No creo que sea pecar de optimismo, si esperamos que, dentro de un razonable término, podamos regresar a la normalidad en un alto porcentaje de las actividades.

La prudente gestión del gobierno nacional, unida a la colaboración del empresariado y al buen comportamiento de una buena parte de la población, nos permite abrigar fundadas esperanzas sobre el control de la plaga china.

Lo que sí es cierto es que la vida no será igual ni para las personas ni para la nación. Después de enfrentar tan tremenda amenaza, deberemos replantear nuestros propósitos y prioridades, reflexionar sobre nuestro pasado y replantear el camino que nos ofrece el futuro a los que logremos sobrevivir.

Para la Nación, habrá un reto de incalculables proporciones: Recuperar el tiempo perdido durante el confinamiento, reemplazar los millones de empleos perdidos y salvar de la bancarrota a miles de empresas afectadas por la crisis sanitaria.

En dos años tendremos nuevas elecciones para elegir congresistas y Jefe del Estado. Será la oportunidad para manifestarnos sobre el país que queremos. Dos cosas aprendimos: Que todos dependemos de los demás, y que si no participamos en la política, lo harán los que la utilizan para su beneficio personal o para perpetuar un statu quo que detestamos.

No podemos seguir manteniendo en el poder a tanto corrupto que se aprovecha hasta de una pandemia para robarse el dinero de los mercados o de los elementos sanitarios.

No queremos seguir cohonestando con nuestro silencio el crecimiento inusitado del narcotráfico y la impunidad para sus líderes, ahora disfrazados de congresistas.

Estamos hartos de la ausencia de Justicia, con un tribunal, la JEP, que nos impusieron para absolver al terrorismo y perseguir a sus contradictores.

No permitiremos que se siga destruyendo la familia tradicional con ideologías de género antinaturales y extrañas a nuestra idiosincrasia.

Rechazaremos las pretensiones de quienes quieren desmantelar y desmoralizar a las Fuerzas Armadas, el único bastión que nos queda frente a la criminalidad.

No aguantamos más desastres en todos los órdenes de la vida nacional originados en un acuerdo espurio que las mayorías soberanas rechazaron.

Desde todos los confines de la Patria se alzan voces clamando por una gran alianza para la reconstrucción de Colombia, y no seremos inferiores a ese angustioso llamado.