El profesorado está fracasando y los niveles son angustiosos: se ocupan y preocupan más de la política represiva que de la enseñanza, algunos son verdaderos cafres y delatores.

Las cosas se ponen feas en Cataluña, pero también para los propios catalanes. El complejo catalán se agudiza y, cada vez con más insistencia, el alumnado se rebela contra el profesorado y contra el sistema educativo catalán. La división irreconciliable de familias catalanas es un hecho y el sufrimiento de familias de policías y otros profesionales llegados a Tabarnia y Tractoria empieza a cambiar en algunas zonas.

Los padres han luchado y callado para que los hijos no revelaran la profesión de sus progenitores, pero la generación de ahora (sobre todo en los niveles de los últimos cursos de secundaria y de todo el bachillerato) ya planta cara al profesorado sectario, represor, degenerado y anclado en el seguidismo del catalán. La catalanofobia que practicaba la generación anterior empieza a ser pasado: los muchachos de entre 14 y 17 años empiezan a liberar sus sentimientos y no dudan en llamar «fascistas», «carcas» y «mostrencos» a los equipos directivos, inspectores y profesorado en general. Recogen lo que han sembrado. Algunos alumnos han llegado a revelar la profesión policial de los padres de profesoras sectarias y acomplejadas; hasta el punto de que su catalanismo falso las ha llevado a ser «confites» de la Inspección educativa.  

Bien es cierto que algunas familias de profesores y de policías se han visto obligados a emigrar de Tabarnia y Tractoria ante las humillaciones sufridas por sus retoños, el desprecio a España, los esputos permanentes a la bandera nacional, la dejadez miserable de la Inspección educativa, la cobardía y vagancia nacional de la Alta Inspección y el conchabamiento del profesorado con odio inoculado, complejos acumulados, desprecio al alumnado y utilización de la docencia como sistema policial al más puro estilo de la SS.

No faltan familias de funcionarios que están abandonando Cataluña, más por el sufrimiento de sus hijos pequeños que por ellos. Conozco, por cercanía,  profesorado que salió de tierras catalanas por amenazas de sus propios compañeros (algunos los delataron ante las autoridades educativas y ante traidores y represores Mozos de Escuadra, muchas veces brazo ejecutor de malvados profesores y cargos públicos) y porque se negaron a hablar catalán en la sala de profesores; acudieron a la Alta Inspección y fueron amenazados también bajo cuerda y, hasta en la Inspección educativa, los echaron del despacho porque no querían problemas añadidos.

Pero hay familias que resisten contra viento y marea, más preocupados por la situación de la escuela que por ellos mismos o sus retoños: la escuela «la han radicalizado». El profesorado está fracasando y los niveles son angustiosos: el profesorado se ocupa más de la política represiva que de la enseñanza, algunos son verdaderos cafres y, si no llevan revolver o ametralladora, es porque aún no se lo ha permitido la Generalidad o la consejería correspondiente. «Para ellos ha resultado un fracaso total. Ha hecho que sea todo lo contrario. A veces incluso lo tengo que frenar (se refiere al hijo) porque con la Covid19 sacaba la bandera de España en clase. Lo que está ocurriendo aquí ahora, jamás lo he vivido antes. La cosa se está poniendo muy fea». Las cañas empiezan a volverse lanzas.

Muchos las han pasado canutas: quien así me lo trasmite dice «muy putas». «He visto el odio que se respira en Cataluña contra todo lo español, como en los años de las bombas lapa en las provincias Vascongadas, pero sin tiro en la nuca y sí con fuerte represión». No han faltado campañas de acoso y derribo por parte de tutores y profesores concretos (más bien profesoras radicales e independentistas, cercanas a la CUP) hacia el alumnado por la profesión desempeñada por el progenitor o progenitora, en muchos casos policía nacional destinado en Cataluña. «Yo siempre le decía que no dijese nada de mi trabajo, pero este último año la profesora se enteró y le estuvo haciendo bullying. Le pedía que se pusiera de pie y, delante de toda la clase, le decía que su padre pegaba a la gente, que era la forma que tenía de expresarse; lo ridiculizó», relataba un agente policial en una entrevista con THE OBJECTIVE. Algo semejante manifestó un inspector de educación recientemente jubilado.

«La postura del caudillo Sánchez nos ha complicado la vida porque se ha echado por la parte de fuera y abandonado en Cataluña a los no independentistas, como ha abandonado (…), a las comunidades autónomas con la vacunación y a cuantos entorpezcan su pernocta en Moncloa. En la Policía y en la Guardia Civil, incluso entre muchos compañeros de los Mozos de Escuadra, lo vemos como un traidor consagrado y un enfermo que deberá pagar caras sus tropelías y numerosas negligencias con peligro de muerte», decía un agente destinado en Tarragona.  

El tiempo pondrá a cada uno en su sitio: llegará el día que pondrá tanto al presidente como a las maestras represoras y chivatas del independentismo. La estupidez los lleva muy lejos; tan lejos que a Maciá piensan que lo fusilaron, cuando falleció un 25 de diciembre de 1933 de una apendicitis vieja y mal diagnosticada. ¿Se puede ser más degenerados? A eso se llama fomentar la desmemoria histórica, muy al estilo de Ada Colau o del senador Carlos Mulet García, apaleado dialécticamente por el alcalde de Camporredondo.

No es casualidad que muchos de los líderes independentistas sean charnegos. Ahí tienen a vulgares y cutres políticos como Gabi Rufián, nacido en Cataluña, hijo de la emigración charnega; los mismos que ahora hacen el trabajo sucio a los catalanes más radicales y degenerados. La represión es un hecho que, en algunos casos, ha llevado a la enfermedad y a la muerte por desquiciamiento.

La caída de Cataluña es tal que, hasta el propio Gerardo Piqué, jugador azulgrana y empresario destacado, anhela una Barcelona al estilo de Madrid: dinámica, inversora, solvente, progresista, innovadora y generadora de miles de empleos, tanto como en el resto de España. Mientras que de Cataluña huyen las empresas, muchas veces por consejo de sus países de procedencia, Madrid crece sin límite potenciando la innovación y el desarrollo, incluso planta cara a la represión del Gobierno central en nombre de toda España.

Tal es la decadencia de Barcelona que hasta la propia Escuela Judicial ha solicitado salir de esa ciudad cuanto antes, por temor a atentados o algaradas contra los jueces en formación. ¿Garantizarán el PP, Vox o Cs esa necesaria y desesperada petición de salida? El PSOE en silencio, como calla ante todo lo que afecta a España, aunque haya que ponerse en cuclillas, pantalón hasta la rodilla y con mirada permanente a Cuenca.

¿Alguien puede demostrarme con datos lo contrario?