Se le ha picado, y no vale. No va al trapo, cabecea, no ve del derecho, y cojea de manitas y patas. Y es manso, pero traicionero. El respetable está indignado. ¡Qué lo echen!, grita el público que abarrota la plaza ante la atenta mirada de la autoridad pública que teme lo peor…

    Que nadie diga que no se nos advirtió, que no se dijo lo que había, que estábamos ante un psicópata, un tarado y un narcisista. Todo muy peligroso, y nada aconsejable para quien dirige la política de un país, y por las circunstancias en las que nos encontramos, el destino de España. De ahí, la necesidad de una República de corte presidencialista con poder ejecutivo suficiente para destituir o simplemente echar a un presidente como Pedro Sánchez.

    No aguantaremos. La situación económica ya nos desborda, y todo depende de distribuir bien lo que ya nos han dado y quieran seguir dándonos, no sea que a nuestros socios de la UE se les arruinen los días de sol y vino en la dicharachera España. Alegre, la que más, y estúpida, como ninguna.  

    Amoral, mentiroso, altanero e insuficientemente preparado, se la jugó a los suyos, y cuando les ganó la partida, metió a fondo el acelerador y terminó echando a un Rajoy, que se fue beodo. Luego, con el apoyo de la peor calaña del país, gentuza de cloaca y chusma de patíbulo, lo suyo ha sido coser y cantar frente a un Casado, que sin ser el querido Platero, era blando por dentro y blando por fuera. Tan blando, que quiso ser un hombre dejándose la barba. Tan blando, que niña Ayuso, que no es más que contoneo y ojitos, terminó cargándoselo.   

    A Pedro Sánchez, que cuando salga del lio en que se ha metido y nos ha metido a todos, tendrá su vida asegurada sin mayores logros y capacidades que haber sido votado por unos cuantos descerebrados, y apoyado por gentuza de cloaca y chusma de patíbulo, se le tuvo que haber echado cuando lo intentó VOX, porque ya se le había aplicado la “suerte de varas” y era más que evidente que no era APTO para dirigir los destinos de España. Nada menos que para mandar sobre todo el aparato del Estado y la nación.

    Estamos ante una encrucijada. Y como en toda encrucijada, es necesario elegir lo que mejor convenga. Y lo que mejor conviene no es otra cosa que tirar hacia adelante y hacer valer la idea de que en las actuales circunstancias, un gobierno como el de Pedro Sánchez no debe seguir.

   Insisto, hay que echarle. ¡Ya!