Cuando de forma institucional se sabe que se miente y se engaña, eso es maldad. Cuando alguien no sabe lo que dice, se inventa cosas, historias y sucesos que cree ciertas, eso es ignorancia, y la ignorancia es osada. La ley de memoria histórica promulgada por el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y mantenida por Mariano Rajoy, es una mezcla, un coctel de ambas cosas: maldad e ignorancia.

Llevan años buscando cadáveres que no aparecen, llevan tiempo hablando de cunetas y fosas, de persecuciones y represión, llevan mintiendo y criminalizando a una parte de nuestra historia, a una parte de españoles, sin reconocer sus errores, sus crímenes y sus muertes. Han hecho de esto su negocio, su chiringuito subvencionado, donde se pretende imponer por decreto lo que debemos pensar y sentir, lo que debemos creer. Desean ganar en los despachos, una guerra que perdieron en el campo de batalla.

Dividen a la sociedad entre buenos y malos. Recuerdan sucesos pasados mas de 80 años, y niegan reconocimiento a las victimas más recientes. Los mismos que intentan darnos lecciones de moral y estilo, son los mismos que tergiversan la historia de hace casi un siglo, amoldándola a sus intereses actuales. Criminalizan a la media España que no se resigno a dejarse matar.

Invocan la paz y la reconciliación, cuando en sus hechos y palabras solo se destila odio, rencor y resentimiento de aquello que no pudieron conseguir. Invocan la democracia y la libertad, cuando nunca creyeron ni en la democracia ni en la libertad. Nos ponen como ejemplo a genocidas y criminales y retiran calles, placas y estatuas de aquellos a los que martirizaron.

La ley de la mal llamada memoria histórica, es la cuartada perfecta, la engañifa ideal para que ignorantes de todo tipo y pelaje aflore en una sociedad enferma de notoriedad. España no necesita esta reconciliación urdida en los despachos, no necesita cerrar heridas que ya estaban cerradas. La reconciliación la tuvimos cuando aquellos que ganaron la guerra, perdonaron a los que habían buscado su exterminio, su eliminación física y olvidaron todo para ponerse a trabajar en una España mejor. Resulta ridículo juzgar ahora a los inocentes y culpabilizarles de no haberse dejado matar.

Sostengo desde hace ya mucho tiempo, que hubo gente buena y respetable en ambos bandos, gente horada y de principios, pero solo un bando era el correcto, solo un bando tenia razón, el de España, aquel que gano la guerra.

80 años después de los sucesos, pretenden juzgar con la perspectiva actual los hechos del pasado. Es ridículo e irresponsable. Sobre todo, cuando aquellos que pretenden hacerlo, no pueden ser ejemplo de nada, cuando llaman hombres de paz a terroristas y asesinos, cuando apoyan leyes que son utilizadas para que criminales y violadores no cumplan íntegramente sus condenas y cuando tienen una memoria extraordinariamente vaga, incluso para recordar a las recientes víctimas de los últimos atentados de Barcelona.

Definitivamente, la ley de la memoria histórica debe ser derogada de forma inmediata. Pone en duda la España actual y basa su legitimidad en unas elecciones fraudulentas. Criminaliza generaciones enteras de españoles, a los que se exige que pidan perdón por existir, por disentir, por pensar diferente. Estamos en un peligroso bucle donde no queremos darnos cuenta a lo que nos enfrentamos, porque quitar una calle, placa o estatua, no es simplemente quitar una calle, placa o estatua.