Mucho ha pasado desde que un infortunado día los gobiernos de todo el mundo impusieron una cuarentena que cambió nuestras vidas para siempre. Las oficinas se vaciaron y las salas de videollamadas se llenaron… así, cada aspecto de nuestras rutinas cambió y a pesar de que en algún momento todas estas medidas sean superadas, lo mismo que la enfermedad, es mi humilde opinión que nada volverá a ser lo mismo.

 

Y es que si un día nos quitan la electricidad no volveríamos a ser hombres de caverna, porque el solo hecho de ya haber conocido esta vida nos impulsa a encontrar alternativas que nos sirvan para tratar de solucionar esos problemas. Lo mismo sucede con la pandemia, ya nos dimos cuenta de muchas cosas, que no necesitamos ir a una oficina para trabajar, que no necesitamos cargar dinero para pagar, que no necesitamos ir a un restaurante para tener una linda velada.

 

Por eso afirmo que la gastronomía, aquel negocio de tradición, servicio y humanidad, nunca volverá a ser el mismo después de lo vivido. Seguro habrán muchísimos restaurantes que podrás visitar  para compartir con tus amigos o seres queridos. Este artículo no va en contra de eso, pero es innegable para todos nosotros que, desde la pandemia, el delivery se transformó en otra cosa.

 

De las cenizas de los restaurantes quebrados empezaron a surgir proyectos de gastronomía diferentes, aquellos que impusieron una forma más actual de trabajo para un modelo de negocio que se quedaba atrás, casi en el olvido. De ahí nacieron las nuevas ideas, los nuevos restaurantes que vinieron cargados de innovación, que no le tuvieron miedo al cambio y que hoy en día son los que marcan la pauta, no a nivel de gastronomía, si no a nivel empresarial.

 

Nacieron, primero, las marcas virtuales. Aquellos proyectos que por primera vez en la historia no tenían una intención de venderle a un consumidor que se sentara en la mesa, de hecho, nadie los podría encontrar en un espacio físico. Y cualquiera pensaría, ¿de qué me sirve eso? Pues fue la primera de las sutiles diferencias que cambiarían radicalmente la gastronomía.

 

Una vez que existían estas marcas había que crear toda una estructura, igualmente innovadora, que la mantuviera, como las Dark Kitchens (o Gost Kitchen, una suerte de espacios co working de cocinas especialmente creados para restaurantes). Luego una infinidad de cosas se sumaron, muchos vieron una gran oportunidad y quisieron agregar más tecnología, por ejemplo el uso robots automatizados que sirven como repartidores y que sustituyen poco a poco las formas de delivery tradicionales. El siglo XXI finalmente ha llegado a la gastronomía.

 

No todo cambio es fácil, no cualquiera está dispuesto. Por eso caen restaurantes como moscas a nivel mundial, pero a lo largo de la historia, hemos aprendido que todo gran cambio trae muchos beneficios para los que saben adaptarse, y desgracias para los que no. Si tienes un restaurante favorito y ves que no está pasando por buen momento, apóyalo. Lo mejor que podemos hacer por los que pasan por un mal momento es comprarles, así de fácil, pero también puedes compartir una foto comiendo sus platillos, dando una buena reseña, regalando alguna que otra estrella.

 

Más allá de eso, la evolución es inevitable. De nada nos sirve quejarnos de las Apps de delivery y sus infladas comisiones, o tampoco de la poca disponibilidad de fuerza laboral. La gloria es de aquellos que luchan por encontrar la alternativa y la vuelven su hogar. Hasta que llegue el próximo cambio, rete nuestros estamentos de nuevo, y tengamos que volver a reinventarnos.