Grabada para la posteridad quedó aquella intervención de Julio Anguita en que reivindicaba la confianza en las urnas para el político honrado, aunque militara en un partido de la "ultraderecha". Ya sabemos la costumbre socialista y comunista de etiquetar cuanto es susceptible de posterior y pública anatematización; es como un instinto genético que va asociado con la falsedad, la envidia y el arribismo que la mediocridad del espíritu impide reconocer, además de la avaricia por apoderarse de los recursos del Estado para propio beneficio. Dios los cría y ellos se juntan, aunque luego se aniquilen cuando escasea el botín. 
 
Siendo ultraderecha todo lo que contraviene el dogma totalitario de la siniestra o ultraizquierda, no dejó de tener mérito aquella confesión frente a la bandera republicana que presidía la mesa de conferencias. 
 

Al margen de los pareceres ideológicos la prevalencia de los valores personales ha de dignificar al político de raza, cuyo destino está ligado a procurar una mejor convivencia social con intenciones constructivas y entrega incondicional en el empeño. Cuestión aparte es que en el cariz ideológico-salvo honrosas excepciones-la izquierda sea exponencialmente hipócrita y desarraigada de las disquisiciones de la conciencia por fomentar el instinto de la depredación, a costa del engaño sobre los ignorantes que los nutren en las urnas, cuando no se mantienen en el poder a base del fraude electoral. 

 
Puede decirse que no hay legitimidad, aunque parezca ingenuo, en los politicastros que se sirven del sufragio universal para luego conculcar los programas electorales, tal y como hizo el engañador consumado de la estafa pólitica y personal Pedro Sánchez introduciendo la minoritaria peste podemita en el secuestrado Gobierno de España, entre otras muchas baladronadas de carácter delictivo. 
 
Contradicciones morales también ha pretendido Inés Arrimadas abismando, con patético oportunismo, a Ciudadanos en un precipicio de incongruencia que supondrá la tumba definitiva de la formación naranja. Y parte de ese enterramiento afianzará a Toni Cantó como político independiente en la lista electoral de Isabel Díaz Ayuso para la reconquista de Madrid.
 
 Nada que objetar puesto que desde su discurso siempre coherente y la demostración de sus honrosas obras, el tiempo ha demostrado que Cantó era un valor añadido en la resta generalizada de los vaivenes estratégicos de un partido que no supo aprovechar la confianza de sus afiliados y simpatizantes. Pues no solo las alabanzas se mantienen en cuantos no volverán a votar a Ciudadanos, sino que también su trabajo se reconoce siendo un escaparate de leal intención en el ruedo político. Sin duda que con este golpe de efecto el PP se procura no depender de VOX para gobernar Madrid, esperando el trasvase de votos de cuantos seguirán incondicionalmente al político de raza, milite donde milite. 
 
Estrategias al margen, la condición personal y la evolución política de Toni Cantó son tan naturales como artificiosas en Fran Hervías. Nada que ver. Porque Toni Cantó respecto a Díaz Ayuso no representa la fugitiva espantada de Fran Hervías respecto a Pablo Casado, se marcan las diferencias entre una persona que ha demostrado dignidad y honra desarollando una pulcra actividad como diputado y el otro que es uno de los responsables de la debacle de Cs. La diferencia entre acoger un valor seguro y recoger un lastre residual marcará estos próximos comicios en la Comunidad de Madrid y pesará factura a Pablo Casado en las Elecciones Generales. Se da la paradoja de que los votantes confían en Ayuso tanto como recelan del PP. Al fin y al cabo los bandazos de Casado pueden ser perfectamente comparados con los de Arrimadas.  Es más, la previsible victoria de Ayuso marcará distancias respecto al poco entusiasmo que despierta un secretario general que no convence y que probablemente esté amortizado después de errores de bulto que no excusan muchos votantes de los populares. 
 

Hay más credibilidad con un Toni Cantó rescatado a propósito para dar la batalla en Madrid contra esa izquierda carente de honra que siempre tiene a sus incondicionales prosélitos, así los mientan y delincan sin límite. Y se le necesita cuando el candidato sanchista Ángel Gabilondo ha expresado su rechazo a formar gobierno en Madrid con la caterva podemita. Un calco de Pedro Sánchez para que se baje la cerviz y facilitar la puya. Se sirven del engaño para convencer a los ignaros que quizá adolecen de la misma tibieza moral que representa rastreramente el sanchismo. Cantó es un contrapunto de veracidad frente a la ruina socialcomunista que porfía para hacerse con Madrid, quebrantando las resistencias que evitan la destrucción total de España pretendida por Sánchez y sus cómplices tabernarios. 

 
Aunque sería mejor un apoyo de VOX para que Ayuso no sucumba a los cantos de sirena del progresismo desintegrador con el que no disimula afinidades, bienvenido sea Toni Cantó para poner negro sobre blanco en la liza política. España no puede perder un político de talla y honra como las de Toni Cantó, allá donde decida estar.