Dos noticias aparentemente sin conexión. Por un lado, el Camp Nou repleto de aficionados alemanes del Eintracht de Frankfurt, quienes han acudido a la Ciudad Condal para asistir a la vuelta de la eliminatoria frente al Barcelona en la Europa League (aunque algunos nos empeñamos en seguir llamando Copa de la UEFA a la competición) y han aprovechado que muchos socios están fuera por vacaciones para 'tomar' el estadio rival. Por otra parte, el reportero de turno de Castilla – La Mancha Televisión comenta que este año hay más asistentes a la Semana Santa de Cuenca que antes de la pandemia, algo seguramente similar a lo que habrá ocurrido en otras ciudades.

 

Sería demasiado exagerado atribuir una mayor asistencia a los eventos religiosos de Cuenca (o de Sevilla o de cualquier otra ciudad española) a un renovado fervor tras dos años de restricciones, aunque no erraríamos si consideramos que buena parte de los socios del Barcelona que dejaron libres sus butacas a los aficionados alemanes pudieran estar de vacaciones por Cuenca o por cualquier otro lugar de nuestra geografía (entre otros motivos, porque a los catalanes no se les cierra la puerta en el resto de España, al contrario de lo que pretende hacerles creer la propaganda secesionista), ya sea por asistir a manifestaciones públicas de fe católica o simplemente por beber cervezas en un entorno ajeno al de su rutina diaria Y es que, entre otros motivos, si las restricciones coronavíricas sentaron tan mal entre buena parte de la población se debió, y se debe en cierto modo aún, a que impedían que el personal pudiera disponer de su tiempo libre como se le antoje. Vamos, que muchísimos españoles podían tolerar sin ningún problema a la casta de oportunistas y parásitos, con independencia de siglas, que nos gobierna, pero eso de que les dejaran sin playa y sin cañas... como que no.

 

No será necesario repetir que tras muchos discursos 'negacionistas', en el fondo, lo único que se esconde es el malestar por no poder disfrutar cómodamente del hedonismo que nos ofrece esta época de mierda en que vivimos; en resumen, el antisistema que protesta por no disfrutar de las presuntas comodidades materiales y de ocio que le brinda el Sistema. Pero resulta muy triste comprobar el olvido respecto a los muertos y la gestión del Gobierno sanchista, con Unidas Podemos como sostén, durante este negro periodo. Hace mucho tiempo que tanto en los parlamentos de todos los niveles como en las conversaciones por todos los canales quedó en un segundo plano el Covid-19. Fatiga pandémica provocada por la saturación informativa, lo justifican algunos, y no sin razón apuntó Juan Manuel de Prada hace un año que esa saturación "sólo actúa disuasoriamente cuando aquello que leemos o escuchamos no queremos que exista". Algunos, pese a todo, seguimos deseando conocer la verdad sobre todo lo acaecido durante los dos últimos años, por ejemplo respecto al origen del virus, y que los responsables de tan nefasta gestión, incluyendo a quienes se aprovecharon de la situación para sus chanchullos particulares, sean escarnecidos públicamente. Que el aparente principio del fin no nos niegue la realidad: en España hemos asistido a una gestión criminal y unas vacaciones de Semana Santa no pueden ocultarlo.