Me consta, por experiencia personal, que el periodista Albert Castillón es un avezado conocedor de los tránsitos de corrupción que han convertido a España en un paradigma de deficiencia institucional, máxime cuando el sanchismo supone el colofón indisimulado de la putridez gubernamental acumulando fechorías que ya trascienden, incontroladamente, más allá del oscurantismo impuesto desde que ocupó con mentiras Pedro Sánchez la actual guarida monclovita; incluso más allá de las mercenarios silencios del periodismo prostituido, comprado con el dinero de la supervivencia para millones de ciudadanos. Es tanta la mierda acumulada que a Sánchez y su corte de majaderos les supura el hedor de lo criminal allá donde intentan manifestarse, sobra la desvergüenza, con fallida apariencia de normalidad. Cuanto más al descubierto están, mayores son las hostilidades contra el conjunto de la ciudadanía. Así es de prever que habrá en el futuro juego sucio para sostener sine die el tinglado de mafia social comunista, alimentado carroñeramente por el reparto sectario de los presupuestos del Estado y los esquilmados fondos europeos. Las maniobras de Sánchez en política internacional adivinan la intención de provocar cualquier crisis con tal de no abandonar el enfermizo trono. 

 
En su podcast, Castillón comunicó la verdadera causa por la que el doctor cum fraude viajó presto a Marruecos para dorarle la pildora a Mohamed VI y satisfacerlo con cuantas exigencias documentales se desplegaron sin saberse realmente lo ratificado y, en consecuencia, el perjuicio que los tejemanejes de Sánchez han supuesto, de continuo, para España. Provenía la información del CNI y comprometía, una vez más, a Begoña Gómez, también conocida popularmente como begoño, cuyos manejos fingidamente empresariales podrían desembocar en  mayusculo escándalo si se hicieran públicas las comunicaciones que los servicios de inteligencia marroquíes captaron interviniendo el móvil personal del sátrapa monclovita. De ahí el giro radical en las relaciones históricas de los dos países con tal de encubrir información letal para el desgobierno social comunista y que incluso podría conllevar responsabilidad penal para la extraña pareja, completando el cupo de corrupción familiar junto a los fraudes del Playbol y la supuesta implicación de los padres. 
 
Esta información es particularmente sintomática acerca de la intervención contra el CNI destituyendo a su directora para sustituirla, junto a otros de su equipo más allegado, por personal más sectario y con menos escrúpulos para taponar la fetidez del propio Sánchez y de sus ministros, blancos todos de sospecha con tintes delictivos que muy seguramente haya sumido en una contradicción moral al servicio de inteligencia español, posiblemente conocedor de más de un escándalo que supondría de facto la caída de este fraude presidencial junto a sus cómplices de múltiple traición. 
 
Parece ser que los afanes protagónicos de la Gómez son de tan mayúsculo calado que habría impelido la reacción de Sánchez para evitar un jaque mate, incluso incurriendo en la alta traición. El sucio  asunto Gali fue el detonante que tensó las relaciones y probablemente el inicio del chantaje que abrió las fronteras para colapsar con inmigrantes ilegales nuestras fronteras...¿Con el paso del tiempo, Marruecos comprobó la vulnerabilidad de España a través de un presidente suficientemente permeable a la presión personal y a la amenaza hasta llegar a los acuerdos del Sahara y las cesiones, conocidas y desconocidas, que han podido arriesgar la futura territorialidad de Ceuta y Melilla?
 
Será cuestión de tiempo ratificar que la ambición de dos extraños e inmorales elementos, con extremas vanidades, han puesto en peligro la Seguridad Nacional. Cuestión aparte la desastrosa gestión económica, buscando a propósito la ruina de los españoles, que nos sitúa en la cola de la recuperación económica para toda Europa. Más valiera que Marruecos hablara incluso desclasificando información del 11-M...del polvo miserable que dejó impunemente Zapatero llegó este rimero de voluptuosa mierda.