Durante años, hemos tenido ocasión de constatar que la supina ignorancia, la malvada intolerancia y esa falsa superioridad moral con la que se autocomplace, ha llevado a la extrema izquierda -comunistas, golpistas, filoterroristas, anarquistas, separatistas, falsos ecologistas, animalistas y populistas- a caer en las más absolutas incongruencias.

Sabíamos, pues lo hemos vivido en carne propia, que ese tan manido concepto de “libertad”, que habitualmente manejan y utilizan como bandera, no dejaba de ser una falacia, toda vez que la única libertad que entienden estos tipos es “su libertad”, mientras que la del resto tratan de ponerla en entredicho, cuando no limitarla o eliminarla en todas las ocasiones que han podido. Es decir, o piensas como ellos o, simplemente, no puedes pensar.

Esta es la única “libertad” que pretenden propiciar estos siniestros individuos y, así, todos aquellos que se opongan a sus dictados, que no comulguen con su ideología sectaria, están condenados y deben ser perseguidos a muerte y lo digo de forma literal ya que, no hace muchos días, escuché a una perversa separatista catalana aludir en televisión, sin recatarse lo más mínimo, a que había que echar de las calles “a pedradas” a los que ella considera “fachas” y, por lo que yo sé, la lapidación, que es exactamente lo que preconiza esta malnacida, era una forma como otra cualquiera de ejecución en otros tiempos y otras culturas.

A todos estos “amantes de la libertad” los conocemos bien y los recordamos de nuestros años de estudiante en los que, bajo cualquier pretexto, en muchos casos con argumentaciones de lo más peregrinas y siguiendo los dictados de los jefecillos que se ocultaban en las sombras, cualquiera de estos individuos convocaba una huelga que había que secundar si o si, so pena de que, si te negabas, haciendo uso de tu libertad, quedases marcado, te señalasen con el dedo y, a partir de ese momento, te colgasen el sambenito de “facha” que sigue siendo el que más les gusta utilizar a la hora de desacreditar al adversario.

En más de una ocasión, debido a mi profesión, tuve que hacer frente a estos intolerantes que, amparándose en “su libertad”, pretendían conculcar la de los demás sin recato de tipo alguno. Ejemplos hay muchos, sin embargo, no hay más que ver lo sucedido en las recientes elecciones catalanas, lo mismo que sucedió en las vascas y gallegas del pasado verano, para darnos cuenta de que aquí, o piensas como ellos o como poco te avienes a sus dictados y bajas la cerviz, o, de lo contrario, estás condenado.

No olvidemos que si alguien osa reventar uno de sus actos -cosa que no suele suceder-, el que se atreve a hacer tal cosa es de inmediato tildado de “facha, perteneciente a la extrema derecha que solo pretende conculcar la legítima libertad de expresión”; en tanto que si son ellos los que boicotean o revientan un acto, entonces, incluso la prensa, benévolamente, los define como “un grupo de jóvenes antifascistas”.  

Durante los primeros meses en los que el maldito “chinovirus” comenzó a hacer mella en nosotros lo pensé varias veces, ¿qué habría pasado si en lugar de gobernar España los socialistas y comunistas, lo hiciese un partido de derechas? Estoy seguro de que las calles estarían incendiadas, clamando por la libertad para exigir que las autoridades “fascistas” respetasen nuestros derechos inalienables. Sin embargo, no fue así y siguiendo las instrucciones de “arriba”, todos se mantuvieron sumisos y callados, sin que se registrase, por parte de esta miserable caterva de individuos, protesta de tipo alguno pese a que nuestros derechos y libertades se vieron conculcados de manera fragrante.

La mejor prueba de todo ello la tenemos en la situación de desórdenes que estamos viviendo en estos días, en varias ciudades, por el encarcelamiento de un delincuente que, como cualquier otro, sea del partido o de la ideología que sea, si ha conculcado las normas debe pagar por ello. Pues bien, como quiera, y así se está viendo, que este individuo es afín a la ideología de los populistas, estos no se recatan en echar a sus mesnadas a la calle para sembrar el caos en nuestras ciudades exigiendo libertad contra lo que ellos llaman la represión fascista. Incluso, alguno de los miembros más destacados de la malvada “podemia” ha incitado y se ha complacido de la actuación de esta gentuza, alabándolos por medio de las redes sociales. Es de esperar que se tomen medidas legales contra este malsano individuo de aspecto siniestro.  

Sin embargo, hete aquí que, estos mismos defensores de “la libertad”, esos mismos que incendian las calles siguiendo los dictados de sus superiores, son los mismos que secundan las acciones liberticidas de esos que pretenden dirigir el mundo desde ignotas instancias, preconizando el “reseteo” de nuestra sociedad, erigiéndose en fieles defensores del nuevo orden mundial, tratando de eliminar a todo aquel que no se someta a los dictados que marcan las oligarquías capitalistas y comunistas que mueven los hilos desde las sombras.

Un ejemplo de esta nueva postura intolerante de la extrema izquierda, la encontramos tras el anuncio hecho por el nuevo monarca gallego de hacer obligatoria la vacunación, encima con la vacuna que él considere más adecuada, so pena de sanción administrativa, o de identificarnos con nombre, apellidos, DNI y número de teléfono si pretendemos entrar en un bar a tomar una copa de vino. Dos medidas claramente anticonstitucionales y que atacan el concepto más primario de la libertad, al más rancio estilo hitleriano-bolchevique-bolivariano-fascista.

A la vista de estos dislates, algunos colectivos, defensores de la libertad real, a esos que la prensa pesebrera, bien pagada por los que mandan, tildan de “negacionistas”, pretenden manifestarse el sábado, día 20 en Santiago, para protestar y denunciar estas medidas liberticidas que atentan contra nuestros derechos más elementales.

Pues bien, resulta que, tras conocerse esta convocatoria, toda esta caterva de separatistas, populistas, comunistas, etc., los mismos que claman porque se retiren todos los recuerdos de los tiempos del gobierno del General Franco por constituir vestigios de una dictadura; los mismos que exigen libertad para terroristas, golpistas y delincuentes, argumentando que quien los encarcela son los poderes fascistas, estos mimos han puesto el grito en el cielo, convocando una contra manifestación para frenar a los que también tildan de “fascistas” pese a que su único objetivo es, precisamente, poner freno a la salvaje dictadura del monarca gallego, con el apoyo de sociatas y bloqueros separatistas.

Yo he vivido en los años del gobierno del General Franco y he de decir que ni siquiera, con ocasión de algún estado de excepción, me he visto privado de mi libertad de movimiento ya que podía salir a la calle y abandonar mi ciudad caso de desearlo. Tampoco me exigieron poner vacuna alguna y, por descontado, no tenía que identificarme para entrar en un bar cuando me diese la real gana. Sin embargo, para esta malvada caterva de miserables, aquello era una férrea dictadura.

Cuantas falacias nos han inculcado estos malvados que han tergiversado la historia con la connivencia, siempre interesada, de docentes mediocres y de medios de comunicación mentirosos, todos ellos debidamente gratificados por la todopoderosa izquierda.

Sin embargo, lo que no alcanzo a comprender es como se puede llegar a ser tan canalla y miserable para aplaudir y secundar medidas dictatoriales como estas que se pretenden implementar al más rancio estilo hitleriano y, sin embargo, tildar de “fachas” a los que protestan contra ellas en defensa de la libertad individual. Las incongruencias de la extrema izquierda, toda una constante en su penosa y malvada historia que pone, una vez más, de manifiesto los oscuros hilos que mueven su trama.

José Eugenio Fernández Barallobre.