El delegado de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, ha supervisado, desde la presa número 4 del Manzanares, la primera fase de los trabajos que los servicios de conservación del río realizan contra la mosca negra en colaboración con Madrid Salud. Para ello, aplican tratamientos de fumigación inocuos y biocidas en larvas y ejemplares adultos dirigidos a reducir su presencia. Las mordeduras de este insecto pueden ser dolorosas e incluso requerir atención sanitaria en personas hipersensibles.

El Ayuntamiento de Madrid ha dedicado 41.300 euros a esta campaña destinada a que la población de este insecto esté supervisada y controlada. Tras un diagnóstico previo, se definieron las zonas de mayor presencia o densidad de larvas para aplicar un biocida cuyo principio activo es la bacteria Bacillus thuringiensis subespecie israelensis. Las dosis se determinan en función del caudal del río en cada tramo y se aplican durante diez minutos, tiempo efectivo para que las larvas filtren el producto. 

La campaña contempla hasta cuatro aplicaciones de los larvicidas, fundamentalmente mediante fumigación, en el área de influencia de cinco puntos: azud de El Pardo, playa de Madrid, puente de los Franceses, presa 9 y Novosur. Esta mañana se ha realizado una aplicación aguas abajo del área de influencia del puente de los Franceses. Pasadas un par de semanas se revisarán los resultados mediante monitorización por parte de técnicos de Madrid Salud y se aplicará este tratamiento cuantas veces sean necesarias. Estas variables se ajustan al plan de actuaciones del Servicio de Control de Plagas y Vectores de Madrid Salud.

Fue en 2017 y 2018 cuando se detectó la presencia de mosca negra en determinados tramos del río naturalizado, relacionándose con la mejora de la calidad del agua y nuevos hábitats tras generarse islas y vegetación. En zonas como Villaverde o Usera, donde el río circula libremente, se detectaron las primeras larvas.

El mayor problema, las picaduras

Las picaduras que se han registrado suelen darse sobre todo en operarios que faenan cerca del río o personas que pasean o realizan actividades junto al cauce. En Madrid, el mayor problema es la picadura de las hembras de la mosca negra, que necesitan sangre para madurar los huevos. Su mordedura con mandíbulas aserradas genera una pequeña herida en la que inoculan saliva, que es la causa de que en determinadas personas se produzca una inflamación o alergia acompañadas de fuerte picor, edema y dolor local.

Los ejemplares adultos de esta mosca son gregarios, formando enjambres, y diurnos, con mayor actividad al amanecer y al atardecer. Tienen gran capacidad de vuelo, hasta 50 kilómetros, lo que explicaría la aparición de la mosca en el entorno del río proveniente de otras zonas de humedales. Si el clima es frío se retrasa la aparición de los adultos, siendo las primeras generaciones de primavera más grandes de tamaño. Las altas temperaturas acortan la duración de su vida.

Los primeros casos

Los problemas de la mosca negra en España aparecieron en 2011 en la cuenca del Ebro. En la Comunidad de Madrid se produjeron episodios de relevancia a partir de 2013 en varios municipios situados junto a las cuencas de los ríos Jarama y Tajuña, además del Henares y el Manzanares.

Existe un grupo de trabajo en el que participan municipios implicados, Madrid Salud, Comunidad de Madrid, Parque Regional y la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM).