España tiene en el barrio de las bodegas de Haro un destino enoturístico de mucha solera, como también lo tienen la Toscana, Napa Valley o Burdeos, que nació hace siete años y que fue interrumpido a causa del maldito Covid; una cita dirigida a los amantes del vino y puesta en valor por siete bodegas del Barrio de la Estación “jarreras”. Iniciativa de corta historia en el tiempo, pero que ahora disfruta de fama internacional, y que ya ha recibido galardones como el «Best of a la Mejor Iniciativa Enoturística», concedido por la Red Internacional de Grandes Ciudades del Vino (Great Wine Capitals).

La cata que comentamos consiste en una jornada de fiesta en torno al vino, en la que las bodegas organizadoras, algunas centenarias, abren sus puertas para que los asistentes puedan descubrir todos los rincones de los calados y disfrutar de sus vinos, mientras circulan por rincones cargados de historia y curiosidades, para descubrir aromas, sabores y colores, además de las reconocidas cualidades gastronómicas de la región.

Cualquier conocedor de los vinos riojanos sabría identificar la calidad de los vinos de bodegas de tanta solera y prestigio como: La Rioja Alta, Muga, Roda, Cvne, Bilbaínas o Gómez Cruzado, todas ellas integrantes de la Asociación del Barrio de la Estación de Haro, nacido durante la Revolución Industrial, que es considerado capital de los vinos riojanos y determinante, en sus inicios, de los vinos de Rioja. Enclave que conserva la magia del siglo XIX con edificios de piedra y decoración modernista.

El Barrio de la Estación de Haro conforma un espacio singular, nacido en torno a una de las primeras estaciones de ferrocarril de España y razón por la que las bodegas decidieron establecerse allí para hacer llegar su vino más allá de sus fronteras. Con más de 150 años de historia, algunos cosecheros desaparecieron y otros permanecieron, a los que, tiempo después, se sumarían otros nuevos que fueron llegando.

La cita permite la libre circulación de los participantes

La cata del Barrio de la Estación, que este año ha celebrado su cuarta edición, pues también tuvo que parar por el Covid, ha tenido lugar el sábado 18 de junio. El barrio se cerró al tráfico para facilitar la libre circulación de los asistentes en su recorrido por las bodegas; las calles se llenaron de música en directo para amenizar las idas y venidas de los participantes, animadas por numerosas actividades programadas en las bodegas: exposiciones, degustaciones y actuaciones musicales.

Según los organizadores, participaron en esta jornada única más de 3.500 personas, procedentes de Francia, Países Bajos, Costa Rica, México o Estados Unidos, quienes han tenido ocasión de probar, cada uno, hasta doce grandes vinos, dos de cada bodega participante, y seis tapas elaboradas por diferentes restaurantes de vanguardia; y como broche un postre de uno de los mayores maestros pasteleros de nuestro país, Juan Ángel Rodrigálvarez. Antes, entre los restauradores estuvieron los hermanos Echapresto, que regentan la Venta Moncalvillo (Daroca de Rioja); Carolina Sánchez e Iñaki Murua, almas de Íkaro (Logroño); Miguel Cobo de Cobo Estratos (Burgos), o Rafal Prieto desde el santanderino El Serbal, entre otros.

Josep Roca, fue elegido Maquinista del Año

El reconocimiento de Maquinista del Año se otorga a profesionales de prestigio y reputación en el mundo del vino, y sus predecesores han sido tres Masters of Wine, Sarah Jane Evans (2018), Pedro Ballesteros (2016) y Tim Atkin (2015).

Josep Roca, el sumiller gerundense del triestrellado Celler de Can Roca, ha sido designado Maquinista del Año y ha inaugurado el programa de esta gran cita enogastronómica con una cata que tuvo lugar un día antes, el 17 de junio, en la que sólo pudieron participar quienes adquirieron la entrada en la web www.lacatadelbarriodelaestacion.com, al precio de 100 €. Luego, tras esta cata dirigida, degustaron un cóctel con distintos vinos de las seis bodegas. La intervención de Roca destacó su intervención en la influencia de la añada y en el clima en el resultado final de los vinos. Los asistentes pudieron probar también vinos procedentes de cosechas de años fríos y cálidos para que los participantes comprobaran las diferencias por ellos mismos.

La jornada popular se desarrolló el sábado

Luego, para la jornada popular del día 18 (de 11 a 19 horas), las bodegas organizadoras ya habían seleccionado los vinos que servirían a quienes acudieran a los calados, con un muestrario que abarca añadas nuevas, cosechas excepcionales, vinos novedosos, clásicos reservas o vinos de finca.

De Cvne, Imperial Reserva 2017, que sólo lo elabora en añadas excepcionales, con un 85% de tempranillo y el resto graciano, mazuelo y garnacha, con dos años en barrica; y el blanco Monopole Clásico 2018, con viura en su mayor parte, con 8 meses de crianza en barricas usadas.

La Rioja Alta ofreció Viña Arana Gran Reserva 2015, tempranillo con un 5% de graciano, que ha permanecido tres años en roble americano; y Viña Ardanza Reserva 2015, el vino emblema de la casa que elaboran con las mejores cosechas, compuesto de tempranillo con un 20% de garnacha, y tienen una crianza de 36 y 30 meses, respectivamente.

Por su parte, Roda propuso su Roda 2018, tempranillo con un 7% de garnacha y 4% de graciano, fermentado en roble francés y posterior permanencia de 14 meses en barrica y también Roda 2017, con un coupage similar: tempranillo con 6% de graciano y 4% de garnacha, seleccionadas por su carga de fruta negra, y con 16 meses en roble francés.

Bodegas Bilbaínas presentó con Viña Pomal Gran Reserva 2014, todo un emblema de la bodega, que elaboran en añadas excelentes, con tempranillo y un 10% de graciano, y tiene una crianza de dos años en barricas americanas, y Lumen Reserva 2018, el primer espumoso dentro de la DOCa Rioja elaborado con garnacha tinta de zonas frescas y que tiene una crianza de al menos dos años sobre lías.

Muga eligió Prado Enea Gran Reserva Magnum 2014, una combinación de tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, fermentado en roble y con una crianza de, al menos, 36 meses en barricas de roble francés y americano y Flor de Muga Rosado 2021, garnacha tinta de viñas de entre 70 y 90 años, procedente de doce parcelas seleccionadas, fermentado en pequeños tinos de roble y con una crianza de al menos cuatro meses con sus lías.

Por último, Gómez Cruzado ofreció a los participantes Honorable 2017, de viejos viñedos, en vaso de tempranillo, graciano y garnacha, con una crianza de 18 meses en roble francés y un 20% americano, así como Montes Obarenes Blanco 2018.

Todos los vinos estuvieron a disposición de todo aquel que tuviera una entrada, adquirida a través de la web, que se agotaron a hora temprana; o de los que pudieron adquirirlas en la ventanilla el mismo día del evento (100 €/persona). Cada entrada incluía el derecho a probar estas doce referencias mencionadas, además de la oferta gastronómica preparada para la ocasión; seis tapas distintas y un postre.

En cuanto a la manera de acceder a las bodegas, se habilitaron transportes desde la ciudad de Logroño en tren y desde Bilbao y Vitoria en autobús.

Tras dos años de inactividad por la pandemia, como hemos apuntado antes, el Barrio de la Estación estaba preparado para volver a celebrar la que es una jornada única en torno al vino, con el exclusivo objetivo de que los asistentes disfruten de una experiencia inolvidable.