Según 20 Minutos, “El Ayuntamiento de Madrid ha vuelto ha situar este martes en el callejero de la capital el nombre de General Millán Astray”.

Independientemente de las faltas de ortografía -que son originales del citado periódico- el hecho es que el Ayuntamiento no hace sino dar cumplimiento a lo ordenado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, como ya ocurrió en su momento con la calle de los Hermanos García Noblejas.

Hasta aquí, nada anormal: el Ayuntamiento, como Institución de la Administración Pública, acata y cumple lo que ordenan los Tribunales de Justicia. Quizá pueda considerarse anormal que el Ayuntamiento haya retardado la decisión cuanto ha podido, agotando los plazos legales. Y sin duda puede considerarse anormal que los que en su día promovieron una decisión injusta -el grupito de la “tricoteuse” Carmena- no hayan sido encausados por los perjuicios que su sectarismo haya causado a los madrileños que tengan sus domicilios o sus negocios en esa calle.

Pero lo que si es anormal, es la desvergüenza con que han comentado la restitución del nombre de la calle General Millán Astray -cambiado con prevaricación y alevosía- los mismos que cometieron el desaguisado, a los que no les basta con haberse ido de rositas sin siquiera pagar daños y perjuicios a quienes tuvieran que notificar el cambio de dirección a amigos, familiares y clientes.

Así, la famosa señorita Rita -la Rita Maestre de Mas Madrid, llegada al Ayuntamiento madrileño gracias a su fama por (según ella misma dijo en sede judicial) “exhibir el torso” en una iglesia católica, que no en una mezquita afgana- ha declarado: “Millán Astray vuelve al callejero de Madrid y Justa Freire se va. Sigue el retroceso en todos los ámbitoa”. Y encima critica al actual Alcalde, José Luis Martínez-Almeida, de aprovechar el mes de agosto “para estas fechorías”.

El señor Martínez-Almeida -como dijo en su día- ha postergado el cumplimiento de la sentencia judicial todo lo posible. Llegado el fin de los plazos no le quedaba otra salida que reponer el nombre de las calles injustamente quitadas por el sectarismo de la “tricoteuse” Carmena y su grupo de tiorras.

De la manita -o lo que sea- de la señorita Rita, su compinche Íñigo Errejón ha terciado comentando que “Almeida solo ejerce de alcalde para suprimir Madrid Central o poner a Millán Astray en el callejero de Madrid”.

Y una tal Carolina Alonso -del que la prensa dice que es portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid- se ha permitido descargar su ignorancia y su zafiedad afirmando que la restitución del nombre del General Millán Astray es una "maldita vergüenza" y que "Me parece bochornoso no cumplir con la ley de memoria, pero ponerle una calle a este asesino no tiene un pase", subrayando que "la ciudad está más sucia que nunca en todos los sentidos".

Cito las palabras textuales de las dos tiorras y el tiorrín porque sus afirmaciones les describen. No es sólo su ignorancia, su necedad, su sectarismo y sus prejuicios lo que demuestran; es que ponen de relieve su desprecio por las sentencias judiciales y, por tanto, por las leyes. Es decir: demuestran que sólo acatan la ley cuando sirve a su ideología de topicazos y estereotipos.

Porque el "retroceso", señorita Rita, es el que suponen ustedes, desoyendo las sentencias de los Tribunales. Porque la "fechoría", señorita Rita, es prevaricar cambiando por sectarismo los nombres de calles.

Porque, señorito Errejón, Martínez-Almeida no "pone" a Millan Astray en el callejero de Madrid, sino que se ve obligado por sentencia judicial a deshacer lo que ustedes, ilegalmente, hicieron.

Porque, señora, señorita o lo que usted sea Carolina Alonso, la maldita vergüenza es que ustedes, presuntos representantes del pueblo, se salten las leyes en función de sus preferencias políticas. Y usted, doña Carolina, al expeler que "ponerle una calle a este asesino no tiene un pase" ha cometido un evidente delito de difamación que espero que alguien le reclame.

Porque ustedes, en la mejor línea del estalinismo que añoran y prolongan, no logran pasar del slogan; no tienen inteligencia para más, y estereotipan y topiquean ajenos a cualquier razonamiento lógico, atentos sólo a su cuadro mental de manifa de progres.

Y hacen evidente el aforismo de Nietzsche: “La política es el campo de trabajo de ciertas mentes mediocres”.

O, mejor aún, el clásico castellano: piensa el ladrón que todos son de su condición.