¿Pinta algo el payaso psicópata de La Moncloa? ¿Y La senil Momia de La Casa Blanca? ¿Los presidentes o jefes de Estado occidentales gobiernan realmente sus países? ¿De verdad tienen algo que decir? O en cambio, ¿se hallan bajo el influjo, la presión o la influencia de grupos o lobbies transnacionales cuyo poder financiero supera con creces al de los Estados y que, en Occidente, tienen en sus manos el futuro de los políticos y las economías de los países que dirigen?

Satanocracia

Cómo funciona el diabólico "sistema", satanocracia ( José Antonio Bielsa) pues, y por qué un pequeño número de actores perfectamente identificados puede devastar cualquier nación del planeta y controlar su economía, someter a los gobiernos, hacer que se elija o se fusile a un presidente, decidir sobre la paz o la guerra según sus intereses, imponer sus liberticidas leyes y normas guardando las formas y las apariencias, hacerse con el control de los mass mierda más influyentes, lavar completamente el cerebro a la opinión pública ( preferentemente mediante inducidos traumas), controlar una parte señera y más que suficiente del poder ejecutivo, legislativo y judicial...y larguísimos etcéteras.

Follow the money, follow the power

El siguiente documental anglo-holandés (Monopoly, follow the money: pudiendo activar los subtítulos en español), tres cuartos de horas no más, enlazado al final del siguiente artículo, nos desvela los primordiales entresijos y embrollos y misterios del gran "teatro" occidental de forma muy sencilla, describiendo la situación tal y como de desarrolla hoy en día.

Mostrando las instituciones que de verdad controlan las finanzas occidentales y ostentan la mayor parte del poder financiero, poniendo de manifiesto los inextricables e indestructibles vínculos que unen a todas estas funestas instituciones.

Siguiendo siempre la pista de la pasta. Follow the money, follow the power. Y consumando la "feliz, verde y digital globalización" prometida. Hacia el Gran Reajuste (Great Reset), y más allá, hacia las estrellas, Con farsas plandémicas (y otras: climáticos, digitales...) como inmejorables pretextos. En fin.