Escucho un silencio en los más recónditos miedos de mi memoria, veo sin duda la oscuridad que por tanto tiempo me había sido negada, siento ese lugar lóbrego y no sé si es la paz o la batalla, huelo la ponzoña cerca de mi cuerpo.

De pronto entro en un estado profundo de parálisis y mis sentidos quedan suspendidos.
Ha llegado la hora.

Me encuentro totalmente en calma, lleno de alegría al saber que la tormenta al fin pasó, veo en el rostro de mis hermanos y madre verter lágrimas, es un sentimiento de satisfacción. Hoy es un gran día porque retorno al ciclo natural de la vida, sin duda hoy es un gran día porque he recibido la gran noticia, por fin me he curado.

Relato de un niño, infectado por sarampión en 1963.

Sebastián Andrés Nogales Guillen