Hoy acabo de hablar con un amigo por teléfono y mi mente vuela a los tiempos en que hice el bachillerato y el COU en el internado del colegio de los Salesianos de Utrera. Allí pasamos mi amigo y yo unos maravillosos años viviendo en camaradería con los otros internos y alumnos con los cuales hemos conservado la amistad en su mayoría, y con los que nos reunimos periódicamente para recordar los viejos tiempos.
 
Fueron unos años muy bonitos, en los que bajo una suave disciplina, no tan férrea como dicen algunos, nos preparamos para ser hombres y mujeres de provecho bajo la protección de María Auxiliadora y de San Juan Bosco.
 
Podría contarles miles de anécdotas de aquellos tiempos, sesiones de espiritismo estrambóticas, bromas entre compañeros, como aquella en la que durante una conversación sobre el diablo un gracioso abrió las ventanas de repente tirando de un cordel con el consiguiente susto para todos, paseos nocturnos por el colegio para alcanzar el despacho de un profesor y tratar de cambiarle las notas que nos había puesto, etc, etc.
 
Pero no todo era cachondeo. Teníamos una disciplina y unos horarios que había que cumplir rigurosamente con el fin de prepararnos para el porvenir. Nos levantamos a las ocho, nos duchábamos y vestíamos y bajábamos a desayunar, para después asistir a las clases. Comíamos y tras un descanso más clases. Luego un poco de deporte, unas horas de estudio y a cenar. Un paseo por Utrera y después ya te podías acostar o echar otro par de horas estudiando a la luz del flexo.
 
Tiempos de amistad, solidaridad y también de amoríos de algunos internos con algunas de las alumnas de Utrera. Chicas muy guapas, de buen ver y amable carácter.
 
Teníamos nuestras fiestas señaladas, el Pregón de Navidad, San Juan Bosco, María Auxiliadora... en las que el menú mejoraba y en las que pillamos algunos nuestras primeras borracheras. 
 
Y en aquellos cuatro años pasamos de ser niños a ser hombres. En ellos se nos inculcaron los valores cristianos y disciplina y reglas de vida de las cuales hemos sacado provecho casi todos.
 
Se han perdido estas cosas con la supresión del servicio militar y a punto están de perderse del todo ante el acoso despiadado por parte del hedonismo y del igualitarismo contra la educación concertada. Muchos colegios como este tendrán que cerrar y los últimos vestigios de disciplina desaparecerán de nuestra desbocada sociedad. De disciplina y de valores tales como la verdadera solidaridad, el respeto a los mayores y maestros, el alivio de los más necesitados, etc, etc.
 
Una pena en fin, no saben lo que están haciendo, así que perdónales Señor. Cuanto me gustaría que el colegio siguiera abierto al menos otros ciento y pico de años más. Que siguieran saliendo de sus aulas, sacerdotes, militares y hombres bien formados.  Provistos de conocimientos académicos y de profundos valores cristianos que los han hecho triunfar en la vida a la mayoría.
 
Me aterra un poco el pensar en que puede devenir la sociedad sin este tipo de personas. La lucha hobbesiana del lobo contra el lobo. La ley de la selva...
 
Pero confío en un nuevo renacimiento para nuestra sociedad. Los elementos todavía sanos reaccionarán y asistiremos a nuevos y mejores tiempos que estos. Así ha pasado a lo largo de la historia y así pasará otra vez seguramente. Hartos de vacuidad volveremos los ojos a los valores eternos y saldremos de este cenagal en el que nos estamos metiendo.
 
Y volveremos a Utrera en primavera, a recorrer sus adoquinadas calles, a tomar cervezas con los amigos y a tomar una lubina en el "Chipi". Que Dios nos conserve por muchos años estos "rituales", la amistad y la camaradería de los que hicimos el bachillerato allí en los años ochenta. Gente que tendría están gobernando España, por su valía profesional y personal y no los actuales indocumentados henchidos de odio y aborrecimiento por todo lo que no comprenden.
 
Lucharé desde esta trinchera del Correo de España para que gente de tanta valía como mis ex compañeros acaben dirigiendo este país y nos otorguen un nuevo amanecer a los españoles. Hay gente muy valiosa en todos los órdenes de la vida que merecen responsabilidades al más alto nivel para encauzar una situación que se presenta cada vez más compleja.
 
Y así, entre los recuerdos del olor a jazmín y azahar, acabo mi artículo de hoy. Espero que les haya gustado. Yo he disfrutado mucho escribiéndolo. Cosas de la nostalgia. De aquellas conversaciones mientras cenábamos, de los paseos para encontrarnos con las niñas de Utrera y charlar un poco con ellas, de los ducados que nos fumábamos a 25 pesetas el puñado, de aquella ciudad taurina de Utrera, patria del cante hondo...