Paulatino retorno a los antros de sumisión, estupidización y adoctrinamiento: aulas. Cuando deshiele, el panorama deviene truculento. Padres, cual Cronos, sacrificando a sus hijos y nietos. Ver para creer. La covidiotez que padece la inmensíma mayoría de la población alcanza instantes arrebatadora e incuestionablemente criminales. Tanta paranoia ante un inexistente virus y tanto pánico a enfermar y la única manera de que vuestros hijos y nietos enfermen será precisamente ésta.

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Estáis enfermando y deshumanizando a vuestros hijos

Padres, abuelos, estáis matando a vuestros hijos. Los están enfermando y deshumanizando (infames bozales, ilegítimas tomas de temperaturas tóxicos geles, absurdas distancias...) y lo estáis aceptando sin rechistar. Sois malos padres y abuelos. Os los vais a cargar y lo sabéis. Vuestra extrema docilidad, obedeciendo a un hatajo de dementes que solo ansía traernos ruina y muerte, tiene dudoso perdón.

Vuestros hijos y nietos van a acabar siendo, además de tan sumisos como vosotros, una lastimosa caterva de hipocondriacos y cagados. Ellos mismos solicitando una tóxica mordaza que le va a ocasionar un irreversible deterioro neurológico. Viendo a sus compis de clase como "enemigos", como probables portadores del presunto bichito-19. Niños que devienen autómatas. Robotizados, vamos. Sin abrazos, como Dios manda, al abuelo. Sin sonrisas ni risas, carcajadas idas, sin emociones, sin demostrar de forma palmaria que te quieren y que les quieres. Les estáis deshumanizando sin remedio.

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Estáis enloqueciendo e idiotizando a vuestros hijos

Vuestros hijos y nietos van a acabar como las maracas de Machín. Zumbados perdidos. Cuadros de ansiedad, tristeza profunda, arraigada depresión. Y no olvides, padre y abuelo, que dicha ansiedad es, en parte, una respuesta psicológica a la ausencia prolongada de razonable oxigenación provocada por el puto bozal.

Dándose, de paso, una gravísima alteración de toda el área del hipocampo cerebral, responsable de todo el aspecto emocional. Y todo ello se prolongará el resto de su vida. Tu hijo no es un perro. De hecho yo no consiento que rocen uno solo de sus prodigiosas y rizosas lanas de mi perra. Imagínate que fuese sangre de mi sangre.

Vuestros hijos y nietos acabarán siendo más tontos que el retrovisor de una bicicleta estática. Hondísimo deterioro neurológico, graves daños cerebrales, ralentización neuronal, sus capacidades de aprendizaje, retención, memoria, hechas trizas. Y lo más doloroso de todo, acabar "normalizando" lo anormal. Naturalizar tamaño horror. Tu crío acabará estableciendo, inducido en parte por ti, un falso vínculo entre el "bienestar" y la "seguridad". Y ten cuidado, no te salga un Pável Trofímovich Morózov, el niñato que delató a su padre y se convirtió en insigne héroe de la antigua URSS.

Profesores, covidiotas, cagados y psicópatas

Vuestros hijos y nietos, en manos de auténticos psicópatas, te lo advierto. Soy (fui) profesor. Y algo me suena el asunto. El hecho de negarme a llevar un solo segundo un trapo en la boca me condujo al paro. Perfecto. Siempre es preferible la ruina a arrastrar la repugnante vergüenza de no saber ni quién eres. O de no poder mirarte al espejo. O de no poder dormir en paz. Punto.

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La mitad de los profesores, se ponen el bozal para no perder el empleo. La otra mitad, covidiota perdido. Y una gran parte, "profesores" congelaniños. No me imagino conversaciones más asquerosas, incluso si Stalin hubiese tenido Twitter. Se llegan a reír del hecho de que sus secuestrados de siete tacos lloren de frío. Y tal gentuza está "formando" a las nuevas generaciones.

Menos Twitter o Parler y más huevos y ovarios

Como les he dicho en tantas ocasiones, desescolarizar. Y un poco de honor, coño. ¿No fue nuestra amada patria tierra de numantinos, lusitanos, saguntinos? No lo parece, pero eso dicen. No hay otra. A ver gente, ¿y si en vez de irse a Gab o a la chapada Parler, nos vamos a dar un voltio al Congreso, nuestro ilegítimo Capitolio? Menos "rollo" tuitero. Más seriedad, joder. Y no olviden la gloriosa cita del sábado 23 de la que les iré hablando. En fin.