Al respecto de la situación actual provocada por la pandemia, el presidente de la SEGG señala en esta entrevista que “todas las residencias de nuestro país deberían tener en estos momentos planes de contingencia para la gestión de los brotes”.

Pregunta.- Como usted dijo recientemente: “El coronavirus obliga a geriatras y gerontólogos a ponerse en primera línea de batalla”. ¿Estamos ganando esta guerra? ¿Cree que estamos en España preparados para plantar cara a esta segunda ola de Covid-19?

Respuesta.- Aún nos queda mucho por mejorar, aunque hemos avanzado respecto a la primera onda epidémica. En estos momentos ya hemos aprendido todos a identificar al virus (que en muchos casos es asintomático) a través de test diagnósticos (PCR y también test rápidos antigénicos). Ahora también disponemos de equipos de protección individual (EPIs) para proteger a nuestros profesionales y, en muchas comunidades autónomas, la implicación de los servicios de salud se ha incrementado de forma muy importante. Pero aún debemos insistir en la formación de todos los profesionales de las residencias en el correcto uso de las protecciones y la sectorización de los edificios. En muchas comunidades autónomas aún no tenemos el suficiente apoyo de los servicios de salud. Y en todas las comunidades estamos fallando en incrementar el ratio de profesionales de las residencias para hacer frente a nuevos rebrotes. Hay que incrementar la financiación porque luchar contra la Covid supone incrementar los ratios de personal. También necesitamos mejorar los programas de actividad física, terapia ocupacional y cognitiva y recreativa cuando se produce el cierre total o parcial de las residencias por la existencia de mayor riesgo de infección.

P.- El sector de la atención a las personas mayores está atravesando momentos muy duros. ¿Cuál es el posicionamiento de la SEGG al respecto de la situación a la que han tenido que enfrentarse las residencias en nuestro país?

R.- La SEGG está claramente a favor de mejorar el sector de atención a la dependencia de nuestro país, que ha sufrido una discriminación histórica por parte de todas las Administraciones en los últimos años, tanto de las residencias como de otras formas de atención como los servicios de atención domiciliaria o los centros de día. Respecto a las residencias necesitamos de forma clara incrementar los ratios de personal, mejorar su coordinación con los servicios sanitarios, planificar su ubicación y cartera de servicios de forma integrada con los servicios de salud, dotarlas de mayor transparencia y hacer que los usuarios y sus familias participen de forma activa en su día a día. Y ponerlas en primera línea de las prioridades sociales de nuestro país. Hemos vivido una terrible tragedia humana que no se debería volver a repetir nunca más.

P.- ¿Cuáles son las recomendaciones de la sociedad científica para que las residencias no vuelvan a ser escenario de tantos fallecimientos?

R.- Por supuesto que se puede evitar que ocurra de nuevo lo que hemos vivido. Todas las residencias de nuestro país deberían tener en estos momentos planes de contingencia que contemplen varios aspectos clave en la gestión de nuevos brotes: cómo sectorizarán el edificio (si es que se puede), garantía de que se ha formado adecuadamente a los profesionales que trabajan en ellas, quién dará la atención médica que precisan y cuáles son los circuitos de activación, a dónde derivar a los residentes que necesiten atención hospitalaria, cómo incrementar los profesionales y garantizar que no faltarán (si es necesario incrementando el salario) y de qué manera incrementarán, durante el cierre, los programas de actividad física y la comunicación con las familias. Estos planes ya deberían estar en manos de las autoridades sanitarias y sociales y ser transparentes y accesibles a las familias y residentes.

P.- Se habla, ahora, de la necesidad de implantar un nuevo modelo de atención residencial pero, ¿significa eso que, de haber existido otro modelo, podría haberse reducido el impacto que el virus tuvo sobre las personas mayores que vivían en estos centros?

R.- Hay que hacer un nuevo modelo, pero yo creo que esta primera onda epidémica nos hubiese afectado por igual porque no conocíamos al virus. Ahora hemos aprendido que es muy traicionero en sus manifestaciones clínicas y en su evolución y estamos mejor preparados. Hay países como Noruega o Suecia que tienen un modelo de atención residencial muy diferente al nuestro (basado en pequeñas unidades de convivencia para implantar el modelo de atención centrada en la persona) que han sufrido una mortalidad muy similar a la que hemos sufrido en España. La primera ola ha sido terrible porque no conocíamos al virus y las residencias facilitaban su expansión al ser centros donde se promueve la convivencia y dónde viven personas muy vulnerables.

P.- Si tuviésemos que hablar de un modelo ideal, ¿cuál sería?

R.- El modelo ideal de atención a personas con dependencia no debería incluir residencias de mayores. Pero sabemos que esto no es realista y siempre serán necesarias. Lo que quiero decir es que a las personas con dependencia hay que intentar tratarlas el máximo tiempo posible en su domicilio y, antes de pasar a una residencia, en centros de día, viviendas compartidas, viviendas con servicios, etcétera. Solo cuando no hay más remedio se debería considerar las residencias de mayores. Esto está en consonancia con lo que dicen las personas ingresadas en residencias, que solo están de acuerdo con continuar allí entre el 1y el 4% (estas son las cifras que ofrecen los estudios publicados) y la gran mayoría quiere vivir en su domicilio. Las residencias del futuro serán más pequeñas, con unidades de convivencia reducidas, con habitaciones individuales con aireación personalizada, con materiales donde el virus viva poco tiempo y preparadas para visitas de familiares seguras y para telemedicina. Nadie querrá ser ingresado en residencias enormes con habitaciones dobles como las que existen ahora. Igual que nadie quiere viajar en cruceros.

P.- ¿En qué medida cree que el coronavirus ha interferido en la calidad de vida de los senior, ya no solo en el plano de la salud, sino también social, afectivo, etcétera?

R.- Ha influido de forma decisiva. Estamos viendo en las consultas de Geriatría que las personas mayores que han sufrido confinamiento domiciliario o en residencias de mayores tienen mayor prevalencia de síndromes geriátricos (como caídas, malnutrición, inmovilidad, incontinencia), se han descompensado claramente sus enfermedades crónicas, han sufrido mayor incidencia de depresión y ansiedad. En los pacientes con demencia se ha incrementado el insomnio y los trastornos del comportamiento. Y en los cuidadores se ha incrementado la carga del cuidado llegando en muchos casos a situaciones de estrés y depresión. El coronavirus ha sido y está siendo una catástrofe para la calidad de vida de nuestros mayores. Por eso, es necesario hacer políticas activas para disminuir estos efectos secundarios.

P.- Recapitulando, ¿cuáles son los instrumentos que se deben poner en marcha en nuestro país para que no lamentemos un otoño de contagios y fallecimientos?

R.- Hay que disponer de planes de contingencia reales y auditados por las autoridades sanitarias y sociales en cada residencia. Estos planes de contingencia deben incluir: garantía de disponibilidad de test y EPIs, suficientes profesionales y bien formados, circuitos de sectorización validados por especialistas de salud pública, garantía de atención sanitaria en la residencia por los servicios de salud y circuitos claros de derivación a hospitales si es necesario. Y se deben hacer públicos estos planes para la tranquilidad de los residentes y de sus familias.

P.- Por otro lado, este mes celebrarán el congreso de la SEGG, un encuentro que se hará por primera vez, de forma virtual y que, evidentemente, estará marcado por esta pandemia. ¿Cuál será su eje central?

R.- El eje central es que, desde la geriatría y la gerontología, tenemos que hacer frente a una complejidad nueva que viene marcada por cómo hacer frente a las necesidades de las personas mayores conviviendo con una situación epidemiológica y clínicamente complicada y económicamente muy negativa. Abordaremos las últimas actualizaciones en el tratamiento del coronavirus y va dirigido a todos los geriatras y gerontólogos de España y de Latinoamérica. El formato virtual nos permite llegar a muchos países de habla hispana.

P.- ¿Qué otros temas se tratarán, y que por tanto no deberíamos olvidar en el sector de atención a los mayores, al margen del coronavirus?

R.- Trataremos de actualizar los conocimientos en temas muy frecuentes en geriatría como problemas de nutrición, dolor, rehabilitación, ejercicio físico, demencia y trastornos cognitivos, atención en residencias de mayores, etcétera. Y también des del ámbito de la gerontología, como estrés de nuestros profesionales, relación, soledad, efectos del confinamiento y aislamiento, derechos de los mayores, etcétera.