Unión General de Trabajadores, al igual que del Psoe, nada se sabía y nadie les esperaba. Desde el año 1939 una de tres, o se autodisolvieron antes de irse con la pasta a Alicante o Valencia a coger el barco, o cruzaron la frontera francesa, o se quedaron aquí vestidos de lagarterana, brazo en alto, recauchutados en la burocracia sindical franquista. Sólo hasta que se murió el general Franco no asomaron ambos la nariz, bien untados de dinero y facilidades todas por el nuevo régimen y la socialdemocracia alemana en el afán de debilitar al partido comunista, única oposición en la clandestinidad al régimen del general.

Lo primero que hicieron ucedeos y felipistas de la primera hora fue poner a su disposición lo que se vino en llamar el patrimonio sindical, conjunto de inmuebles y otros activos, cuya inmensa mayoría nunca fueron de la UGT, ni por supuesto de CCOO que por entonces no existía, sino de otras procedencias, cuando no expoliados y arrebatados a sus legítimos propietarios, entre ellos la Iglesia.

El valor actual de ese inmenso patrimonio inmobiliario es muy difícil de cuantificar, pero seguro que no baja de muchos miles de millones, que han pasado al balance de estos multimillonarios llamados sindicatos" de clase". De clase alta.

La Santa Transición no solo resucitó a UGT y sacó de la clandestinidad a CCOO sino que elevó al sindicalismo de clase como uno de los pilares del nuevo régimen por lo cual les proporcionó sustanciosas subvenciones anuales y de todo tipo para no solo subvenir a sus necesidades, sino también a los sueldos y salarios de sus cuadros, al igual que ocurre con las cúpulas empresariales. De lo que se trata es de "untar" a unos y otros para tenerlos bien engordados, marisqueados y domeñados.

En un principio. solo CCOO y UGT eran los destinatarios de las subvenciones que por un fallo del Tribunal Constitucional se ampliaron en 1985 al resto de organizaciones, si bien CCOO y UGT se llevarían el 75% del total de las subvenciones en función de la representatividad en las elecciones en las empresas y el 50% de las otorgadas por su participación en órganos consultivos del ministerio de Trabajo.

Una estimación aproximada nos daría que los "sindicatos de clase", o sea CCOO más UGT en los más de 40 años de transición (al desastre actual) ambos sindicatos habrían recibido en subvenciones directas, a las que habría que añadir las correspondientes a su participación en los muchos órganos consultivos, por ejemplo en organizaciones sociales, patronales y de autónomos como el CES, la Fundación Estatal para la Formación y el Empleo en la que participan UGT, CCOO, CIG (Confederación Intersindical Galega), CEOE, Cepyme, comunidades autónomas y Trabajo. A estas subvenciones estatales habría que sumar otras muchas otorgadas por las CCAA y Ministerios así como otros organismos. Pero, esto no es todo. Durante este tiempo unos y otros -sindicatos y patronales- nos han estado estafando al alimón a todos los contribuyentes con el desvío de los fondos destinados a los cursos de formación.

Dada la opacidad y la dispersión de subvenciones se hace muy difícil por no decir imposible trabajar con cifras reales en todas y cada una de las partidas. A esta cuenta habría que añadirle el coste social de los miles de liberados sindicales y los burócratas de las patronales que no producen y se llevan a casa el sueldo limpio. Las cuotas de afiliación -no más allá de entre un 7-10%- son el chocolate del loro comparadas con todo tipo de subvenciones y mamandurrias públicas.

Una estimación conservadora, actualizada a hoy, no bajaría mucho de los 10.000-15.000 M€.

Voy con las patronales.

La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) agrupa a todas las patronales españolas. Si opacos y dispersos son los ingresos sindicales, muchos más lo son las cuentas de esta macro organización que más se parece a un negocio que a una patronal que tiene como misión principal defender los intereses de empresarios y autónomos.

Se trata de una organización mastodóntica en la que nada menos que 198 personas son vocales de la junta directiva, de los que 28 de ellos pertenecen también al comité ejecutivo y 11 personas componen la alta dirección. Emplea a 3.500 personas y cuenta con casi 500 sedes. Su presupuesto supera con creces los 600 M € /año del que casi el 50% procedía de subvenciones públicas, tanto del Estado como de las comunidades autónomas, exclusivamente por el concepto de cursos de formación. Al menos un 40% de los ingresos de la estructura central de la CEOE procede también de subvenciones públicas provenientes de organismos tales como el Servicio Público de Empleo Estatal, el Consejo Económico y Social o la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Agencia Española de Normalización y Certificación o Protección de Datos, etc. Si poco se sabe de sus ingresos, casi o nada de sus gastos, desconociéndose las cuentas auditadas incluso por buena parte de su cúpula.

Por último, los partidos políticos por eso de que se trata de una partitocracia y no de una democracia también corre a nuestro cargo, en vez de sus afiliados o simpatizantes. Los partidos políticos reciben subvenciones para casi todo. Para sus gastos ordinarios, para los gastos electorales, para los gastos de seguridad, para los grupos parlamentarios de fondos provenientes de las Cortes Generales, de diputaciones y ayuntamientos. Sólo una mínima parte proceden de sus exiguas militancias cotizantes y donaciones.

¿Son transparentes las actividades económico-financieras de los partidos políticos? En absoluto. ¿La normativa garantiza la igualdad entre partidos para la financiación de campañas electorales? Rotundamente, no. ¿Los mecanismos de control de la financiación de partidos políticos son realmente eficaces? Tardíos, casi inexistentes (solo en TCU) e ineficaces.

En definitiva, puede decirse que la financiación pública incrementa unos ingresos que mayoritariamente cubren gastos innecesarios y que son ellos mismos, los partidos, los que se aprueban a sí mismos en el parlamento las cantidades que van a percibir de los fondos públicos y donde se ven discriminados a efectos de financiación electoral los pequeños partidos que no logren escaño en alguna cámara de representación estatal, regional o local.

El Tribunal de Cuentas se limita a contabilizar lo que los partidos ingresan y gastan en época de campaña. No se incluyen los gastos de desplazamiento lo que hace que existan gastos ocultos hace que sea difícil contabilizar el gasto real de las campañas. Los expertos consideran que en las últimas elecciones generales solo los partidos mayoritarios han recibido más de 150 millones de euros y 100 millones para que mantengan su patrimonio que les ha llovido por "el papo", cuya finalidad es comprar su silencio y complicidad con el gobierno.

Pues, con todos estos antecedentes, el Secretario General de la UGT, un tal Álvarez, que en su vida ha dado un palo al agua, jefe de un sindicato mafioso, que se queda con parte de las prejubilaciones y se gasta los subsidios destinados a los parados en mariscadas y otras regalías sale y dice que "en España se pagan pocos impuestos", afirmación que comparte su colega Sordo. Mientras que la economía está como está, con más del 20% de los ciudadanos en la pobreza, ellos están callados y no digo cómo por respeto a esas señoras. Será para compensar que el marisco ha subido de precio y para actualizarse el sueldo un poquito más.