El título de la reflexión lleva implícita la apremiante necesidad de acorazarse convenientemente, protección y amparo que utiliza el infrascrito, en consideración al derecho constitucional que le asiste de la libertad de expresión.

Hace pocas semanas un número no desdeñable de militares retirados, entre los que se contaban un centenar de generales, impulsados por su promesa o juramento de guardar y hacer guardar la Constitución, obedecer y respetar al Rey…., y, si preciso fuera entregar la vida en defensa de España, hicieron público,-- en justa y honrada correspondencia con la misión constitucional encomendada a las Fuerzas Armadas, de garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial,-- diversos comunicados, cartas o manifestaciones en los que se denunciaban los evidentes males que aquejan a la Nación, así como la deriva revolucionaria del actual Gobierno socio-comunista, que de no revertirla a tiempo y modo, acabará por liquidar nuestra debilitada y agónica democracia.

Los militares firmantes de estas alertas, arrastrados por el deber y la lealtad, proclamaban verazmente o advertían a la  ciudadanía,    que desgraciadamente la democracia en España se encuentra en peligro, pero, es igualmente verdadero que el peligro sería insignificante si no se contrariasen con desfachatez y traición los principios constitucionales.

Si manejos culpables y desintegradores de la convivencia Nacional suscitan a la población y a las Instituciones obstáculos orientados a la división social y contra el orden constitucional, todos estamos obligados a armarnos para superarlos con la energía y racionalidad necesarias y contundentes.

El bien común y la libertad afectan a todo ciudadano libre que se integra en una sociedad; los militares retirados, atentos y vigilantes, con sus iniciativas públicas han pretendido alertar a los españoles, negando el principio filosófico del “optimismo metafísico” de Leibnitz, en el que sostiene que este mundo es el mejor de los posibles y que la permisión del mal por parte de la Providencia contribuye al bien universal de todos; si sustituimos la Providencia por el “Gran Hermano”, representado en España por Sánchez e Iglesias, llegamos a la indiscutible percepción de la siniestra similitud de los supuestos beneficios sociales y políticos que España obtendrá al permitir que el mal de la tiranía y el despotismo prevalezca y arraigue en su territorio.

El bien universal de todos se transformará en los personales gozos del director de esta perversa empresa de destrucción del sistema constitucional; en los placeres que aporta el logro de haber liquidado el Antiguo Régimen, instalando en su lugar un nuevo orden tutelado por un individuo narcisista y carente de escrúpulos; en el paroxismo deleitoso del Poder personal; y  en el orgasmo producido por la culminación de una patológica ambición.

En política, “La ambición del que no tiene talento constituye un crimen”,( Chateaubriand ), palabras dirigidas al primer ministro de Francia, Jules de Polignac en 1830.

El principio de la razón suficiente que inspira este cúmulo de fechorías, de negligencias, de imposturas, de engaños, de desórdenes sociales, de ausencia deliberada de autoridad, está basado en el odio exacerbado que se gesta y proviene del oscuro útero de su ideología criminal, de la desordenada ambición y del Poder único y omnipotente.

Habiendo convenido que la responsabilidad de la situación en que España se encuentra, compete de todos los ciudadanos; como bien dice Rosa Díez en su pedagógico libro “La Demolición”: “el silencio de la sociedad hizo más daño a nuestra democracia que la traición del Partido Socialista”, no extrañará que las leales iniciativas de los militares retirados, también fuesen dirigidas a los integrantes de las Fuerzas Armadas, no en balde, habían sido sus maestros y guías del honor y comportamiento militar, invocándoles a seguir cumpliendo sus deberes constitucionales y recordándoles el artículo 8º de la  Carta Magna, así como el texto y espíritu del juramento o promesa de defender a España.

La “histórica” e histérica reacción de la Ministra de Defensa acredita que el Gobierno mantiene una razonada reserva respecto a la posibilidad,  llegado el caso, de contar con el beneplácito de las Fuerzas Armadas para  poder consolidar el objetivo último de dar por finiquitada la Constitución; a su vez, los socio-comunistas tienen dudas razonables, en el sentido de cómo actuará “La Fuerza” si se la somete a la definitiva y excepcional situación de caos y anarquía revolucionaria.

El tiempo pasa inexorablemente, y juega a favor del gobierno socio-comunista; invito a la reflexión sobre un comentario muy pertinente de Ramón y Cajal, expresado de esta forma: “ En un Estado democrático todos los derechos son legítimos, menos este, la deformación mental de los actuales y futuros ciudadanos

El trance por el que pasa España, fuerza a denostar y arrumbar el optimismo metafísico, producto entre otras causas, de la tolerancia y la apatía, síntomas evidentes de una sociedad enferma y acobardada, de una de las grandes desdichas de nuestro país, que consiste en que el interés individual ignora el interés colectivo, o de ese necio y antinatural deseo de vivir sin dolor y aquí no pasa nada.

Que una o varias normas anticonstitucionales y un puñado de ministros sin virtud, mentirosos y rebosantes de un odio ignaro, no basten para convertir un país tranquilo y floreciente en el más desgraciado y agitado.