La inauguración del año 2021 traerá la alienación absoluta de la infancia, su estatalización bajo las garras del poder socialista y la tutela mental de los menores mediante la “educación afectivo-sexual” y la transmisión de la “memoria democrática”, que figuran en la nueva ley de educación, bautizada como “ley Celaá”, en honor a su mentora.

Se produce la cooptación de los menores por el Estado. “Los niños no son de los padres”, Celaá dixit. El secuestro de la infancia es el objetivo primigenio de esta reforma educativa que generaliza la enseñanza en todo el sistema educativo, por mandato legal, la infame ideología de género que destruye la categorización antropológica y sexual masculina y femenina para neutralizar la dualidad heterosexual y fomentar los estereotipos estériles, homosexualistas y transexuales.

No sólo las conciencias de los niños a partir de los 6 años, serán instruidas en educación “afectivo-sexual” –demoniaca intrusión estatal en la intimidad y la inocencia- sino que además, y mediante la Ley de eutanasia recientemente aprobada, se abrirá el camino para que los menores puedan ser eutanasiados.

La Ley Celaá prohibirá y perseguirá brutalmente las “terapias de reversión”, es decir, la libertad de que un padre pueda buscar ayuda y orientación para combatir situaciones de infelicidad o anormalidad de su hijo menor o adolescente cuando éste manifiesta confusión o depresión respecto a su sexualidad. La ley arrebatará a los padres –pongo un ejemplo- el derecho a ayudar psicológicamente al hijo varón de 10 años que como consecuencia de la abrasiva publicidad sexual y de los “talleres” en manos de comisarios LGTB que infestan las escuelas, manifiesta tormento, confusión o repudio respecto a su identidad sexual natural y biológica.

A la sustracción de los menores que protagonizará el Estado y cuya finalidad será entregarlos a la ingeniería social, la ley de eutanasia, siguiendo el modelo holandés que permite eutanasiar a menores de 12 años, abre la espita para evolucionar a situaciones donde la angustia o la depresión del menor puedan llevar, en el futuro, a formular normas que amparen y desarrollen la eutanasia de menores por desacuerdo hacia su sexo. Los eutanasiados serán aquellos que puedan oponer resistencia a la turbamulta de contenidos educativos con “perspectiva de género” (el hombre es criminalizado por tener pene y la mujer empoderada por tener vagina), y que se adentren en estados de alteración mental o trastorno a consecuencia de la aplastante apisonadora LGTB del transgenerismo (que subordina el sexo a la voluntad mental y no a la biología). Alegando una discapacidad mental o un trastorno demente, el menor podrá ser eutanasiado.

Bélgica y Holanda contemplan el suicidio asistido para menores de 12 años en base a enfermedades incurables, terminales o de dolor grave, y mediante autorización paterna y certificación médica. Los supuestos de eutanasia previstos en las leyes belga y holandesa, paridas en los primeros años 2000, han evolucionado desde las situaciones de enfermos crónicos o terminales para las que se “previeron” hasta la actual situación donde la depresión, la soledad o ser mayor de 70 años son causas legitimas de solicitud de la muerte a la carta. En muchas ocasiones no es la voluntad del anciano, del discapacitado o del enfermo, sino la de sus hijos o la del médico, la que determina el pasaporte a la muerte. 

Los menores también sufren la administración de la muerte inducida en un ambiente donde las vidas heterosexuales, cristianas, resistentes a la ideología de género o necesitadas de especiales cuidados paliativos, son desechadas y animadas a morir por un sistema que monitoriza perversamente a la sociedad en las ideas eugenésicas y biopolíticas que lanzan a la basura la civilización cristiana, y que tienen una inspiración masónica y maltusiana. La primera normativa eutanásica europea moderna fue propuesta en 1978 desde las logias masónicas francesas, y su lanzamiento coincidía con la celebración del “club de Roma” en 1970 donde se esbozó la necesidad de reducir drásticamente la población mundial para afrontar el nuevo siglo. Un apetito que encaja perfectamente con las ambiciones de David Rockefeller o Bill Gates, los grandes eugenistas y proclamadores del necesario control demográfico mundial.

Los menores de edad españoles van a sufrir no sólo el hurto por el Estado y la escolarización adoctrinadora de la nueva ley anti-educativa, sino también un futuro social en el cual una repudiable ley de eutanasia aprobada en las navidades españolas de la muerte y la ruina del 2020, les animará y lanzará, como sucede en Bélgica u Holanda, a la infelicidad, la depresión y la muerte.  Se ha instalada en el ordenamiento jurídico español un huevo de la serpiente que abrirá la espita futura para que la vida de niños trastornados y confundidos por el asqueroso adoctrinamiento sexual, puedan sucumbir al desencanto y la muerte inducida.