En Unidas Podemos faltan sentido de Estado y responsabilidad, pero sobra estupidez a paladas y degeneración en cantidad.

 

Hay burros en el Gobierno y en los aledaños de ese que precisan comer mucho trigo para enfrentarse a la cabal ministra de Defensa. Por mucho que «ladren» los morados contra Margarita Robles se quedarán a mitad de camino entre el deseo y la realidad. Dudo mucho que desde Unidas Podemos lleguen a intranquilizar la habitual parsimonia y buen hacer de Robles. Veo tranquila a la asentada ministra, casi tanto como de costumbre. Ella es libre porque no pertenece al PSOE. Es independiente en las filas socialistas y con una capacidad de trabajo hace tiempo demostrada, hasta tal punto es así que «da sopas con honda» al 99% de los ministros y correspondientes féminas de florero.

 

«No tiene nada que ocultar», comentan fuentes próximas a la máxima responsable de las Fuerzas Armadas. Desde mi punto de vista, el activismo de la extrema izquierda contra ella no es más que fuegos de artificio y pólvora mojada; incluso, aunque vuelvan a inventarse ataques con balas en sobre o navajas ensobradas. En Unidas Podemos faltan sentido de Estado y responsabilidad, pero sobra estupidez a paladas y degeneración en cantidad. Hasta Pablo Echenique frecuenta el albañal para no desdecir a la extrema izquierda.

 

En las filas de Unidas Podemos no cabe ni un tonto más. Lo digo desde el respeto, pero con contundencia. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ya ironizó y ridiculizó la mediocre y absurda postura de la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030 en cuanto afecta a la invasión rusa de Ucrania. Es cierto que la diplomacia ha fracaso y se han miccionado por la pernera los líderes europeos ante la cara de animal de Putin o el Papa Francisco no encuentra camino para hablar de paz con el líder ruso, pero Belarra sigue sin dimitir y deseando que Ucrania ponga la otra mejilla y las posaderas mirando a Rusia.

 

Ya falta menos para que la ridícula ministra de cosas Sociales y estrecha Agenda 2030, Ione Belarra, pare la guerra, recoja los carros de combate destartalados por Ucrania y esconda las pistolas, misiles y los lanzacohetes antitanque. «Ojalá tenga suerte y pueda convencer a Putin de que pare la masacre», ha llegado a mofarse Robles de la ninguneada e inservible ministra de lo Social y desnortada Agenda. A Belarra le falta una buena lectura de John F. Kennedy para que aprenda que no hay que negociar a causa del miedo, pero tampoco hay que tener miedo a negociar. Confío en que la profundidad del pensamiento no le obnubile sus pocas ideas y sus casi nulas iniciativas.

 

El feminismo desbocado del macho alfa, que aún patalea y vocifera en Podemos, ya no sabe cómo atacar ni a quién hacerlo. Cada vez que Carlos Herrera enfila al que fuera «Coleta morada», acaba contra las tablas o flotando en su propio ridículo o junto a la porquería que le acompaña, protege y agasaja. A ver si ahora va a haber que comprar una nueva tarjeta de teléfono para proteger a la falsa, aprovechada y desaborida Belarra.

¿Se habrá enterado el títere exvicepresidente --abrasado ante la dignidad de doña Isabel Díaz Ayuso-- de que el espionaje se llevó a cabo cuando él formaba parte del Gobierno y aún ostentaba el cargo de indigno vicepresidente? Por tanto, antes de señalar a otro «machirulo» de los que gozan hasta que la mujer sangra, no estaría de más que hicieran digna memoria y asumieran las responsabilidades que nunca supieron asumir.

No está de más que callen la boca a la impenitente, Ione Belarra, que aún tiene pendiente la dimisión a la que se comprometió si se enviaban armas a Ucrania. Solo los 74.858,16€ anuales le hizo reaccionar a tiempo, conocedora de que fuera de su cargo regalado carece de oficio y beneficio. Sigo pensando que ningún político profesional debió llegar a la política sin antes haber trabajado un mínimo de cinco años en la empresa pública o privada. Háblenme de la experiencia laboral y de la cotización de «vaguetes» como Garzón, Montero, Belarra, Simancas, Maestre, Lastra, Isa Serra…

La inutilidad no pasa de largo porque el ridículo ya la acompaña allí donde acude. Piensen que, cuando abre la boca, no sabe si mata, hiere o espanta. Cuando al político le sobra vulgar verborrea y le falta adecuada formación es como el burro que no sale de la cuadra en quince días y, cuando lo sueltan, solo sabe dar coces sin ton ni son. Así es Belarra en estado puro y desechable política descontrolada.

Como Unidas Podemos va perdiendo votos por la izquierda y la extrema izquierda, no sabe qué hacer ni cómo abordar su problema. Se han convertido en vulgares tiranos abrazados a la podredumbre del poder y ya se sabe que no hay peores tiranos que los esclavos, ni hombres más soberbios que los salidos de la nada.

¿Entrará la profunda reflexión de Lamartine en la aturdida y desnortada sesera de la ministra Belarra?