Hay esperanza. Sorprende en el agrio momento de la derrota para tantos, encontrar un profesional capaz de endulzarnos con una práctica esperanza de compensación al esfuerzo personal. Sabemos que la criba económica ha obligado al cierre de cientos de miles de empresas. Afanosos sueños laborales quebrados por las consecuencias de estos tiempos difíciles a la vez que trágicos y extraños, cuando además se ha constatado la ineficacia de medidas para paliar la destrucción del tejido empresarial que durante décadas fue primordial para incrementar los datos macroeconómicos con base en el Turismo, hoy perjudicado por las voluntades políticas en detrimento de la pequeña y mediana empresa. En tiempos de coronavirus ser un superviviente de la quiebra generalizada solo está al alcance de cuantos saben adaptarse a las dificultades a pesar del estado general de las cosas, agravado por la incertidumbre de no saber la verdadera intención que se esconde tras las decisiones políticas durante la crisis sanitaria. Depender de las ayudas de un Gobierno sin aparente rumbo, que no sea la destrucción del otrora Estado de bienestar, ha sido la trampa que ha provocado el cierre de ingentes negocios de la restauración. El caos del ERTE provoca estragos en cuantos confiaron en la deficitaria propuesta gubernamental. 
 
Se ha demostrado radicalmente que en tiempos de quiebra solo subsisten cuantos dependen de su calidad profesional para mantener funcional su capacidad productiva. No es un imposible la supervivencia empresarial pero sí harto dificultosa con todo tipo de trabas impuestas por las autoridades. 
 
En esas estamos resignados, ante los embates inevitables del exterminio de la restauración, cuando sorprende conocer a Miguel Manuel Gómez. Está acostumbrado a contrariar los efectos de la crisis como experto conocedor de los factores que influyen en la oferta y la demanda, dando preponderancia a la absoluta satisfacción de sus clientes. Como hostelero es fiel cumplidor de las exigencias de la salud pública a las que añade las suyas propias de pulcritud e higiene. En sus restaurantes Bahía y Bahía II sitos, lindando uno con otro, en la turística Dénia de Alicante, la clientela tiene garantizada la satisfacción con un elenco de platos a cada cual más sabroso. Calidad y cantidad complementan una excelente relación de calidad y precio. El amor por la obra bien hecha inspira, junto al aroma de los platos que se sirven con diligencia. 
 
Recalamos mi mujer y yo en sus restaurantes donde ondea con orgullo la bandera de España, llamándonos la atención una proporción de mesas ocupadas que contrastan con las vacías de los negocios aledaños.  Es  evidente que el dinero se sigue moviendo y acude al llamado de una oferta competitiva. No puedo evitar la curiosidad por interrogarle sobre su éxito porque a sus setenta y cuatro años este restaurador instruido por un exitoso bagaje profesional, bien puede representar a la España productiva de la supervivencia, creador incesante de empleo, al bastión de la excelencia empresarial de lo autónomo en tiempos de coronavirus; la referencia de la innovación ante lo que se ha convertido en un tsunami destructivo de la empresa tradicional con la desaparición de miles de empresarios que no pudieron sobrevivir a los golpes repetitivos del confinamiento. 
 
Y conociendo una referencia de supervivencia cuando el sector naufraga, es obligado hacer un llamamiento a la esperanza de aquel empresario que puede continuar su actividad dependiendo de sí mismo. Igual que se han dado sueños profesionales abatidos por las extenuantes circunstancias del fracaso durante esta tormenta crítica, cabe la superación por la excelencia empresarial, añadir calidad en vez de restarla para sufragar gastos, no perder el norte de la satisfacción del cliente y, sobre todo, apuntalar la honradez al brindar un servicio que el comensal sabrá apreciar regresando donde es bien tratado. 
 
La lonja de Dénia brinda buenos productos pero es conocedor de los mejores caladeros de toda España para traer sus productos en exclusiva. La tortilla de camarones es emblemática para su clientela fija, el cazón de adobo una exquisitez por sabor y textura. No escatima el esfuerzo añadido de proveer lo mejor a sus clientes con productos de Andalucía en plena costa alicantina. 
 
Comprobamos que ejerce liderazgo con sus trabajadores, se siente el aprecio y lo demuestran. Quizá es uno de los secretos convincentes de Miguel Gómez para mantener un espíritu constructivo y contagioso de frenético trabajo. La demanda es incesante y demuestra que no hay que dar por perdido el reto de estos tiempos de desgaste personal y profesional. El drama de la ruina acecha a quien rinde su moral sin probar la readaptación. Bahía y Bahía II son la prueba de que puede darse lo mejor sin mermar el hábito de la calidad, un ejemplo para tomar en cuenta cuando la supervivencia se ha convertido en una prueba de emprendimiento al alcance de quien decida reinventarse por muy duras que sean las pruebas. 
 
Salimos convencidos como clientes y agradados en lo personal por la lección aprendida después de una animada e instructiva charla: en tiempos de crisis taxativa siempre cabe la oportunidad de la superación. Esto, y no lo de otros, sí que es un genuino y veraz "Manual de resistencia".