Kroos y Modric, gobernantes como antaño en muchas fases del reto, y de un Marcelo más auténtico. Y del nuevo florecer de Asensio, clave en el despegue último del Real Madrid.

La tuvo Bale, que no aprovechó la babélica relación entre el meta Neto y su central Garay. Y la tuvo Rodrigo, con un disparo desde el balcón del área para el que el cuadro visitante le concedió todo un observatorio. El duelo era ambulante hasta que dio un vuelco de la forma más inopinada. Resulta que al cazador de contras le pillaron en una contra. De un córner favorable, el Valencia se vio en un renuncio parvulario. El despeje de Bale llegó a Cristiano, que metió el turbo con Marcelo a su izquierda y Benzema a la derecha. Sin los piquetes adecuados y desorientados los muchachos de Marcelino, el luso hiló con el brasileño, éste con el francés y cuando CR iba a poner el punto final le anudó Montoya. Penalti sí o sí. No falló CR

Un geométrico cambio de juego de Kroos a Carvajal propició un centro del zaguero para Benzema, atropellado por Montoya, otra vez en el foco arbitral. El colegiado decretó que la carga era penalti.

El Madrid otra vez desnortado y chato en un segundo tiempo. Con sus distinguidos delanteros fuera de lugar, incapaces de dar un respiro a los suyos, de estirar al equipo. Esta vez lo advirtió a tiempo Zidane, que retiró a Bale justo tras la mejor jugada del galés en toda la tarde.

De nuevo el partido fue de Modric y de Kroos. Y regresó Marcelo, autor de un golazo tras una doble pared con Asensio. No menos golazo fue el de Kroos tras otra pared entre el brasileño y el balear. Un broche magnífico.