Sr. Director:

    Primeramente convengamos admitir lo que parece evidente, a saber, que la política de Defensa se dicta en España a impulsos de filias y fobias, y que basta cualquier minucia para que se tomen medidas tan drásticas como dimitir a quien se ha elegido, se supone por su preparación, para dirigir nada menos que la estructura operativa de las Fuerzas Armadas y el mando del Estado Mayor de la Defensa. Que no debería ser igual que echar a un ministro para poner a otro en su lugar.  

    ¿Por qué han dimitido al general Miguel Ángel Villarroya si estaba en el plan que elaboró el Ministerio de Defensa, y es de pura lógica que el Jemad, por la responsabilidad de la función que asume, deber ser de los primeros en ser vacunados contra la covid? El caso es grave, y lo de menos es que el general se haya puesto solemne asumiendo que él es quien dimite para “no perjudicar la imagen de las Fuerzas Armadas”… Para no perjudicarlas ¿de qué?, general.

    Inmediatamente, firme y en primer tiempo de saludo se ha puesto el almirante Teodoro Esteban López Calderón, que con el beneplácito del Gobierno PSOE-Podemos, auxiliado por los rufianes separatistas y los ex terroristas vascos, porque de cualquier otra forma ya hubiera caído, ha sido nombra como nuevo Jemad.

    ¿Llegarían a Jemad los que han llegado si la elección la hicieran sus compañeros en función de las capacidades y de la formación del elegido, que es lo que tampoco ocurre en el Poder Judicial? Admitamos que no. Que es algo así como “la prueba del algodón” en el caso del ex Jemad José Julio Rodríguez, hoy ordenanza del Vice.