El traspaso masivo de inmigrantes ilegales a la península desde las islas Canarias está marcando buena parte de la agenda protoinvasora que el gobierno actual promueve como fin de su política de hechos consumados destinados a destruir los barrios populares e insertar en suelo español la quinta columna islamizadora.

En los últimos días se ha producido la sonora llegada a Granada, Sevilla, Valencia, Alicante o Zaragoza de miles de magrebíes tripulados en aviones, previamente acogidos en hoteles canarios de cuatro estrellas a razón de más de 300.000 euros diarios, y dotados de pasaportes falsos, certificados de empadronamiento fraudulentos y salvoconductos oficiales dados por el ministerio del Interior para permitirles viajar a la península. Ello ha permitido que España esté convirtiéndose en el arrabal de África para mayor gloria de regímenes que, como la monarquía de Marruecos, vacía cárceles para enviarnos parte de sus súbditos delictuosos a España.

La realeza marroquí hunde la garra de sus beneficios empresariales como la quinta mayor fortuna de África y poseedora del mayor grupo accionarial del continente, con una liquidez  personal estimada en más de 5000 millones de dólares. Para cimentar ese poder y agrandarlo requiere de eliminar a los súbditos marroquís jóvenes, que merman las arcas públicas que Mohamed VI absorbe para él y su cohorte pues además, y al ser jóvenes, podrían estar predispuestos a un futuro alzamiento civil como consecuencia de la pobreza social cada vez mayor. La mejor manera de evitar, en el interior del país, a esa columna social molesta para el rey de Marruecos y sus intereses, es enviarla masivamente a España y hacerlo, además, cuando el actual gobierno español es el más débil y enemistado con EEUU de los últimos 40 años.

Cuando hace un año, en diciembre de 2019, Marruecos se atribuyó como propias las aguas territoriales canarias en un proyecto de ley, sin que España lanzara una respuesta firme y contundente defendiendo su jurisdicción, el monarca marroquí supo que podría avanzar más grados en la trituración de la integridad territorial española y en la consecución del “califato” mahometano al que aspira absorbiendo Canarias, Sáhara, Ceuta y Melilla.

La hostilidad manifiesta de EEUU contra España a consecuencia del filosocialismo bolivariano defensor de Morales y Maduro por parte del gobierno de Sánchez e Iglesias, así como el insulto permanente contra Trump, pusieron a España como enemigo europeo número uno del gobierno estadounidense. Sabedor de semejante estado de cosas, Mohamed VI, aliado preferencial de EEUU en el estrecho de Gibraltar ante la nulidad de España, puso en marcha su plan de chantaje y extorsión a España que le ha llevado a obtener de EEUU el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.

No hay mejor aliado para la monarquía marroquí que un comunista español que viene a satisfacer los intereses antiespañoles e islamistas. Pablo Iglesias adoptó un juego que sabía que iba a favorecer la invasión migratoria, y que además, supondría engrandecer a Marruecos mediante la entrega del Sáhara. Por ello, desde que comenzó la nueva guerra de Marruecos con el Frente polisario, Pablo Iglesias apoyo al Polisario; sabía perfectamente que al hacerlo Marruecos adoptaría medidas de fuerza que ya había anunciado: la anexión del Sáhara y el envío masivo de inmigrantes africanos desde las costas marroquíes a España.

De este modo, Pablo Iglesias metía en la línea de flotación de la soberanía nacional un misil anhelado para avanzar en el destrozo de la integridad de España y su identidad: la invasión inmigrante, y una amenaza musulmana sobre Canarias, Ceuta y Melilla agigantada por la anexión del Sáhara.

Que haya medios y gentes que carguen las tintas de la condena contra el gobierno de EEUU por haber reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara es inocente e inacertado. Ha sido el gobierno español, y su rector ideológico Pablo Iglesias, los promotores de semejante reconocimiento. José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Baltasar Garzón, sostenedores de la validación internacional de los socialismos antiamericanos de Venezuela o Bolivia, no han hecho más que encabronar a Donald Trump y que éste alinee al costado de EEUU a un aliado que aunque déspota y corrupto –Marruecos- es leal a los intereses de EEUU, al contrario que el gobierno español.

España podrá vislumbrar en su horizonte la estrategia socialcomunista que a medio plazo supondrá legalizar a todos los inmigrantes ilegales hoy pululantes por las calles de la península traídos desde Canarias.

Marlaska, que cínicamente negó los traslados en avión a España, que luego –cuando fue pillado en la mentira- habló de “traslados esporádicos”, y que ahora mete a todos los ilegales en el saco de los pobrecitos “refugiados”, busca con ello sondear a la opinión pública, manipularla y moldearla para regularizar masivamente a todos los ilegales pretextando su falsa condición de “refugiados” huidos del hambre y la guerra.

El término inmigrantes “ilegales” ha desaparecido del vocabulario de todos los partidos políticos del consenso progre –PP PSOE Ciudadanos Podemos y separatistas-. Lo ha hecho porque el Pacto de Marrakech suscrito por Pedro Sánchez en 2018, e incluido en la globalista “Agenda 2030”, no distingue entre legales e ilegales sino que pretende considerar a todos como “migrantes” en condición de atención humanitaria y de asistencia prioritaria, y por tanto merecedores de una regularización masiva pretextando la falsa condición de huidos y refugiados. El gobierno español está de lleno en esa tarea de blanquear la invasión inmigrante.

No puede decirse que no esté teniendo éxito palmario, dado el monopolio de todos los grandes medios de comunicación y la anestesia acrítica a que ha sometido al pueblo español. Entrevistas- masaje como la ofrecida al presidente Pedro Sánchez por Pedro Piqueras hace unos días demuestran el grado de sumisión perruna de las élites empresariales mediáticas de este país a la agenda ideológica de este gobierno y del gobierno trasnacional y globalista de ese “talismán” progre intervenido por intereses corporativos financieros y empresariales llamado Organización de Naciones Unidas, erigido en verdadero gobierno mundial.

Desde luego, el guión hispanicida e islamófilo de la izquierda española en plena concordancia con la ambición globalista de la Agenda 2030 y la ganancia que de ello experimenta el asqueroso reino de Marruecos, están cosechando sus éxitos a pasos agigantados.  Dentro de poco todos los inmigrantes ilegales en suelo español serán regularizados, porque así lo quiere y manda la cumbre de Davos, la Agenda 2030 y porque así lo anhela la izquierda antiespañola y anticristiana que además encontrará, a futuro, generaciones de futuros votantes ya nacionalizados, pegados al subsidio clientelar y atrapados por la red del voto cautivo.