Las noticias nos machacan prácticamente a diario con casos de mujeres o niñas desaparecidas, maltratadas, asesinadas y/o violadas a manos de hombres. Todas las cadenas de tv en mayor o menor medida se regodean en la desgracia ajena rozando el amarillismo. Un claro ejemplo es el caso de la desaparición de Diana Quer, que día sí día también aparece en los medios de comunicación en detrimento de otras desapariciones que no merecen menor mediatización y respeto, con independencia de su condición sexual.

Si salimos a la calle y preguntamos a cualquier persona si ha oído hablar sobre la Ideología de Género, la respuesta generalizada es No. Sin embargo, sufrimos sus efectos devastadores todos los días y a todas horas, sin cesar, en cualquiera de sus múltiples formas.

Prácticamente nadie conoce el significado de la ideología de género, aunque paradójicamente, una gran parte de la sociedad es consciente de que algo no funciona en el sistema igualitario que pretenden, o mejor dicho, han conseguido imponernos.

Para quien lo desconozca, la definición de género se conformó en 1995 en la Conferencia de la ONU en Pekín refiriéndose a “las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo. El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad que la situación y roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio: no existen mujeres ni hombres naturales. Así la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta superioridad de uno u otro sexo”.

Dicho esto, comprobamos diariamente el concepto género enclavándolo en el discurso social, político y legal contemporáneo de forma que ha sido integrado en la planificación conceptual al lenguaje.

Para que la gente se vaya familiarizando sin darse cuenta, se utiliza un lenguaje equívoco para poder infiltrarse más fácilmente en la sociedad mientras habitúan a las personas a pensar como ellos.

Mediante la creación de conflictos se va influenciando en la sociedad a través de los medios de comunicación; pongamos como ejemplo el manido caso Quer, en el que no sólo se pone de manifiesto la desaparición de Diana, sino que de un plumazo, la opinión pública tiene información de primera mano de las desavenencias de los padres de la desaparecida y de los problemas psicológicos de ambas hijas. De esta forma se genera una controversia en la que el motivo principal, la desaparición de Diana, queda en un segundo plano y la sociedad se queda con la paja, que en este caso son las desavenencias, denuncias y declaraciones cruzadas de los padres, las hijas y lo más grave del asunto: se desvía deliberadamente la atención del público en favor de la “pobre madre” dejando de lado el sufrimiento del padre, del que apenas se habla y cuando se hace no es de manera objetiva ni benévola.

Es a través de la creación de conflictos donde se llega a la consecución del objetivo perseguido: la manipulación social.

Existen diversas muestras de la incidencia de la ideología de género en la sociedad:

  • En los centros educativos, donde los niños son aleccionados ya desde pequeños mediante el estudio en libros de texto sobre el significado de la violencia hacia las mujeres (sólo hacia ellas) y el uso del teléfono 016, los adolescentes son coaccionados visionando películas sobre acoso (siempre de chicos a chicas), y a las chicas se las alecciona en el victimismo, el miedo y la desconfianza hacia el sexo contrario. Tampoco ayudan a los padres (varones) separados que, en muchos casos, no tienen información sobre la asistencia de sus hijos al colegio, su comportamiento o algo tan esencial como una copia del boletín de notas.
  • En el Deporte: Se ha hecho negocio enseñando a las mujeres defensa personal. Si bien entra dentro de lo racional saberse defender una misma, se confunde con el ansia de venganza y .apología de la violencia femenina.
  • El Comité Olímpico Internacional permitió la participación de transexuales hormonados con estrógenos y testosterona en función de si se trata de hombres que quieren ser mujeres o viceversa.

En el caso de las mujeres es algo más escabroso porque se les permitirá competir bajo tratamiento de testosterona sintética, anabolizante prohibido en el Código Mundial antidopaje. Se descarta el elemento biológico en favor del nivel de testosterona.

Obviamente, nadie se va a poner en contra de quien sufre Disforia de Género, pero es obvio que genera desigualdades y perjuicios en muchos aspectos.

  • En la Moda y Cosmética: Helena Rubinstein siempre estuvo fascinada por la belleza y el poder de las mujeres. Promovía que todas las mujeres debían ejercer el individualismo y la autodefinición para alcanzar la libertad. Se identificó con un grupo de mujeres sufragistas que se pintaban los labios de rojo como símbolo de emancipación. Algo que muchas mujeres del ámbito político han asumido para sí, de tal manera que muchas militantes se pintan los labios de este color en señal de poderío, porque ellas lo valen. También se impone en las tendencias para todas las mujeres en general.
  • En la celebración de días mundiales especiales: El 20 de noviembre se celebra el Día Internacional del Niño (que engloba tanto a niños como a niñas) con el fin de generar conciencia sobre la necesidad de protección especial para la infancia. Sin embargo, recientemente se ha creado por mediación de Naciones Unidas el Día de la Niña cuya finalidad es el de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que confrontan en todo el mundo. Una muestra más de discriminación y empoderamiento hacia la figura femenina.
  • Y como no, en el Poder Legislativo con la aprobación de leyes tan controvertidas como la actual LIVG, la creación de Fiscalías de Delitos de Odio a la que los únicos que no pueden acudir son los hombres heterosexuales o la ley madrileña antidiscriminación LGTBI por poner algunos ejemplos.

Obviamente, todos y cada uno de los habitantes de cualquier lugar del mundo tendríamos que tener los mismos derechos, oportunidades, obligaciones y ser respetados. Pero esa tarea es meramente educativa y de sentido común.

Al igual que nadie desea el mal de nadie salvo que exista un sistema social lo suficientemente contaminado para que así suceda, como es el caso, creando leyes injustas que, lejos de solucionar el problema provocan mayor conflicto social.

Tal y como nos están legislando los hombres son todos unos misóginos egocéntricos y narcisistas asesinos de mujeres, los chicos jóvenes son unos acosadores y violadores de chicas en potencia, las mujeres somos seres inútiles que necesitamos ser protegidas en todos los ámbitos y necesitamos tratos de favor por el mero hecho de haber nacido con sexo femenino y el colectivo lgtbi es lo mejor de lo mejor por haber nacido o, simplemente, por sentirse diferentes.

Como persona que soy, no busco el favor de nadie. Quiero que me valoren por mis aptitudes y mis actitudes, no por mi condición o inclinación sexual, que nada tienen que ver. Algo que, es de suponer, quiere prácticamente el resto de los mortales.

Quienes nos gobiernan y quienes presionan en este sentido han perdido el horizonte de la lógica. No somos iguales, ni hombres, ni mujeres. Simple y llanamente somos complementarios.

Nos han secuestrado nuestras emociones, nuestros derechos, nuestras libertades y nuestras opiniones. Pensar diferente está penado. Algo de lo que, curiosamente, se quejaban antaño quienes ahora dicen buscar la igualdad.