En su moción de censura, VOX se ha batido contra la degradación sistemática del Gobierno socialcomunista. Ha perdido, como era de esperar, pero ha conseguido muchas cosas; entre ellas quizá la más importante: que todos han podido convencerse de que tras la máscara del actual PP se esconde la ignominia más absoluta.

Por un momento, un soplo de esperanza alentó a los españoles de bien. No importaba perder, si en algunos de los actuales parlamentarios se mostraba al menos la intención de ponerse del lado de la razón, contra las aberraciones del frentepopulismo. Pero la casta política que nos ha traído hasta aquí ha vuelto a demostrar -con el PP a la cabeza-, una naturaleza ruin, irrecuperable; y que la destrucción de España no ha sido por casualidad, sino consecuencia de su malevolencia y su ceguera sistemáticas.

Nada más anunciar el PP su «no» a la moción -un «no» previamente solicitado por sus amos socialcomunistas-, éstos anunciaron su «disposición» al pacto, es decir, a repartirse amigablemente el CPJ. Lo cual indica que el envite del Gobierno respecto a dicho asunto era un mero chantaje más, de los innumerables que han aceptado los peperos con humildad monacal y melifluo servilismo.

Montesquieu, asesinado por el socialismo felipista en la ya lejana década de los ochenta, ha corroborado hoy que las posibilidades de renacer en España son inexistentes mientras esta patulea y sus cómplices nos gobiernen. La terrible crisis que nos sobrevuela, y que irá desplomándose paulatina y velozmente sobre nuestras cabezas, le importa una higa al frentepopulismo, retratado de modo llamativo y ostentoso en un manifiesto esclarecedor, que tiznará al PP de abyecta complicidad durante el resto de su vida, que esperemos sea corta. 

Es difícil, hoy, tras escuchar el inaudito discurso de Pablo Casado, evitar la sospecha de que el PP es la cara B de Soros en España, el recambio para cuando falle la cara A, porque allá arriba, donde esa amalgama de oligarquías financieras y socialcomunismo muñe los preceptos globalistas, se han hecho con las riendas de nuestra patria, mediante instrumentos que han saltado de pronto desde el pisito de Vallecas a las dachas serranas, o desde la insignificancia personal y cultural a la presidencia de un gran país como el nuestro.

En unas pocas horas de intriga con los poderes fácticos pueden hacerse y deshacerse fortunas y destinos, incluso socavar los cimientos de una nación milenaria, tratando de derribarla, porque estamos en el umbral de una nueva visión del mundo, impensable hasta hace pocos años y negada por los incrédulos hasta hoy. La moción de censura, retratando al frentepopulismo por mor de su manifiesto, y al PP por mor de su discurso presidencial, no ha dejado ya lugar a la duda, incluso para los no muy despiertos. 

Sin embargo, es posible que buena parte de los españoles aún no quiera enterarse de lo que está sucediendo, y se consuele con acabar las migajas que aún le quedan. Que no se percate del trágico espectáculo en el que como meros figurantes participan. Pero allá ellos, si esperan el desastre ocultando la cabeza bajo el ala, porque la llaga existe, está ahí, a la vista de todos. Y pueden meter los dedos en ella, para comprobarlo, mientras sea tiempo, antes de que ellos mismos, empezando por su vientre y su cabeza se transformen en pura llaga, en patética ruina y descomposición.

En fin, VOX, el único partido democrático útil que tiene España hoy, ha cumplido con su responsabilidad política, es decir, con su deber y su compromiso, en valiente y digna soledad. Frente a los culpables de nuestra ruina social, cultural, política, institucional y económica, se ha erigido como un referente político firme, capaz de desenmascarar abominaciones, engaños y falsas promesas cargadas de catástrofes.

Ya no es honrado, pues, especular con que no hay alternativa al desastre, porque VOX, a la vista de todos, ha dado voz a la mitad de los españoles, como mínimo, y lo ha hecho con gravedad y vigor, ante la perversión moral representada por el manifiesto -es imprescindible repetirlo- frentepopulista, y ante la inexplicable -para algunos incautos- vileza del PP. Y con su voz ha alzado símbolos de esperanza, nuevas posibilidades creadoras y de conducta frente a los que tienen aprisionada a España.

Contando con una sociedad civil de espíritu libre, con una intelectualidad auténtica y con VOX como referente parlamentario, se pueden y se deben hacer cosas nuevas, regenerar el tejido social, enfrentar a la casta política con sus contradicciones, con sus insidias, con su odio y su deslealtad hacia España, porque sintiéndonos ciudadanos libres, está en nuestras manos la libertad.

La moción de censura de VOX ha sido oportuna y necesaria. Y fructífera, por esclarecedora. Ha opuesto la grandeza a la ignominia; la España unida y libre a la antiespaña; lo grande a lo mezquino. Ahora, que los dados se han echado, que cada cual elija su as.