Carta de Steffen Kotré, miembro del Bundestag por el grupo parlamentario de AfD (Alternativa para Alemania).

La calcificación política causada por el sistema de Merkel está ya muy avanzada. Merkel puede decir ahora, libremente, que toma sus decisiones de forma arbitraria. Esto fue lo que sucedió en la conferencia de prensa celebrada después de la nueva decisión de confinamiento el 21 de enero*. Merkel manifestó que esta decisión política no tenía nada que ver con la ciencia.

*Alemania mantiene su confinamiento hasta el 14 de febrero. La hostelería, el comercio no esencial y los colegios permanecen cerrados, y se exigen mascarillas médicas (FFP2, NK95, o las quirúrgicas) en los comercios y el transporte público.

Bueno, la política tiene que decidir políticamente, para eso está. Pero basada en hechos, pruebas y en una amplia y sólida base científica. Y eso es exactamente lo que Merkel no está haciendo. Actúa de forma arbitraria. Su arbitrariedad está ligada al mantenimiento del poder. No le importa la prosperidad, la clase media ni la libertad de los ciudadanos. Solo le interesa que los votantes crean que hizo todo lo que se podía hacer contra el coronavirus. Oculta hechos como, por ejemplo, que la prohibición de los negocios no sirve de nada. Merkel agita la histeria cuando debería dar confianza a los ciudadanos. No adopta medidas eficaces para proteger a las personas en peligro. Así lo demuestran las elevadas tasas de mortalidad en las residencias de ancianos y en los asilos. Y en contra de lo que dice, el sistema sanitario no está sobrecargado. En 2020, incluso se recortaron camas de los hospitales. Así que no puede haber una emergencia epidemiológica de alcance nacional.

cropped-Hauptbild_Netzseite-1

Steffen Kotré, portavoz de Política Económica y Energética del grupo parlamentario de AfD en el Bundestag alemán.

El enfoque de Merkel en la percepción selectiva y en la política ideológica tiene un nombre: el virólogo Christian Drosten, del Instituto Robert Koch. Solo a él se le permite informar al tribunal de Merkel. Los demás no son escuchados. Ni epidemiólogos, ni expertos en control de catástrofes, ni responsables del sistema educativo, ni psicólogos. Merkel también ha dejado esto claro. Solo quiere ciertas respuestas de ciertos científicos. Sin embargo, para las situaciones de emergencia deben crearse consejos consultivos. Equipos que tracen, discutan, verifiquen e iluminen una imagen holística desde diferentes ángulos. Merkel, por el contrario, prefiere establecer una ronda de reuniones con los presidentes de los estados federales, pasando por alto la soberanía popular, un parlamento ahora despojado de su poder. En esta ronda de reuniones se toman decisiones que no están legitimadas democráticamente. El parlamento ya no puede opinar. Esto tiene elementos de un golpe de Estado, con las recientes declaraciones de Merkel ahora visibles para todos.

El coronavirus es malo, peor que la gripe. Pero eso no justifica que se declare una emergencia para la sociedad en su conjunto. No es toda la sociedad la que se ve afectada. Los principales afectados son las personas mayores de 60 años (alrededor del 96%) y los grupos de riesgo por enfermedad. Por tanto, las restricciones a las libertades civiles de todos son injustificadas y, asimismo, contrarias a la constitución. Merkel lo sabe. Pero su objetivo es otro: la transformación multicultural de Alemania y de Europa en una zona de asentamiento desprovista de cultura e identidad (véase la declaración de Merkel de febrero de 2017 y de marzo de 2018: “El pueblo es todo aquel que vive en este país”, “Alemania, eso somos todos nosotros”). Uno de los medios para ello es el desgaste sustancial del país que ya ha comenzado: en la insensata y ruinosa transición energética, la alienación por parte de los inmigrantes, el descuido del sistema educativo, el deterioro de la seguridad interior y el lento hundimiento de Alemania en la irrelevancia. Los intereses de los ciudadanos y del país no juegan ningún papel en todo esto. Es hora de un cambio fundamental en la política alemana.