El Correo de España entrevista a Luis Muñoz de la Higuera, enfermo de Covid al que ya dieron el alta y se está terminando de recuperar en casa. Reflexiona sobre su experiencia desde la alegría de sentirse vivo. Sigue todavía con el oxígeno, pero con la sensación de que el túnel oscuro de la muerte ha desaparecido engullido por el torrente lumínico de vida. Todavía convaleciente y con falta de aire cuenta su testimonio desde la calidez del hogar.

¿Cómo empezaron sus síntomas del Covid?

Sin darme cuenta. Un martes a mediados del mes de marzo empecé a notar un pequeño dolor de cabeza, leve mareo y ligera tos....al día siguiente comenzó una tos ligera que fue aumentando conforme pasaban los días hasta que apreció la fiebre, también ligera pero constante.

¿Se lo tomó en serio desde el principio?

Si. Ya habían fallecido varías personas y yo, desde hacía días, me había provisto de mascarillas que llevaba puestas para evitar contagiar a otras personas. Sabíamos poco y nos informaban menos, pero en cuanto leías o investigabas un poco, te acongojabas, sobre todo viendo el ritmo de países vecinos.

Enseguida me aislé en una habitación y me dejaban la comida en la puerta.... Fue toda una experiencia.
Pensé en muchos momentos lo mal que debían haberlo pasado los pobres retenidos por los etarras en zulos, pesaba en ellos y me animaba para seguir en mi encierro.

Cuando empezó a tener dificultades para respirar, decidió ingresar de inmediato...

Sí. El médico del ambulatorio que me atendía, me había prevenido: “en cuanto notes los primeros síntomas de dificultades para respirar... a urgencias” y así lo hice.

E inmediatamente le pusieron oxígeno...

Correcto. Ingresé con una oxigenación en sangre muy baja e inmediatamente me pusieron oxígeno y me dijeron que tenían que dejarme ingresado y me derrumbé.

Hasta que no empezó a mejorar, ¿sufrió mucha angustia?

La etapa en el hospital, aunque corta, fue muy intensa. Los dos primeros días me pude enterar de poco.
Conectado al oxigeno, haciéndome varias pruebas al día y con medicación tres veces al día.

El tercer día me comunicaron que había dado positivo por Covid. A partir de ese momento no se si por inspiración divina, efecto de la medicación o por mera reacción del cuerpo.... empecé a mejorar. Siempre con el oxígeno puesto. Ahí empecé a enterarme de lo mal que había estado y lo duro de la enfermedad....y me angustié.

Especialmente oír a los pacientes de las habitaciones de al lado...

Efectivamente....Las noches eran durísimas, los pacientes de las habitaciones contiguas solían pasarlas con ahogos y grandes dificultades para respirar.... que unido al silencio y soledad de la noche lo hacía aún más angustioso.

Respirar es algo cotidiano que no se valora hasta que no se puede hacer, ¿Como es la sensación de no poder respirar?

Es una sensación rara, a la que no estás habituado, sientes como que te falta algo. Es como cuando te rompes una pierna y te das cuenta que ir en silla de ruedas o con muletas, te impide hacer cosas que por habituales, das por hecho que son normales.... ahí, en esos instantes, es cuando valoras las cosas.

¿Era plenamente consciente de la alarma social que había en torno al virus. y de qué muchas personas fallecieron por no acudir al médico a tiempo...?

Creo que sí.... y digo creo, porque como en muchas cosas en la vida hasta que no te pasan, no eres realmente consciente de la situación.

Felizmente le dieron el alta, ¿fue volver a nacer verse de nuevo en casa?

Efectivamente. Fue como un renacer.... aunque tuve que seguir durante un mes enchufado al oxígeno, es tu casa, tu gente, tu rinconcito.

Aunque en casa siguió convaleciente, cuando estás mal, ¿relativizas mucho el trabajo y todo lo demás?

Yo no diría que no lo relativizas, lo que haces es modificar tus prioridades.... y te das cuenta de lo importante que es la Salud. Teniendo claro que sin trabajo no hay plenitud.

¿Cómo le ha ayudado su fe católica a superar la situación?

Pertenezco a un grupo de matrimonios que mensualmente nos juntamos con un sacerdote, que con muchísima fuerza y paciencia por su parte, nos orienta en el camino de la fe.

Aunque en ningún momento me sentí tan grave como para abandonarme en los brazos de Dios y esperar la muerte...eso sí, todas las mañanas desde que salí del hospital converso con Dios con cierta intimidad y le doy gracias por mantenerme aquí.