Ruin y falsa es aquella que pretende convertir en delito el piropo elegante y traga que le digan que tiene el coño como una mesa. Eso mentaron a la tonta del bote, la de la ascensión fulgurante, ministra de tres al cuarto, de fama constante, delirante, trepadora indignante. Habría que preguntarse de dónde salió la demencia no diagnosticada de seres incongruentes, de acémilas prepotentes, hipócritas inútiles de méritos truncados pero de insana suerte, hijas de mozos de carga en plena democracia cuando oportunidades hubo para estudiar y no hacer el vago. Habría que indagar qué aqueja a la ministro de Igual nos da y cerciorarse de que no es contagioso, así tratar prontamente a los cachorros, pobres cobayas, que la verdadera maternidad no es parir con propósito sectario, multiplicando la generación como plagas para manipular la infancia y que salga un jorobado radical a vivir del cuento destruyendo España. La prevención es necesaria con el fin de evitar perjuicios cerebrales como son notables en esta fresca del barrio que se rebozó en la humillación y disimuló la indecencia, pues ¿no bastaba hincar los codos para ser más lista, cuando se desolló las rodillas de tanto fregar al lado del macho alfa y cepillarse las asignaturas de clases particulares en baños de pub por aquello de refrescarse? El coño como una mesa... y se ríe la muy fresca. 

 
El coño como una mesa y la hipócrita que se lo traga todo, pero todo, ríe el atrevimiento del progre de turno y se quita la máscara de manipuladora retorcida, comunista parasitaria que le importa un bledo la mujer pero no llenarse los bolsillos de cuentista sin honra, a saber qué se mama en un casoplón ganado a pulso ejerciendo de pura...  Porque pura y cándida pretende la apariencia pero a ésta se le conoce fama de verbenera por aquello de responsable de su boca que no de su verbo dicharachero, ora radical ora condescendiente con los de la misma ralea. 
 
Qué tendrá en el subconsciente la que se sospecha que está ida, como lucubra Losantos, qué tendrá la tertulia que insinua el coño tan grande como una mesa, quizá irónica alusión a su meteórica carrera como aventajada discípula. Porque aludir un coño como una mesa no sugiere evento natalicio sino juerga de fornicio. Así lo entiende cualquier hijo de vecino que cala a la orgullosa como ridícula ventajista. Sabemos de dónde viene y cómo pasará a la historia de España, ésta solo se engaña a sí misma. 
 
Necesita urgentemente un repaso. Sería necesario examinar ambas cabezas por si de tanto usar el bajo cerebelo se subiese algo malo al cerebro, quizá la no aceptación de lo que se es, que con claro síntoma de falta de lubricación, llámese inteligencia, puede haber creado un complejo destructivo pues no debe de ser agradable levantarse un día, verse en el espejo y reconocerse el coño como una mesa y los méritos propios como un taburete.