Hay mujeres que marcan a una Nación y a una Epoca; la francesa Brigitte Bardot lo fue en Francia en los años 60, y la española Victoria Abril, en España en los años 70.

Más allá de los mitos eróticos y de mil frivolidades, nos quedan sus hermosos e inocentes rostros de sus primeras épocas, sus dulces miradas, sus juventudes explosivas y esas ganas de besarlas.

Y así, una vez pasados los años donde nos creemos inmortales, viene la serenidad y también el respeto a la verdad unida a la valentía.

Hace años que Brigitte Bardot se puso en la vanguardia del patriotismo francés, aireando cuestiones que por ser políticamente incorrectas muy pocos se atrevían a sacar a la palestra; feliz y establemente vinculada con Bernard d’Ormale, uno de los asesores más prestigiosos de Jean Marie Le Pen, cuyo partido político está ahora de manos de su hija al borde del asalto democrático al Palacio del Elíseo y a la Presidencia de la República de Francia.

Por su parte, Victoria Abril siempre había coqueteado con el progresismo cultural, de la mano de Almodóvar y demás jetas subvencionados, hasta que se fue a Francia, y es allí donde ha debido beber de las fuentes de la alternativa patriótica al Nuevo Orden Mundial y acaba de manifestar en España, para perplejidad de toda la Progrez de la falsa Cultura de aquí, que no se fía de las vacunas contra el COVID y que recomienda rehuirlas.

Verdadera catarsis para una imagen de una personalidad que vuelve a estar de actualidad más que nunca en España; Victoria Abril ha vuelto a una embrionaria juventud revolucionaria, basada no como la primera en un mero postureo de fugaz moda, sino en la heroica rebeldía a lo que nos viene impuesto por unos políticos sin credibilidad, por aquellos que hace exactamente un año nos decían que en España sólo habría uno o dos casos de COVID y ahora vemos que son más de 100.000 muertos por esta causa.  

Guillermo Rocafort. Intelectual alternativo