La deriva del mundo actual, como les venimos diciendo desde hace años, es la lógica cuando se camina sin rumbo moral, movidos por puros instintos y vicios, y liderados por la peor y más infame casta política de la Historia. Cada día se suceden episodios que demuestran cómo Sodoma y Gomorra son el referente del pasado para los pervertidos y degenerados que se han ido instalando en las instituciones públicas. 
 
Con el arco iris sodomita ya de fondo, esta semana hemos sabido que un triste funcionario, probablemente en una ventanilla llena de roña, será el encargado de realizar el "cambio de género" de los niños que deseen llevar a cabo ese disparate. Niños desde los 12 años, con "tutela judicial", podrán pasar de llamarse Julita a llamarse Marcelo, o de Alejandro a Mari Tere. A partir de los 16 años de edad, podrán ir ellos solitos a apuntarse.
 
En este manicomio global que los progres han construido, no hay nada natural que permanezca en su estado original, porque todo en sus atormentadas mentes es un intento de reconstruir el mundo. Convertir a los hombres en mujeres y a las mujeres en hombres, y que cualquiera se pueda casar con su gato o con una lámpara, y pueda adoptar a su mascota y convertirlo en heredero universal de sus bienes. Cuanta más estridencia, cuanto más demencial, cuanto más contrario al orden moral natural, mucho mejor para la progresía universal.
 
Por si fuese poco con esta barbaridad perpetrada por el gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, esta semana el Parlamento Europeo ha definido el aborto como un "derecho humano", acabando de facto con el derecho a la objeción de conciencia que hasta ahora esgrimían los médicos con conciencia para no cometer el crimen cobarde del aborto. Desde ahora, gracias a esta nueva atrocidad que nos llega desde Bruselas, los estados podrán legislar desde esa perspectiva cruel que condena a muerte a millones de niños indefensos en el vientre de sus madres.
 
Poco puede añadirse que no hayamos dicho ya sobre la gravedad del crimen del aborto. Con diferencia, el más cruel, el más cobarde y execrable de cuantos puede cometer un ser humano. Pero si terrible es la constatación social de ese crimen, casi aún peor es ver cómo las instituciones públicas se llenan con la sangre de los inocentes. Cómo esas "respetables señorías" de casi todos los partidos políticos (sólo Vox y el PP se alejaron del voto mayoritario) "trabajan" para la muerte y el crimen pagados con el dinero de nuestros impuestos. 
 
Una vez más, como católicos, sólo nos queda pedir amparo y misericordia a Dios, y que sea Él, con su poder absoluto, Quien enderece el rumbo de esta Humanidad a la deriva. El hombre, lleno de soberbia, despreciando la autoridad divina, se ha empeñado en el suicidio colectivo y no parará hasta conseguirlo. Pero al menos, aquí seguiremos unos cuantos para pelear para evitarlo y para ser notarios de lo que está pasando.