Javier Milei era hasta hace tres meses un economista liberal, oscilando ideológicamente entre el anarco-liberalismo y el minarquismo, tertuliano en varias televisiones argentinas y con mucha actividad en redes sociales.

Actualmente es el primer liberal en la historia de Argentina que, partiendo de cero y prácticamente sin partido político, ha sido capaz de sacar más de un 17 % de los votos en la circunscripción de Buenos Aires, un éxito increíble que ha dejado ojipláticos a los políticos argentinos tradicionales.

Hay dos cosas a destacar en Milei: la primera de ellas es que tras su campaña radical le haya votado fundamentalmente la gente joven, ya que este colectivo tradicionalmente ha estado contaminado por la izquierda; y en segundo lugar la reacción de los medios de comunicación tanto argentinos como españoles al calificarlo de extrema derecha.

¿Pero qué es la extrema derecha? Se usa como adjetivo descalificativo por políticos y medios de comunicación, pero la realidad, si queremos ser rigurosos, es que el concepto no es aplicable -ni mucho menos- a Javier Milei, del mismo modo que es imposible hacerlo con Santiago Abascal en España.

Los politólogos asocian la extrema derecha a movimientos relacionados con el ultranacionalismo caracterizado por la primacía absoluta del grupo, clan, tribu o país, sobre el individuo y sobre otros grupos o países.  Por otro lado, también se caracteriza por la xenofobia, priorizando al grupo o al país sobre otros. Otra característica es la del proteccionismo de todo lo nacional, junto a una especie de moralización del Estado, ya que esta estructura es la que conforma a ese país al que se pretende poner por delante de todo.

¿Pero qué partidos o movimientos cumplen con estos requisitos a lo largo de la Historia?  Si repasamos cada uno de los criterios, el fascismo, el nacismo, el nacionalismo catalán y vasco entre otros, cumplirían con esos criterios y por tanto serían partidos de extrema derecha.

Pero Javier Milei no cumple ninguno de esos requisitos, ya que coloca el foco moral en el individuo no en el grupo, clan, o país.  Milei declara hasta la saciedad que es liberal y que esto supone el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, defendiendo la libertad individual la propiedad, la vida y el principio de no agresión.

Por otro lado, no es xenófobo, puesto que afirma que la inmigración fue la base del nacimiento de su país, al que la gente acudió desde Europa a trabajar y ganarse la vida en un momento que no existía protección por parte del Estado, a diferencia de la inmigración que acude ahora, no para trabajar sino para recibir los beneficios de un estado de bienestar y además cometer delitos. Siendo por esto último por lo que no quiere esa inmigración, al igual que tampoco se quiere a un delincuente nacional.

Por último, no es proteccionista, puesto que lo que promueve el liberalismo es la libre competencia. El liberalismo considera al empresario alguien que cumple una función social produciendo bienes cada vez de mayor calidad y a menor precio, ya que si no fuese así nadie le compraría, por tanto, al ofrecer al consumidor bienes buenos y baratos la empresa está favor del ciudadano y le beneficia.  Si no existiera la competencia, como quieren los proteccionistas, esta producción en competencia de bienes baratos y cada vez mejores sería imposible.

Milei debe ser un ejemplo para que los liberales españoles puedan empezar a pensar que para atraer el voto joven, que no está formado en liberalismo, que tiene las ideas recogidas de la escuela y la universidad donde el liberalismo no existe y entiende que lo políticamente correcto es el término medio, la social democracia, o el socialismo, pueden valorar que un discurso radical, que explica el liberalismo sin complejos, que llama a la oposición “zurdos de mierda” y que define el socialismo como un régimen asesino y al Estado como un ladrón con el monopolio de la violencia, que roba el dinero con los impuestos,  pueda ser tan atractivo como para recibir ese aluvión de voto joven. En el caso de Argentina el grito de Milei ha producido el increíble efecto de conseguir, en solo dos meses, más del 17% de los votos en la provincia de Buenos Aires. Posiblemente esto catapulte a Milei a la presidencia de la Argentina en 2023.