Esta planta es originaria de la cuenca mediterránea y se cultiva desde siglos, remontándose sus orígenes a la época de Carlomagno. Pertenece a la familia de las Umbelíferas y puede llegar a alcanzar los dos metros de altura.

Es una planta muy agradecida, ya que crece en cualquier sitio, incluso sitios secos y con piedras y se aprovecha todo de ella, desde las semillas hasta los tallos. Se la conoce por hinojo, fenollo o hierba santa.

El hinojo en la cocina

En la cocina se usa desde hace miles de años. Se usa mucho en potajes y guisos de legumbres como las lentejas  y debido a sus propiedades, hace los platos más digestivos.

Es una hierba que suele acompañar a los platos de pescado, dándoles un toque anisado muy peculiar y puede usarse como sustituto del eneldo.

Sus semillas se utilizan en la elaboración de panes, pasteles e incluso en tartas, que puede ser sustituto del anís. Mientras que también puede tomarse en infusiones con fines carminativos.

El hinojo se usa muchísimo en los asados y barbacoas, se coloca a modo de envoltorio alrededor de la carne o el pescado y le otorga un sabor característico.

También se pueden hacer aceites infusionados o aromatizados con el hinojo, que acompañarán a la perfección a la carne o el pescado a la parrilla. Si os gustan los platos más fuertes, podéis usarlo en vinagreta.

Si os gustan las ensaladas, podéis añadir el tallo troceado y en crudo; si lo preferís podéis hervirlos y comerlos como si fuesen espárragos.

Dado su sabor tan rico similar a la regaliz, investigando he descubierto que se usa en forma de aceite esencial en la industria cosmética para jabones, lociones after shave e incluso pasta de dientes.